Para la reina del caos Ale todo podría parecer un juego, y en parte así lo llega a interpretar, y entre todas esas cosas está en mostrar sus habilidades frente a muchas personas. Si bien estaba consiente de que ningún amigo estaba preparado para ver una mano asomando por la ventana mientras la dueña seguía en la cocina buscando la tostadora o algo peor, ese día, sin embargo, decidió que iba a “hacer las cosas con calma”, aunque nada de eso tenía algo que ver con provocar el caos como le gustaba hacer de vez en cuando.
Ale llevaba toda la mañana moviéndose de un lado a otro como si fuera un resorte con cafeína. Se repetía una y otra vez que primero la orden y después el demostramiento, mientras una de sus manos alcanzaba la repisa y la otra doblaba una toalla a tres metros de distancia. ‟Todo está bajo control” ...fue lo que ella se dijo cuando notó que uno de sus brazos se asomaba por la cortina de una de las ventanas.
El reloj marcaba las diez y media. Y eso significaba que aún había tiempo para lo que tenía en mente. Solo debía recordarse que debe mantenerse estirada y elegante, esto último era lo más importante.
“Tranquila, Ale, tú puedes” se dijo cuando oyó que estaban tocando la puerta. Se había armado de valor antes de abrirla, y cuando abrió se quedó quieta pero no se sorprendió tanto, conocía a esas personas. Frente a ella estaban Nia, Sofi, Max y Leo, unos amigos suyos, y todos sonriendo con aire sospechoso. Sofi sostenía una libreta gruesa, llena de notas y una grabadora pequeña y Nia no dejaba de exclamar que estaban para una entrevista sorpresa.
—¡Entrevista sorpresa! —anunciaba todavía Nia levantando el brazo.
—¿E... E-Entrevista…? —repitió Ale, aún recuperándose de la leve impresión.
—Así es —dijo Sofi con una sonrisa casi profesional— Después de que te hayamos conocido, decidimos hacer una pequeña crónica, para el boletín del grupo.
—¿Dese cuando tenemos boletín? —preguntó Leo.
—Desde hoy —respondió Nia sin dudar.
Ale estuvo parpadeando unas cuantas veces al intentar recordar esa vez en la que, por accidente reveló su elasticidad frente a ellos. Fue una vez en la que intentó alcanzar una galleta en lo alto del refrigerador en casa de Sofi. Y, bueno... su brazo llegó más lejos de lo normal. Se había asustado, claro. Pensó que estaba soñando o que había estirado el refri.
Regresó de su trance y casi de inmediato dejó pasar a sus amigos cuando vio la emoción en sus caras. De algún modo se sentía tranquila con seguirles el juego.
Max fue el primero en entrar a su casa, mirando a su alrededor con curiosidad mientras decía al mismo tiempo que la casa parecía una pista de entrenamiento improvisada. Ale solo se limitó a decir, encogida de hombros, que no tenía la culpa de que el techo sea tan elástico como ella mientras tomaba asiento en la sala.
Sofi se sentó frente a ella, con libreta en mano.
—Primera pregunta —comenzó con tono alegre y a la vez serio— ¿qué sentiste al mostrar tu elasticidad frente a todos?
Ale se acomodó en el sillón, pensativa pero con naturalidad.
—Hmm... Al principio me ganó la vergüenza y después, fue alivio. Ya no tenía por qué esconderlo; después de todo, con ustedes las cosas siempre terminan siendo divertidas, incluida las veces en las que me convierto en un espagueti humano.
Los cuatro rieron. En algo tenía razón Ale con lo que dijo. Max levantó la mano para hablarle a Sofi.
—Anótalo, Sofi: ‟espagueti humano”, posible apodo artístico para una chica de su talla.
—No —respondió Ale con una mirada seria.
—Está bien, está bien, descartado —dijo Sofi, escribiendo igual.
Leo se inclinó hacia adelante.
—Deberías estar orgullosa. Lo que pasó ese día fue increíble.
—Gracias —dijo Ale bajando la vista— Pero fue gracias a todos ustedes.
Hubo un pequeño silencio hasta que Nia aplaudió una vez.
—Perfecto, cierre inspirador para esta primera pregunta. Sofi, anótalo.
Sofi levantó la vista.
—Ya lo hice.
Ale suspiró entre risas.
—¿Van a publicar esto en serio?
—Claro —respondió Nia— ¡Y haremos una segunda parte si hoy pasa algo inusual o divertido!
Leo y Ale intercambiaron una mirada cómplice.
—Oh, no... —dijo él— Eso suena a que algo va a pasar.
—Definitivamente —añadió Ale.
Y así, sin planearlo, el grupo se quedó toda la mañana conversando como el buen grupo de amigos que eran, improvisando ideas para algunos entrenamientos y riendo de los accidentes de los días anteriores. La entrevista se volvió más una charla entre amigos, y el ‟boletín” terminó siendo un cuaderno lleno de garabatos y frases ridículas.
Ale se había levantado de su asiento para, según ella, verse mejor frente a sus amigos. Los cuatro estaban más que de acuerdo. Ella seguía conversando y a la vez contoneándose con una energía desbordante, los brazos balanceándose más de lo necesario y la coronita moviéndose de un lado a otro pero sin alejarse de la cabeza de su portadora.
—¿Saben? —dijo ella con tono optimista— Cuando domine por completo mi elasticidad, podré usarla para cualquier cosa. Imagínenlo: alcanzar cosas en los estantes más altos, colgar la ropa sin moverme, limpiar el techo sin escalera... ¡seré la persona más eficiente del planeta!
Leo sonrió con una mezcla de ternura y preocupación
—Claro, claro. Y también podrás apagar la televisión desde el otro cuarto sin levantarte o agarrar el control.
—¡Exacto! —respondió Sofi, sin captar el sarcasmo para después ver a Ale— Todo será cuestión de práctica.
Max miró de reojo a Sofi mientras revisaba su libreta.
—Práctica, o quizás entrenamiento militar... porque hay que ser realistas... si cada sesión termina como lo estuvimos escuchando mientras llegábamos, el techo de la casa va a pedir vacaciones.
Ale bufó, pero sin dejar de sonreír.
—Exageras. Solo me falta un poco de coordinación y—
De pronto su brazo se estiró sin querer hasta llegar al borde de una ventana lejana, golpeando un florero que quedó vibrando peligrosamente.
Ella se encogió de hombros.
—...y tal vez autocontrol.
Nia suspiró con una media sonrisa.
—Eso es lo que nos preocupa, Ale. Dices que ‟vas a dominarlo” como si fuera un curso de cocina o manualidades.
—Bueno, todo poder necesita práctica, ¿no? —dijo ella, confiada— Y tengo disciplina.
Leo arqueó una ceja.
—¿Disciplina? ¿Tú? ¿La misma persona que estuvo haciendo tanto ruido en su casa?
—¡Eso fue parte del entrenamiento! —protestó, agitando los brazos con orgullo.
Sus amigos se volvieron a reír. Nia fue la primera en hablar.
—Está bien, está bien. Solo no intentes estirarte para abrir la puerta desde aquí.
Ale miró al frente, pensándolo seriamente.
—...No lo había considerado en todo este tiempo, pero ahora que lo dices—
—¡No! —interrumpieron todos de inmediato.
Ale soltó una risita, mirando a otra ventana.
—De acuerdo. Pero cuando sea una profesional, me lo van a agradecer.
Max la observó en silencio un momento. Pensó en decir algo cínico, pero en su lugar sonrió.
—Si lo logras, nosotros te construiremos una pista elástica personalizada. Algo corta y con pocos obstáculos, posiblemente, pero te lo construiremos.
Leo y Sofi tomaron nota de todo lo que había dicho Ale. Se decían entre los dos que la visita estaba siendo más entretenida de lo que esperaban. Leo estaba por decir algo, pero antes de fijar su mirada en Ale, nota que ella estaba sacando algo de un mueble cercano con entusiasmo para luego ver a sus amigos.
―Esto me va a ayudar con los siguientes entrenamientos, lo tenía guardado justo para esta ocasión... y quiero que lo vean. ―dijo antes de meterse a un cuarto con la intención de cambiarse. Ellos solo se quedaron observando la puerta pensando en que era lo que traía ella para la ocasión, aunque sabían que en unos momentos lo verían con sus propios ojos.
Ale sale del vestidor con una energía distinta, lista para empezar. El traje que eligió era de una sola pieza, de tono negro con líneas naranjas en las medias y una tanga de hilo que dejaba ver mucho de su cintura, resaltando su figura atlética y su elasticidad natural. Dicha figura hacía resaltar bastante su figura tan atractiva tipo reloj de arena; era demasiado visible su cintura angosta, caderas anchas, un abdomen suave y delgado con un diminuto y delgado ombligo, y un par de muslos gruesos. Eso también era visible con su par de pechos, los cuales se movían libremente con el traje que llevaba, eran de un tamaño considerablemente grande y con eso desviaba la mirada de sus amigos a esa dirección, aunque también el abdomen hacía lo mismo.
Ese traje tenía un diseño funcional, hecho para soportar estiramientos y movimientos extremos, aunque ella todavía se movía con cierta torpeza y nerviosismo, ajustando las mangas o los hilos de la tanga.
Tanto Max y Leo como Nia y Sofi se la quedaron observando de reojo. Había algo curioso en ella: esa mezcla de torpeza, una figura tan llamativa, su elasticidad, su entusiasmo y fe inquebrantable en que podía mejorar. Era imposible no sonreír ante eso. Max no dudó en meter un dedo en el ombligo visible de Ale.
Ale notó la mirada de sus amigos.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me ven así? —preguntó, ladeando la cabeza.
—Nada —respondió Leo con una sonrisa tranquila— Solo pensaba que eres... una amiga especial. Digo, no todos los días conoces a alguien que pueda doblarse como una liga y aun así seguir tan optimista.
Ella se rió, cubriéndose la cara con una mano, la cual se veían demasiado bien con el traje que se había ajustado a sus brazos para dar una sensación de estar pegada al cuerpo. La entrevista continuaba, y el entusiasmo de todos era tan grande que Sofi ya había llenado tres páginas de su libreta con solo verla en su nuevo traje.
—Muy bien —dijo Nia, cruzando las piernas con aire de presentadora de programa de chismes matutino— siguiente pregunta: ¡tu traje nuevo! Cuéntanos, Ale, ¿qué opinas de él?
Ale miró hacia abajo, estirando un brazo para mostrar un poco la elasticidad de su traje mientras mostraba un pequeño sonrojo: el traje de se ajustaba perfectamente a su cuerpo con cada movimiento, se estiraba junto con ella.
—Bueno... —empezó, algo nerviosa— mientras me lo ponía pensé que era un poco apretado, y sí, es algo revelador.
Max ya tenía la mirada perdida en otra dirección, fingiendo mirar una lámpara. Sofi carraspeó para no reírse.
Ale siguió, tratando de sonar más tranquila:
—Pero creo que podré acostumbrarme si lo uso más seguido. Es cómodo cuando me estiro y no se rompe, así que supongo que es una ventaja.
Mientras decía eso, estiró distraídamente un brazo hacia el techo para ilustrar su punto, y todos la miraron con una mezcla de sorpresa y admiración.
—Creo que debería practicar un poco con esto.
—Deberías hacerlo, necesitas mejorar con tus estiramientos —afirmó Leo que revisaba la libreta de Sofi— o más bien deberías mejorar en todo lo que tienes para estirar.
—Podré con eso y más, el traje me va a ayudar con estirarme y otras cosas más —le decía Ale mientras estiraba levemente el otro brazo para luego regresar ambos a su estado normal.
—¿Y funciona? —decía Sofi mientras la analizaba de pies a cabeza, queriendo ver si podía hacer algo más que solo estirarse con ese traje
—Claro que funciona —dijo Ale, inflando el pecho, dejando ver parcialmente estos al haber alzado un poco la parte superior de su traje y queda un poco avergonzada por eso— Bueno, a veces demasiado.
Tanto las chicas como los chicos se quedaron mirando lo sucedido, Nia y Sofi se reían mientras que Max y Leo se miraron por unos segundos queriendo esconder el pequeño rubor que les generó el momento. Ale aún no se acostumbraba a que la gente la estuviera viendo con ese traje por lo revelador que era, pero ellos les daban ánimos de seguir. Nia se ofreció romper el hielo.
—¡Eso fue épico! —dijo Nia aplaudiendo— ¡Deberías hacer eso cuando presentes algo!
—¿Qué cosa? ¿Estirarme sin querer, o expandir un poco mi cuerpo? —preguntó Ale con una sonrisa casi nerviosa.
—¡Exacto! ¡ambos! marca registrada —añadió Nia con tono teatral.
Leo, que la observaba desde el sillón, sonrió de forma genuina.
—Te ves bien, Ale. Se nota que el traje te da confianza, incluso si te cuesta admitirlo.
Eso la sonrojó un poco, y al intentar encogerse de hombros, su brazo todavía extendido rebotó contra la pared y se estiró más.
—Ups... —dijo con voz pequeña, mientras el grupo soltaba una carcajada.
Max, sin contenerse, comentó:
—Bueno, si no te acostumbras, al menos ya puedes alcanzar el techo sin escalera.
Todos rieron de nuevo, incluso Ale, que ya no sabía si sentirse avergonzada u orgullosa.
Sofi, que aún escribía sin parar, levantó la vista y dijo:
—Voy a anotar esto como “declaración de moda flexible”
—¿Eh? —preguntó Ale.
—Sí, para cuando lancemos tu línea de trajes elásticos... si es que llegamos a aceptar nuestra idea en primer lugar —respondió Nia con total seriedad— “Ale, la heroína de la elasticidad”
—¡No, no, no no, ni de chiste! —rió Ale cubriéndose el rostro.
Leo intervino, con su tono tranquilo habitual:
—Yo digo que si algo estamos aprendiendo es que puedes con todo, incluso con ese traje.
—Eso suena alentador y extraño al mismo tiempo, pero te lo agradezco, amigo —respondió Ale, riendo también.
El ambiente se llenó de risas, bromas y uno que otro estirón accidental de Ale que hacía que Sofi soltara un “¡espera, tengo que anotar eso!” entre carcajadas.
Sofi pasó una nueva hoja en su libreta.
—Muy bien, Ale, siguiente pregunta —dijo con aire profesional— ¿qué es lo que más te gusta de tener esa habilidad?
Ale pensó un momento, moviendo un dedo que se estiraba sin darse cuenta.
—Pues supongo que me gusta poder alcanzar cosas sin tener que levantarme. Aunque a veces me paso un poco y termino tocando cosas que no quería tocar...
Nia soltó una risita.
—Sí, eso suena muy... práctico —dijo con una ceja levantada.
Leo la miró de reojo.
—Nia, por favor no empieces.
—¿Qué? Yo sólo digo que tener tanto alcance es una ventaja —respondió, sonriendo con picardía.
Max, que había estado mirando distraído, añadió:
—Y también te da más “flexibilidad”, ¿no?
Ale lo miró confundida.
—Bueno, sí, eso también.
Sofi, anotando sin levantar la vista, murmuró:
—Literal y figuradamente.
Leo se tapó la cara con una mano.
—Sofi no ayudes.
La conversación siguió, entre preguntas y comentarios que parecían cada vez más una comedia accidental.
—¿Y no te da miedo quedarte estirada por accidente? —preguntó Max.
—Antes sí —respondió Ale— pero ya aprendí a volver a mi forma normal. Aunque una vez me enredé tanto que casi necesito la ayuda de ustedes para desenrollarme.
—Oh, eso explica por qué Leo siempre está disponible —dijo Nia con un tono travieso.
Leo tosió nerviosamente.
—¡No es por eso! Solo estaba ahí cuando pasó.
—Ajá, “casualmente” —dijo Sofi, haciendo comillas en el aire sin despegar la mirada de su libreta.
—¡Era un accidente! —insistió Leo.
Ale se reía tanto que apenas podía hablar.
—No sean malos con él, aunque... bueno, sí me salvó más de una vez.
Nia sonrió, cruzando los brazos.
—Vaya, entonces además de elástico, esto suena muy romántico.
Ale se puso roja de inmediato.
—¡No lo es! ¡Solo fue ayuda técnica!
Max levantó una ceja.
—Técnica... ¿eh?
—¡Max! —gritaron los tres al mismo tiempo.
El silencio duró apenas dos segundos antes de que todos estallaran en carcajadas. Sofi, entre risas, escribió: “Conclusión: la elasticidad puede estirarse, pero la paciencia de Leo, no.”
—¡Borra eso Sofi! —dijo Leo, riendo a pesar de sí mismo.
—Demasiado tarde —respondió Sofi— ya está documentado para la posteridad.
La entrevista terminó con un ambiente entre risas, ocurrencias y esa sensación de amistad caótica que los caracterizaba. Ale, aún sonrojada, suspiró.
—No sé si esto fue una entrevista o una comedia improvisada.
—¿Y no pueden ser las dos? —replicó Nia guiñándole un ojo.
Leo, mirando a Ale mientras se mueve de un lado a otro, deja escapar un comentario sin pensarlo demasiado:
—Oye, no me había dado cuenta de que el físico de Ale se viera tan bien. Digo, ese traje... te queda bien, y los colores te favorecen mucho.
Apenas termina de hablar, se hace un pequeño silencio. Nia lo mira con una ceja levantada y Sofi intenta contener la risa, mientras Max suelta un leve “chido” disimulado.
Ale, con las mejillas ligeramente sonrojadas, lo mira con una mezcla entre sorpresa y diversión.
—¿Ah sí? No sabía que estabas tan atento a los detalles, Leo, —responde con una sonrisa algo nerviosa pero divertida.
Leo se da cuenta del tono y se lleva una mano a la nuca, incómodo pero riéndose también—¡No, no! O sea, me refiero a... al diseño. ¡Al diseño del traje! hiciste un buen trabajo con los colores, eso.
Nia no aguanta y comenta con una sonrisa burlona:
—Ajá, claro, al diseño. Seguro.
Todos ríen, incluso Ale, que termina relajándose mientras dice en tono amistoso:
—Bueno, al menos sé que el traje tiene aprobación general.
La tensión se disuelve entre bromas, y Sofi, intentando rescatar la seriedad del momento, dice:
—Entonces puedo asumir que la estética funciona, aunque la próxima vez tal vez debas elegir algo menos revelador Ale.
Ale ríe otra vez, hace un leve movimiento con sus caderas que termina distrayendo a sus amigos:
—No, déjalo así. Ya me estoy acostumbrando a esta versión de mí.
Leo estaba observando la libreta de Sofi en la mano, pero sus ojos ya no estaban en ella. Los tenía puestos en Ale.
Ella notó la mirada y arqueó una ceja, sin entender al principio.
—¿Pasa algo? —preguntó con una ligera sonrisa, cruzando los brazos.
Leo tardó en responder, como si se lo pensara dos veces. Luego, soltó con voz calmada pero sincera:
—Ellos tenían razón... —hizo una breve pausa— El traje te queda bastante bien. Especialmente para el momento.
Ale se sonrojó un poco, intentando mantener la compostura.
—¿Para el momento? —repitió con un tono juguetón, queriendo disimular su nerviosismo.
Leo asintió, sonriendo de lado.
—Sí, no sé... es como si todo esto —dijo señalando sus atributos, la casa, el ambiente tranquilo— te perteneciera. Como si ese fuera tu escenario.
Ella bajó la mirada, mordiéndose el labio por un instante antes de reír suavemente.
—Vas a hacer que me lo crea de verdad.
—Deberías —respondió Nia con naturalidad— Ya no es solo una habilidad o un traje. Es tu forma de ser.
Por un momento, nadie de los cinco habló. Solo se quedaron ahí, mirándose en silencio mientras la luz del atardecer los envolvía.
Ale terminó rompiendo el momento con una broma ligera:
—Entonces... ¿eso significa que les gustó el traje?
Leo carraspeó, intentando ocultar una leve sonrisa nerviosa.
—Digamos que... cumple con su propósito —dijo, desviando la mirada para no ver esa cintura y el par de muslos que ella tiene.
—Ajá, claro —rió ella, divertida— Pondré eso en la entrevista de la próxima vez.
Leo soltó una carcajada, rindiéndose.
—Está bien, me atrapaste. Sí, me gustó.
Ale sonrió, satisfecha.
—Lo sabía.
Leo seguía viendo a Ale cada tres segundos mientras ella se movía de un lado a otro, Max miraba el techo, Nia miraba alrededor de la sala, y Sofi, con su expresión tranquila pero determinada, sostenía aun la libreta en una mano.
Sofi sonrió apenas cunado le llegó una idea tan pronto como revisó sus apuntes.
—Olvidamos probar algo con Ale, y creo que vale la pena hacerlo ahora.
—¿Olvidaron probar algo? —repitió Ale, inclinando la cabeza con curiosidad.
—Sí. No tomará mucho tiempo, eso espero —aseguró Sofi, haciendo un gesto para que los siguieran.
Apenas vio a Ale salir, Sofi rápidamente se acercó a ella y le lanzó una nalgada y con la otra mano le agarró un muslo, el ruido hizo que inmediatamente todos voltearan a verla por lo que hizo y solo pudo decir en su defensa:
—Perdón, pero tenía que hacerlo... fue culpa de ese traje que llevas —respondió inocentemente mientras se cubría la cara con la libreta.
Nia se reía un poco, Max la miraba con un leve desagrado, y Leo trataba de disimular su sonrojo por el momento. En todo el breve camino, Leo no podía quitar la mirada de ella, el traje dejaba una hermosa vista a su bello físico de la cual Ale se estaba acostumbrando a mostrar. La corta conversación entre Sofi y Nia lo hacían sentir tranquilo por momentos.
Los cinco caminaron hasta un terreno baldío con algunas cosas desperdigadas por todo el lugar. A unos metros se encontraba el patio de la casa de Ale.
Antes de empezar el entrenamiento, Ale tomó aire y se apoyó sobre una de las tantas llantas que estaban en el terreno, mirando al cielo de la tarde. Tanto Leo como Sofi se acercaron con una sonrisa tranquila, con Leo dejando una botella de agua a su lado.
—¿Lista para ver hasta dónde puedes llegar hoy? —preguntó.
Ale asintió, aunque en su expresión aún se notaba un leve nerviosismo.
—Supongo que sí, aunque no estoy del todo segura de cómo empezar.
Él cruzó los brazos y la observó con confianza.
—No te preocupes tanto. Ya viste lo que puedes hacer en casa, solo necesitas práctica.
Ella lo miró por unos segundos, como si buscara convencerse a sí misma.
—¿Tú crees que realmente pueda controlarlo algún día?
—Claro que sí, Ale —respondió Sofi sin dudar— Eres más capaz de lo que crees. Y si algo se complica, nosotros vamos a estar aquí para ayudarte.
Ale sonrió suavemente, aliviada.
—Entonces no tengo excusa para rendirme, ¿eh?
—Exacto —contestó Sofi, sonriendo también— Ahora, veamos de qué eres capaz.
Ale se estiró los brazos, preparándose. El ambiente se volvió más liviano, lleno de una mezcla de confianza, curiosidad y la emoción de ver a una amiga flexible entrenar. Ale se colocó al centro, tomó aire y empezó a mover los brazos lentamente, como si calentara antes de una clase de yoga, hasta que uno de ellos se estiró más de lo esperado.
Leo, sentado en una llanta, se incorporó sorprendido.
—Whoa, eso fue como... ¿dos metros? —dijo, intentando medirlo con la vista.
—¡Dos metros y medio! —respondió Ale, con tono triunfante pero algo torpe, ya que su brazo todavía seguía estirado y se enredaba en una cerca cercana.
Ella intentó jalarlo de vuelta, pero terminó girando sobre sí misma como si fuera una liga humana. Nia corrió a ayudarla, pero al hacerlo, la fuerza de la tensión la lanzó hacia atrás, cayendo al suelo cerca del terreno. El sonido del golpe resonó por todo el lugar, y luego hubo un breve silencio.
—Estoy bien —dijo ella, levantando un pulgar desde el suelo.
Ale, riendo, logró finalmente recuperar su forma normal.
—Creo que tengo que trabajar en la parte del “volver al tamaño original sin causar una catástrofe”
—O en no llevarte todo el mobiliario contigo —añadió Max, sacudiéndose el cabello.
Ellos rieron, y Ale volvió a intentarlo, esta vez con más control. Sus movimientos se veían más fluidos, casi gráciles, mientras su cuerpo se adaptaba poco a poco a su elasticidad. Sus amigos la observaban con una mezcla de asombro y orgullo. Era torpe, sí, pero también impresionante.
—Vas mejorando —dijo Leo finalmente.
—Gracias —respondió Ale, jadeando— Aunque creo que necesito un casco para la próxima.
Ale respiró hondo, decidida a mejorar su control.
—Esta vez saldrá bien —dijo con confianza.
Sofi, desde una distancia prudente, levantó una ceja.
—Eso mismo dijiste el otro día y te enredaste con los postes de luz. Tardamos casi una hora en bajarte.
Ella sonrió con seguridad y comenzó su nuevo intento: primero estiró los brazos, luego las piernas, y en cuestión de segundos las extremidades parecían una versión más grande de las manos de goma.
—Ok, ¡esto va mejor! —gritó mientras daba un salto elástico hacia una tabla y rebotaba con energía. Pero el rebote fue demasiado fuerte.
El impacto la lanzó hacia una barra paralela, luego giró en espiral y su pierna se enganchó con una cuerda que estaba colgando en un árbol en donde su coronita se encontraba colgando en una rama. Leo intentó sujetarla, pero terminó atrapado también cuando el otro extremo de la cuerda se enredó en su brazo.
—¡Ale, no te muevas! —dijo él, intentando zafarse.
—¡Eso intento! Pero si me muevo, ¡me estiro más!
En cuestión de segundos, ambos quedaron suspendidos en el aire, girando lentamente como dos marionetas atascadas. Las cuerdas se tensaban y soltaban con sonidos de “boing” cada vez que intentaban moverse. Los otros tres solo estaban mirando un poco sorprendidos por la situación, Sofi no pudo evitar soltar una leve risa.
—Esto parece una trampa diseñada por un payaso con doctorado en física —murmuró Max mientras veía Leo quien tenía su cabeza colgando boca abajo.
Ale, sin poder evitar reír, trató de usar su elasticidad para liberarse, pero cada intento solo los enredaba más.
—Prometo que la próxima vez, bueno... ¡lo haré en cámara lenta! —dijo entre carcajadas.
Finalmente, Sofi y Nia se acercaron para ayudar, soltando las cuerdas casi de golpe y ambos cayeron al suelo. Hubo un silencio de unos segundos y luego los cuatro estallaron en risa.
—Bueno —dijo Leo, quien estaba siendo ayudado por Nia— al menos ya sabemos que tu elasticidad funciona a campo abierto.
—Sí, pero también que necesito un asistente, y un manual de instrucciones.
Los cinco estaban ya reunidos en el terreno, acomodados en una especie de semicírculo improvisado con llantas y tablas. Ale estiraba los brazos como si calentara para un espectáculo de circo, mientras los demás la observaban con curiosidad.
Sofi, con su tono tranquilo pero sincero, miró a Leo y comentó:
—Tenía razón en lo que dije hace un momento con ese traje, le queda bien aunque sea un poco revelador.
Leo casi se atraganta con su propia saliva.
—¿Eh? Sí, sí... —dijo rápido, rascándose la nuca y mirando a otro lado— Supongo que... sí, le queda bien, digo, bien en el sentido funcional, o sea deportivo.
Nia, que los escuchó, arqueó una ceja divertida. —Ajá. ‟Funcional”. Claro.
—Solo debiste haber visto al otro lado, se le notaban bien esos muslos y ese trasero colgados —respondió Max, cuyo comentario hizo sonrojar a Leo y Sofi se rió por unos segundos.
Ale, notando la pequeña escena, giró para mirar a todos con una sonrisa.
—¿Ya están listos para ver mi avance o van a seguir analizando mi guardarropa?
Leo levantó las manos. —¡Listo, lista, listos todos! —respondió, tratando de recuperar la compostura.
Nia dio una palmada en el aire. —¡Entonces empieza el show, Su Majestad de los Estiramientos!
Ale rodó los ojos con una sonrisa y tomó aire.
—Bien, pero no se asusten si las cosas se salen un poco de control, ¿de acuerdo?
Los cuatro intercambiaron miradas nerviosas.
—¿“Un poco”? —preguntó Sofi con voz monótona.
—Sí —respondió Ale con una serenidad sospechosa— Solo un poquito.
Ale cerró los ojos unos segundos, respiró hondo y comenzó su demostración. Sus brazos se alargaron suavemente, como si fueran cintas métricas danzando en el aire (aunque los brazos de Ale se movían con fluidez). La forma en que los movía era casi artística, mientras el sol reflejaba en el suelo una sombra que parecía moverse con vida propia.
Nia, que sostenía una cámara improvisada con su teléfono, murmuró fascinada:
—Ok... esto es oficialmente más cool de lo que esperaba.
Max aplaudía lentamente, sin quitarle la vista de encima. —¡Parece un chicle con ritmo!
Sofi suspiró. —Tu descripción arruinó el momento, Max.
―¿Y?
Leo, en cambio, estaba más enfocado. Sonreía con cierta admiración al verla tan concentrada, diferente de su torpeza habitual. Aunque también habían veces en las que se distraía viéndola de otro modo por el traje.
—Vaya... —susurró— parece que de verdad está controlando su elasticidad.
Ale abrió los ojos y, aún estirada, los miró con una sonrisa confiada.
—¿Ven? Si lo hago despacio y con ritmo, puedo mantener el control. Es como una danza.
Nia asintió emocionada mientras abría la libreta de Sofi. —Sí, sí, una danza elástica. ¡Podríamos hacerle un nombre artístico!
—Por favor, no —dijo Sofi de inmediato, aunque ya sabía que Nia no iba a detenerse.
Ale se movía de un lado a otro, extendiendo un brazo para alcanzar un pedazo de madera a unos metros lejos de ella y luego regresándola con precisión milimétrica. Sus movimientos eran suaves, elegantes, casi hipnóticos.
Cuando terminó, los cuatro aplaudieron con entusiasmo sincero.
—¡Fue genial, Ale! —dijo Leo— Esta vez no rompiste nada, ni me lanzaste por los aires, eso es un gran avance.
—Progreso —añadió Sofi con una sonrisa discreta.
Ale soltó una risita, con las mejillas un poco rojas a la vez que acomodaba la tanga.
—Gracias. Creo que ya le estoy tomando el truco.
Nia bajó la cámara y anunció con dramatismo:
—¡Y esto fue solo el primer acto!
Leo observó el terreno baldío con cara pensativa, hasta que sus ojos se detuvieron en un rincón lleno de varillas metálicas. Una idea absurda, pero brillante a su modo, comenzó a formarse en su cabeza.
—Ya sé —dijo de repente, con una sonrisa que a Sofi le pareció peligrosa— Podemos hacer algo diferente para probar las habilidades de Ale.
Nia levantó una ceja. —¿Diferente en plan “divertido” o “llamen a emergencias”? Aunque no se cómo vayan a reaccionar los de emergencias.
—Divertido —respondió Leo, aunque su tono no inspiraba tanta confianza.
Aun así, al escuchar la idea de Leo, los demás aceptaron la propuesta con entusiasmo. Entre los cuatro comenzaron a colocar las varillas en distintos puntos: algunas formando círculos, otras en posiciones diagonales, y un par de ellas suspendidas con cuerdas, como si estuvieran construyendo una estructura de entrenamiento sacada de un programa de televisión japonés.
Ale, mientras tanto, observaba desde arriba, con el torso estirado y las manos apoyadas en unos árboles.
—¿Están seguros de que saben lo que hacen? —preguntó, inclinando la cabeza con curiosidad.
Max levantó el pulgar, orgulloso. —¡Por supuesto! Es un circuito de elasticidad profesional.
Sofi, sujetando una cuerda que no dejaba de moverse, murmuró: —“Profesional” es una palabra muy fuerte para esto.
Cuando finalmente terminaron, los cuatro se reunieron frente a Ale.
—Listo —anunció Leo, secándose las manos— Bienvenida a la siguiente fase de tu entrenamiento: El Desafío Extensible.
Nia levantó un cartel improvisado hecho con una hoja y un marcador. —¡Edición uno! ¡Con premios imaginarios incluidos!
Ale miró el “campo de entrenamiento” con una mezcla de intriga y resignación.
—No sé si esto parece más un circuito de prueba o una trampa para osos —dijo, bajando lentamente al suelo mientras su cuerpo volvía a la normalidad.
—Ambas cosas pueden ser ciertas —comentó Sofi sin emoción, cruzándose de brazos.
Leo dio una palmada para animarla. —Vamos, Ale, confía. Es solo para ver cuánto puedes controlar tu cuerpo entre obstáculos.
Ale suspiró, pero sonrió con confianza.
—Está bien, pero si algo sale mal, ustedes recogen las piezas.
Los cuatro asintieron al unísono, aunque Nia añadió con picardía:
—¿Te refieres a las piezas del circuito o a ti?
Ale rió. —Ya veremos.
Leo se colocó al centro del gimnasio, dando instrucciones con la seriedad de un entrenador profesional, o al menos de alguien que lo aparentaba bien.
—Muy bien, equipo. Primera fase del Desafío Extensible: coordinación y control. Ale, tú serás la participante principal, obviamente. Max y Sofi, ustedes ayudarán con la parte técnica.
Ale asintió, un poco nerviosa. —¿Parte técnica?
—Exacto —dijo Leo, sonriendo— Solo sigan mis indicaciones y nada puede salir mal.
Famosas últimas palabras.
Antes de que Leo o Nia pudieran decir algo más, Max ya había tomado a Ale de las piernas con entusiasmo.
—¡Vamos a darle impulso! —gritó, mientras Sofi, con su calma habitual, sujetaba el otro extremo y decía:
—Esto probablemente no sea buena idea... pero vamos a hacerlo.
Con un conteo improvisado, ambos comenzaron a estirarla hacia una de las varillas como si fuera una cuerda elástica gigante. Ale trató de seguirles el ritmo, extendiendo los brazos para mantener el equilibrio.
—Chicos, ¿están seguros de que—?
¡Zas!
En un segundo, Ale se soltó y salió disparada hacia la varilla, rebotando en ella con precisión milimétrica hasta que su torso se enredó en una de las cuerdas colgantes. Quedó suspendida en el aire, dando vueltas lentamente como si fuera una decoración viviente de gimnasio, su coronita había caído al suelo y fue recogida por Nia.
Leo y Nia se quedaron congelados mirando la escena.
—¿Qué acabo de ver? —preguntó Nia, con una mezcla de asombro y risa contenida.
Leo parpadeó. —No lo sé, pero estoy entre impresionado y preocupado.
Sofi soltó la cuerda, mirando su obra. —Bueno, técnicamente logramos eso del “control y coordinación”. Solo que en el orden equivocado.
Max, mirando hacia arriba, exclamó orgulloso: —¡Miren eso! ¡Perfecta estabilidad aérea!
Ale, girando lentamente en el aire, suspiró con resignación.
—Chicos... no siento las piernas, en serio.
—Eso significa que funcionó —dijo Sofi sin levantar mucho la voz.
Nia ya no podía contener la risa. —¡Esto sí es una demostración! Aunque… tal vez deberíamos bajarla antes de que se vuelva parte del mobiliario.
Leo corrió hacia las cuerdas, tratando de desatarla, mientras Ale reía entre frustrada y divertida.
—La próxima vez, avísenme si “parte técnica” significa convertirme en una marioneta.
—Anotado —respondió Max, levantando el pulgar.
Después del enredo monumental, Leo y Sofi lograron finalmente liberar a Ale de las cuerdas. Max la recibió con cuidado cuando cayó, aunque ambos terminaron rodando por el suelo entre risas.
—Definitivamente necesito un descanso —dijo Ale, estirando los brazos y volviendo a su forma normal poco a poco.
—Sí, eso fue bastante acrobático —respondió Leo, intentando disimular una sonrisa mientras le ofrecía una botella de agua.
Ale se sentó en el suelo, respirando con calma. Sofi le pasó una toalla y comentó con una media sonrisa:
—Al menos ya comprobamos que tu traje resiste cualquier torsión posible.
—Y que ustedes son un peligro con varillas cerca —replicó Ale entre risas mientras se volvía poner su coronita.
Después de unos minutos de descanso, Nia aplaudió para recuperar la atención del grupo.
—Bueno, chicos, ¿seguimos o cancelamos antes de que alguien salga volando de verdad?
—¡Seguimos! —gritó Max con una energía que no parecía afectada por nada.
Ale suspiró y se levantó, estirando los brazos. —De acuerdo, pero esta vez con coordinación, ¿sí?
Leo asintió con gesto serio. —Prometido.
Colocaron las varillas en nuevas posiciones, formando un circuito improvisado. Esta vez, dos de ellos se encargaron de ambas extremidades: Leo tomó las manos, mientras Sofi se tomó ambas piernas.
—¿Lista Sofi, listo Leo? —preguntó Ale con una sonrisa, ya recuperada del susto anterior.
—Listos —respondieron al unísono.
En un movimiento sincronizado, comenzaron a estirarla lentamente, ayudándola a mantener el equilibrio y a controlar su elasticidad con más precisión. Era casi como una coreografía extraña, pero llena de entusiasmo y confianza.
—Si siguen a este ritmo —comentó Nia, mirando el reloj con tono burlón— nos va a tomar todo el día terminar su entrenamiento.
—No importa —respondió Ale entre risas— Mientras no me vuelvan a colgar de los árboles o postes, puedo con todo.
Los demás rieron. Max, quien acariciaba levemente el abdomen estirado de Ale, añadió:
—Prometemos no repetirlo, a menos que sea parte del ejercicio.
Leo negó con la cabeza, divertido. —Solo tú podrías decir eso con tanta seriedad, Max.
Mientras ellos seguían estirando a Ale, a Nia se le ocurrió otra idea para el entrenamiento y se la contó a Max, quien al escucharlo le empezó a seguir la corriente. Ellos se pusieron a preparar otro escenario para probar la elasticidad de su amiga, creando unas especies de aros más grandes que ellos con materiales que encontraron en el terreno baldío y con cosas del patio de la casa de Ale; lo más visible eran los agujeros que tenía, y Ale suponía que algo tenía que ver con los enredos.
Cuando terminaron, ellos se acercaron a Leo y Ale para avisarles que la siguiente prueba ya estaba lista, diciendo también que ella estaría bien en todo eso a pesar de lo poco que confía Leo con el experimento. Sin embargo, las palabras de Ale lo motivan a aceptar la idea de ambos.
Entre risas y suspiros, Leo y Sofi comenzaron a bajar lentamente a Ale, quien todavía estaba con los brazos y piernas tan estirados que parecía salida de una caricatura.
—Con cuidado, no quiero salir disparada otra vez —dijo Ale, moviendo las manos aunque no pudiera hacer algo con ellas.
—Tranquila, tranquila —respondió Sofi, sosteniéndola como si fuera una cuerda elástica que podía saltar en cualquier momento.
Cuando por fin tocó el suelo, Ale respiró profundo y poco a poco fue volviendo a su forma normal.
—Ay... creo que tengo músculos que no sabía que existían —bromeó, mientras se sacudía el polvo del traje.
Nia, que hasta ese momento observaba con una mano en la barbilla, chasqueó los dedos de pronto.
—Ya se los dije, pero tengo una idea mejor para probar tu elasticidad.
Los otros tres la miraron con la mezcla de curiosidad y miedo que solo una idea de Nia podía provocar.
—Sí me lo habías contado, pero... ¿en qué sentido? —preguntó Leo, ya anticipando el caos.
—En el sentido de “divertido y probablemente innecesario” —respondió Nia con una sonrisa que no inspiraba confianza.
En cuestión de minutos, Max y Nia habían traído una especie de estructura con varios aros gigantescos hechos de tubos de plástico, cartón grueso y pequeñas piezas metálicas. Eran tan grandes que Ale podría pasar varias veces por dentro, aunque lo preocupante era que uno de esos aros tenía cuatro agujeros en formas algo sospechosas, como si hubieran sido diseñados para enredar a propósito.
Ale los observó con una mezcla de intriga y resignación.
—¿Eso es parte de un entrenamiento o de una trampa caricaturesca?
—Depende de tu actitud —respondió Sofi, cruzándose de brazos con una sonrisa.
Cuando terminaron de armar el escenario, Leo se acercó a Ale con una expresión más seria, aunque todavía tenía un toque divertido en la voz.
—Bueno, Ale, ahora sí vamos a experimentar de verdad contigo. Prometo que todo va a salir bien... más o menos.
Ale levantó una ceja. —“Más o menos” no suena muy tranquilizador, ¿ustedes dicen la verdad?
—Confía en nosotros —dijo Nia, sosteniendo su teléfono para grabar y que claramente formaba parte del plan.
Ale suspiró, se estiró los brazos como si calentara y sonrió con decisión.
—Está bien, pero si termino con un nudo nuevo, ustedes me deshacen, ¿queda claro?
—Trato hecho —dijeron los cuatro al unísono, mientras Leo contaba en voz alta para empezar el siguiente experimento.
Ale, decidida (aunque algo temblorosa), dejó que sus amigos tomaran otra vez sus brazos y piernas para estirarlas otra vez, cada uno en una dirección diferente formando una especie de X (con Sofi poniéndose la coronita de Ale). Los aros rechinaban un poco, pero ella, acostumbrada a su elasticidad, se movía con sorprendente ligereza mientras daba una pequeña ayuda a sus amigos.
—Ok, chicos... ¿así está bien? —preguntó mientras metía las manos por el primer aro.
—¡Un poco más arriba! ¡Eso es! —le indicó Nia, agitando una cuerda con una mano desocupada como si fuera una entrenadora de circo.
Ale suspiró y los demás extendieron los brazos para alcanzar el segundo aro, con Ale logrando sujetarse con ambas manos. Luego, con una flexibilidad que haría llorar de envidia a Reed Richards, estiró las piernas y las pasó por los agujeros inferiores del primer aro. Leo y Nia se distrajeron un poco al ver cómo las botas del traje pasaban por los agujeros de los aros, Nia sentía la necesidad de verlo más de cerca.
—Muy bien, muy bien —dijo Sofi, asintiendo con un aire de “científica loca satisfecha con su experimento”.
—Ahora... ¡procedimiento dos! —anunció Nia con una sonrisa sospechosamente entusiasta.
Antes de que Ale pudiera preguntar qué significaba eso, sintió que Max y Sofi tomaban sus manos y las amarraban al segundo aro de una manera suave pero firme.
—¿Eh? ¡Un momento! ¿Por qué me están amarrando?
—Es para que no te sueltes —dijo Sofi, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Mientras tanto, Leo y Nia, sin perder tiempo, hicieron lo mismo con sus pies, asegurándolos a la parte inferior del primer aro. En pocos segundos, Ale quedó completamente estirada, con los brazos y piernas extendidos, pareciendo una mezcla entre una estrella y un tendedero de gimnasia experimental.
—¡Perfecto! —dijo Nia, dando un paso atrás para admirar la “obra” a la vez que saca su teléfono otra vez.
—Con esto podremos comprobar tu resistencia estando así de estirada —añadió Sofi, tomando notas en su libreta.
Ale, que apenas podía mover las manos, soltó una risa nerviosa.
—¿Y están seguros de que esto es buena idea?
—¡Por supuesto! —respondió Leo con confianza.
—Solo tienes que aguantar un rato más. ¡Es parte del entrenamiento!
—¿Aguantar un rato? ¿Cuánto es “un rato”? —preguntó Ale, con una gota de sudor bajando por su frente.
—Mmm… lo que tarde en sonar el temporizador de Nia —respondió Sofi.
—¿Temporizador? ¿Qué temporizador?
—Este —dijo Nia, mostrando su celular, que tenía en pantalla un contador de media hora.
Ale abrió mucho los ojos.
—¡¿Media hora?!
Los cuatro la miraron al mismo tiempo, sonriendo con una sincronía sospechosa.
—¡Ánimo, Ale! —gritó Max con entusiasmo— ¡Tú puedes!
—Sí, esto servirá para tu elasticidad, ¡y tu paciencia! —añadió Nia riendo.
Ale suspiró resignada, moviendo los pies mientras pensaba que tal vez debió quedarse practicando en casa.
Sofi, mientras observaba a Ale entre los dos aros como una figura de museo moderno, cruzó los brazos con una sonrisa divertida.
—Sip, teníamos la razón por completo. El traje te queda aún mejor en esta posición —dijo, ajustándose los lentes con aire analítico— Resalta la flexibilidad, el color y el—
Pero no alcanzó a terminar su frase. Un ruido la había interrumpido, y cuando cambió su mirada notó que Max estaba jugando con uno de los brazos de Ale como si fuera las cuerdas de un instrumento.
—¿Eh? ¿Qué haces? —preguntó mientras se acercaba a Max que seguía haciendo esos sonidos.
Max giró de inmediato.
—Esto parece una especie de método de tortura medieval, solo que aquí no es letal
—Bueno, en algo tienes razón, lo parece y a la vez se ve como una guitarra u otro instrumento de cuerdas.
Él deja de hacer ruido para acercarse a las manos de Ale, y Sofi ayudó a Ale a estirar su cuello para ver mejor lo que él estaba haciendo. Max simplemente estaba jugando con las manos de Ale estirando los dedos y ‟dándole la mano” de vez en cuando. Sofi y Ale se miraban sin entender del todo lo que su amigo estaba haciendo.
Al mismo tiempo, Leo y Nia se quedaron mirando el torso de Ale que aún mantenía su forma de reloj de arena. Leo, sin pensarlo demasiado, se acercó un poco más para ver mejor. Esto hace que Ale vuelva a estirar el cuello hacia donde están ellos con una mirada un poco nerviosa.
—Se lo que están pensando, ¡pueden seguir mirando, pero no toquen demasiado! —dijo mientras rodeaba a ambos con su cuello.
—No se preocupe —respondió Nia que empezaba a acariciar suavemente uno de los muslos de Ale— intentaremos no incomodarla en lo que nos falta de tiempo.
Así ha sido casi toda la tarde mientras ella seguía estirada así. Leo simplemente estaba observando por los nervios que tenía al verla así y con el traje mostrando lo mejor de ella. Nia seguía poniendo las manos en los muslos, trasero y abdomen de su amiga, a menudo moviéndolas como si hiciera una especie de masaje relajante. Max seguía haciendo ruido con los brazos de Ale.
—¿Eh? ¿Qué... qué pasa? —dijo Ale, con una sonrisa nerviosa cuando sintió que alguien estaba tocando algo que no debía.
—¡Sofi! ¡esa mano! —gritó Nia mientras veía que Sofi puso una mano en uno de los pechos de Ale.
—¿Qué? tarde o temprano alguien iba a hacer eso, y yo quería ser la primera... son tan blandas —fue lo único que ella pudo decir en su defensa.
Ale estaba por decirle algo pero desvió su mirada hacia Leo y Nia, quienes desataron sus pies y siguieron estirando sus piernas. Ale se ponía un poco más tensa por eso.
—¡Chicos! ¡Me están convirtiendo en fideo! —exclamó Ale con voz aguda, mientras sus manos todavía amarradas temblaban en una mezcla entre esfuerzo y pura comedia física.
—¡Aguanta, Ale! ¡no nos tomará tanto tiempo! —decía Leo, que tenía una de las piernas de su amiga y la seguía estirando hasta llegar a la cerca del patio.
—¡Ay no, el traje! ¡Va a estirarse también! —mencionó Nia, llevándose una mano a la cabeza.
—¡Pues que aguante igual que ella! —respondió Leo— después de todo ese traje se adapta a la elasticidad de Ale, tenemos algo de ventaja.
Por el otro lado, Max estiraba el cuello de Ale para que viera lo que estaban haciendo Leo y Nia. Sofi seguía tocando los atributos de su amiga a la vez que jugaba con la coronita que se había puesto. En cuestión de segundos, Ale estaba tan estirada que parecía una versión humana de un adorno de goma.
—¡Por favor Max, haz algo antes de que mi cuello toque el cielo! —exclamó entre risas nerviosas.
Él deja que el cuello de Ale regrese a su lugar mientras ella le dice a Sofi que pare. Por el otro lado, Leo y Nia se preguntaban si soltaban las piernas de Ale de golpe o lo hacían lentamente y con cuidado. Estuvieron pensando por un rato hasta que llegaron a la conclusión de hacerlo despacio, y así lo hicieron. Ellos regresaron con los demás y desataron las piernas de Ale al mismo tiempo que Max y Sofi lo hacían con sus brazos.
Los cuatro se quedaron mirando la escena. Ale parpadeó varias veces, estaba acostada en el sueldo con una expresión de cansancio y con las extremidades todavía alargadas.
—Bueno... —dijo Leo finalmente— Al menos descubrimos que, efectivamente, tu traje es tan resistente como tú.
Ale soltó una risa débil.
—Sí, pero la próxima vez... ¡Sofi no toca nada!
Sofi levantó una mano con una sonrisa nerviosa.
—Prometo no volver a hacerlo... aunque fue un poco divertido.
—¿Todo bien, Ale? —preguntó Nia, conteniendo la risa.
—Sí... aunque si me dejaban así por mucho más tiempo iba a convertirme en una especie de tendedero —respondió Ale, medio resignada.
Leo y Max comenzaron a acomodar sus piernas con cuidado, Sofi y Nia acomodaban sus brazos. Cuando terminaron, Ale trató de levantarse, cayendo suavemente en brazos de Leo y Max (quien no dudó en agarrarle una nalga), estirándose todavía un poco más antes de recuperar su tamaño normal.
Fwooosh.
El sonido de su cuerpo volviendo a su estado original resonó por todo el terreno baldío.
—Ahh... mucho mejor —suspiró Ale, moviendo los hombros con alivio— Aunque siento que ahora puedo alcanzar el refrigerador sin pararme en puntas.
—¡Eso fue épico! —dijo Max, levantando el pulgar— ¡Parecías una superheroína en entrenamiento!
—Más bien parecía una liga humana —añadió Nia con una carcajada— pero igual te veías genial, Ale.
Sofi asintió, acomodándose el cabello.
—Lo importante es que resististe sin romperte, ni tú, ni el traje. Eso ya es un logro.
Leo sonrió, viéndola más tranquila.
—Y además, diste un espectáculo digno de un circo que está lleno de rarezas —bromeó, levantando la libreta de Sofi y el teléfono de Nia que había grabado todo lo sucedido.
Ale soltó una risa suave y se estiró los brazos, literalmente, hasta tocar las cabezas de todos.
—Bueno, si eso no fue entrenamiento, no sé qué fue.
Todos rieron al unísono hasta que Leo dio unas palmadas para llamar la atención de todos.
—Muy bien, equipo, nueva fase del entrenamiento —dijo con una seriedad sospechosa, señalando un punto en medio del terreno— Pónganse todos lejos de aquí... sí, más lejos. Max, un poco más... más... ¡más!
—¿Tan lejos quieres que vaya? —preguntó Max, gritando desde el otro extremo.
—Sí, por si acaso. Nunca se sabe con Ale —respondió Leo, cruzándose de brazos.
Nia arqueó una ceja.
—¿Y qué se supone que va a hacer ahora?
Leo sonrió.
—Ale va a demostrar precisión y control. Quiero que atrape a uno de ustedes y lo traiga hasta aquí.
—¿Atrapar? —repitió Sofi, retrocediendo un paso— ¿Literalmente?
—Exacto —confirmó Leo con un gesto teatral.
Ale se estiró un poco los brazos, giró los hombros y sonrió confiada.
—Eso suena fácil. Solo tengo que apuntar bien, ¿verdad?
—Exactamente —dijo Leo, levantando el pulgar— Piensa que es como lanzar una cuerda, solo que tú eres la cuerda.
Nia rió.
—Esto va a ser buenísimo.
Ale respiró profundo, acomodó los hilos de su tanga, y apuntó con una mano hacia el grupo y dijo con tono heroico:
—¡Estén listos o no allá voy!
Su brazo se estiró de inmediato con un whoosh, atravesando el terreno sin problemas. Los demás apenas alcanzaron a reaccionar antes de que la mano de Ale envolviera sin querer tanto a Sofi como a Max en el mismo movimiento.
—¡Eh, espera, no! ¡Eran “uno de tus amigos”! ¡No dos! —gritó Leo riendo.
—¡No fue mi culpa! ¡Se movieron al mismo tiempo! —respondió Ale, intentando jalar el brazo de vuelta.
Pero el problema era que Sofi y Max no estaban exactamente cooperando.
—¡Suelta, suelta! ¡Nos vas a hacer dar vueltas! —gritó Sofi, mientras Max reía diciendo “¡Weeee, esto es como un parque acuático sin agua!”
El retroceso fue inmediato: Ale tiró del brazo de regreso con fuerza, y los dos salieron volando hacia ella, aterrizando frente a Leo con un sonoro plaf.
—¡Lo logré! —dijo Ale, triunfante, mientras Sofi y Max se quedaban en el suelo medio mareados.
—Sí, aunque tal vez demasiado bien —respondió Leo, rascándose la cabeza.
Nia se acercó y tomó una foto con su celular.
—Esto va directo a algo especial, junto a todo lo demás —dijo entre carcajadas—: “Ale, la elástica que no falla (aunque te lleves a alguien de rebote)”.
Ale soltó una carcajada, mientras sus brazos volvían a su tamaño normal.
—Bueno, no fue tan difícil, aunque la próxima vez apuntaré mejor.
—Sí, por favor —dijo Sofi, aún en el suelo— Mis piernas siguen vibrando.
Leo sonrió satisfecho.
—Perfecto. Ahora sí, creo que estamos progresando.
En ese instante, Max se acercó a Ale para pasar una mano suavemente a la cintura de ella y Ale le da un pequeño codazo mientras mostraba un pequeño sonrojo.
Leo suspiró.
—...bueno, casi progresamos. Pero ahora pasemos al siguiente ejercicio: estiramiento sincronizado.
—¿Sincronizado con Ale? —preguntó Sofi, levantando una ceja.
—Exacto —respondió Leo con total confianza— Si logramos seguir su ritmo, tendremos coordinación perfecta.
Nia se rió.
—Perfecta, ajá, o acabaremos con las piernas hechas nudo. Cincuenta y cincuenta.
Ale se colocó al frente, estirándose de una forma más natural.
—Solo sigan mis movimientos, ¿sí? No es tan difícil.
Max levantó el pulgar.
—¡Fácil! Si tú puedes hacerlo, nosotros también.
—No estoy segura de eso —murmuró Sofi, ya sospechando lo peor.
Ale empezó suave: brazos al frente, giros de cintura, piernas un poco abiertas. El grupo la imitaba torpemente como si fuera el primer día de un gimnasio.
—¡Eso! —decía ella— ¡Uno, dos, tres!
Hasta ahí todo iba bien hasta que Ale, sin pensarlo, extendió sus brazos hasta tocar la cerca del patio de su casa.
—¡Eh! ¡Eh! ¡Demasiado lejos! —gritó Max, tratando de copiarla y cayendo de espaldas al instante.
—Max, la idea es “sincronizar”, no “romperte” —dijo Sofi entre risas.
Nia, por su parte, intentaba mantener el equilibrio.
—¿Cómo haces para no caerte cuando te estiras tanto? —preguntó.
—Práctica —respondió Ale, con una sonrisa tranquila— Y algo de genética, creo.
Leo observaba desde atrás, dirigiendo el ritmo.
—¡Muy bien, equipo! ¡Ahora, todos sigan a Ale en el estiramiento lateral!
Ale giró suavemente a la izquierda, pero su torso se alargó tanto que su cabeza quedó justo enfrente de un árbol.
—¡Hola, arbolito! —bromeó.
El resto trató de imitarla, pero el resultado fue un desastre: Nia se enredó con su propia pierna, Sofi quedó casi doblada en forma de “Z” y Max simplemente terminó rodando hacia una esquina.
Leo suspiró, tratando de mantener la compostura.
—Bueno, al menos todos se estiraron. De algún modo.
Ale, riendo, volvió a su tamaño normal y ayudó a levantar a sus amigos.
—Tal vez deberíamos probar algo más simple —dijo ella.
—¿Más simple? —repitió Sofi— Después de esto, lo más simple sería quedarnos quietos y respirar.
—Eso también cuenta como yoga, ¿no? —preguntó Nia con tono burlón.
—Sí, pero sin riesgo de salir volando —añadió Leo, riéndose finalmente.
El grupo terminó sentándose en el suelo, riendo del caos que habían provocado.
Max levantó una mano.
—Propuesta: el próximo ejercicio sea ver quién logra no moverse por cinco minutos o incluso más.
Ale asintió, divertida.
—Me gusta, aunque conociéndolos, seguro alguien tropieza con el silencio.
Ellos permanecieron en pleno descanso mirando al cielo, recordando todo lo que han pasado en este día con la peculiar habilidad de Ale. Observaban como estaba atardeciendo, el cielo se decoraba de unos buenos colores que, con solo verlos, levantaba los ánimos de seguir. Y así fue. Leo se levantó y pidió que los demás lo hicieran también para dar paso a una última prueba a las habilidades de Ale.
—Muy bien, equipo. Llegó el momento de ver cuánto ha mejorado Ale hoy. —Sonrió— Este será el ejercicio final: demostración libre.
Ale asintió, algo cansada pero relajada.
—De acuerdo. Prometo no estirarme demasiado esta vez.
—Gracias, se agradece —dijo Sofi, acomodándose el cabello todavía despeinado del estiramiento sincronizado.
Nia tomó su teléfono para grabar otra vez.
—¡Esto va directo al archivo de entrenamiento legendario!
Max alzó el pulgar con entusiasmo.
—¡Vamos, Ale! ¡Enséñanos tu modo pro!
Ale se colocó en el centro del gimnasio. Cerró los ojos un momento, respirando hondo.
Las luces se reflejaban suavemente en el suelo, y por un segundo todos guardaron silencio.
Entonces, ella empezó. Con un movimiento fluido, estiró sus brazos hacia los lados, perfectamente equilibrada. Después, con elegancia, los movió en círculos amplios y precisos, controlando cada centímetro de su cuerpo. Sus piernas se extendieron de forma coordinada, como si el aire mismo le respondiera. No había esfuerzo, ni torpeza, solo armonía.
Leo murmuró, impresionado:
—Su control es mucho mejor que al inicio. Ya no se tensa ni pierde ritmo.
Sofi asintió, sonriendo.
—Sí, ahora parece algo o alguien completamente natural.
Ale giró en el aire, creando una figura casi circular con su propio cuerpo antes de volver a su forma normal sin tropezar ni tambalearse. Al aterrizar, el suelo ni siquiera crujió: pura suavidad.
Nia, con el celular aún grabando, dijo emocionada:
—¡Eso fue increíble! ¡Hasta pareció coreografía!
Max la observaba con los ojos brillando.
—Al principio apenas podía estirarse sin confundirse, ¡y ahora parece una acróbata profesional!
Ale soltó una risa tranquila.
—Supongo que la práctica sirve, ¿no?
Leo cruzó los brazos, con una sonrisa orgullosa.
—Sirve mucho. Pero lo que más importa es que ya no te da miedo usar tu habilidad frente a nosotros.
Ale lo miró, pensativa.
—Sí, creo que por fin la siento como parte de mí. No algo raro, ni algo que esconder.
Hubo un breve silencio, el tipo de pausa sincera que se da cuando todos se entienden sin decir nada.
Sofi rompió la calma con un tono suave:
—Entonces, ¿mañana seguimos con la segunda parte del entrenamiento?
Nia se levantó enseguida.
—¡Solo si hay desayuno incluido!
—Y si Max no hace nada raro otra vez —añadió Sofi con una sonrisa de lado.
—¡Mira quién habla! ¡tú empezaste a hacer cosas más raras que yo! —protestó él.
Ale rió, quitándose el polvo de su traje.
—Trato hecho: desayuno, sin accidentes, y un poco más de práctica.
—Perfecto —dijo Leo, levantando el pulgar— Hoy terminamos con éxito.
Y así, entre bromas y comentarios, los cinco regresaron a casa. Estuvieron por un rato hablando de los planes que iban a tener para los días siguientes, queriendo ver cómo ha estado mejorando Ale con todo esto. Sofi le prometió que le traería algo especial cuando venga a visitarla, lo cual dejó más que contenta a su amiga. Cuando todos se fueron se dispuso a ordenar la casa por el leve desastre que hizo en la mañana. Sus brazos se extendían tres metros para levantar montones, sus piernas se alargaban para alcanzar cosas en la repisa y una risita suya era constante cada vez que algo hacía pop o rebotaba por error. Cuando terminó de acomodar todo lo mejor que pudo (es decir, 65% acomodado y 35% misteriosamente peor), hizo un repaso en su mente a todo lo que vivió en todo el día con una sonrisa en su rostro.
Ya era muy noche cuando finalmente entró a su cuarto. Se quitó las botas, dejó su traje sobre una silla, se puso su ropa de dormir y se metió en la cama. Estaba tan cansada que ni siquiera apagó la lámpara. Se quedó dormida en cuestión de segundos.
Al día siguiente, luego de haberse levantado con algo de dificultad, se preparó para la novedad del día. Había oído que alguien estaba tocando la puerta y no dudó en abrir, cuando lo hizo vio que se trataba de Sofi que traía una pequeña caja. Ella dejó pasar a su amiga quien al entrar deja la caja en una mesa.
—Buenos días... ¿qué... qué quieres? —preguntó aún recuperándose del sueño que todavía tenía.
—Tus amigos me dieron esto para que pudieras verlo —dijo Sofi señalando la caja que todavía estaba cerrada— Será algo rápido, no creo que tardemos mucho.
Ale se estiró un poco, tomó su coronita extendiendo un brazo de forma exagerada, y se la puso mientras bostezaba.
—Ok, quiero ver, quiero ver
Sofi comenzó a despegar la cinta que había en la caja y después la destapó, en ambas se podía ver una pequeña emoción. En esa caja se había revelado una figura pequeña de Ale hecha a mano. Era una figura con detalles exagerados: la pose dinámica, el brazo extendido, la forma tan marcada de sus atributos, el detalle bien cuidado del traje y una expresión levemente avergonzada.
—¿Esa soy yo? —preguntó Ale.
—Sí —respondió Sofi, sonriendo— Max y yo la hicimos. Nos tomó casi toda la mañana darle forma y pintarla.
Ale se inclinó hacia adelante, impresionada.
—Vaya, se nota el trabajo. ¿Lo hicieron sin referencias?
—Bueno, usamos algunas fotos tuyas del entrenamiento pasado —admitió Sofi— Queríamos que quedara con esa energía de movimiento.
Ale tomó la figura con cuidado, girándola entre sus dedos.
—Tiene hasta mi coronita y esa expresión de “lo tengo todo bajo control... creo”.
Sofi observó mientras se arreglaba el cabello.
—Encaja perfecto con el circuito que hiciste ayer. Es como si fuera parte del concepto.
—Exactamente —dijo Ale, chasqueando los dedos
— Es parte de una idea que estamos preparando. Queremos que todo esto sea más visual, más representativo. Algo que exprese tu estilo en pocas palabras.
Ale asintió con entusiasmo.
—La tuya fue la primera porque ya sabíamos que ibas a destacar en esto, te conocemos muy bien Ale.
Ale miró a Sofi, sonriendo con genuino aprecio.
—De verdad gracias. Es precioso. Y un poco raro verme en miniatura —añadió riendo.
Sofi cruzó los brazos con una sonrisa divertida.
—Bueno, si hacen una mía, que tenga músculos y cara de héroe.
—Ya veremos —dijo Ale— Primero vamos a continuar con el entrenamiento como dije ayer
Sofi levantó la vista.
—¿Qué? pensé que era algo que solo dijiste para sentirte bien
—Lo decía en serio, pero ya verás que te gustará esta siguiente parte del entrenamiento — Afirmó Ale que ya estaba en la entrada de la casa.
Ambas se rieron, relajadas. Ale estiró un brazo y colocó la figura sobre la mesa del comedor, aún con esa sonrisa suave.
—Entonces, esto será parte del proyecto que están preparando, me gusta. Tiene algo especial.
Ambas salieron de la casa para ir a su siguiente dirección y continuar con el entrenamiento. En el camino hablaban de lo que sucedió ayer y lo que ella podría hacer con sus habilidades y su traje, aunque Sofi se limitó a decir que debería usarlo para momentos especiales, y la primera vez que lo usó fue solo el principio. Ale llegaba a avergonzarse un poco al recordar lo que Sofi hizo cuando la habían estirado.
—Creo que... —Sofi se inclinó un poco hacia ella— esta vez te pasaste.
Sofi la mira, sonríe más, y le responde con un encogimiento de hombros:
—Pero estuvo divertido.
Antes de que Sofi pudiera continuar, recibe un codazo por parte de Ale.
—Como sea. Espero que estés preparada para lo siguiente. Ya verás que tendremos nuevos obstáculos y nuevas pistas para que pongas a prueba tu elasticidad —anunció— Ya pasaste por el entrenamiento del entrenamiento, por así decirlo. Ahora viene lo siguiente. Lo mejor de lo mejor.
Ale abrió los ojos de la emoción como si hubiera escuchado música gloriosa. Sofi levantó la mirada, dejando ver que estaba más que confiada en que todo iba salir bien. Ale se quedó viendo por unos segundos el camino que estaban tomando, ella podría regresar sin problemas estirándose, pero ahora quería dar un paso más hacia adelante. Volteo para ver a Sofi que aún sonreía, y supo que estaba más que lista para continuar.
—Andando —dijo levantó una mano como señal de aprobación
Y así fue como empezaron un día más en la enredada vida de Ale. Pasaron por unos pequeños enredos ayer con el entrenamiento y el nuevo traje, pero ahora está decidida a seguir con todo al estar más que motivada por sus amigos, quiere ver lo que es capaz de hacer con poco esfuerzo. Así es la querida reina del caos.
The End
MDMABKABD HALP








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