El Dossier

Por fin, el banner del blog dejó de ser una pequeñez que no dejaba ver bien el inicio del blog. Ahora sí tiene el tamaño adecuado para encajar con todo lo que tiene el blog para ofrecer. No pienso tocar el banner hasta octubre, aunque tenga que cambiar todo el fondo del blog otra vez.
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lunes, 24 de noviembre de 2025

¡𝐔𝐧 𝐩𝐨𝐜𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐭𝐚𝐝𝐚! •~•

Para la reina del caos Ale todo podría parecer un juego, y en parte así lo llega a interpretar, y entre todas esas cosas está en mostrar sus habilidades frente a muchas personas. Si bien estaba consiente de que ningún amigo estaba preparado para ver una mano asomando por la ventana mientras la dueña seguía en la cocina buscando la tostadora o algo peor, ese día, sin embargo, decidió que iba a “hacer las cosas con calma”, aunque nada de eso tenía algo que ver con provocar el caos como le gustaba hacer de vez en cuando.

Ale llevaba toda la mañana moviéndose de un lado a otro como si fuera un resorte con cafeína. Se repetía una y otra vez que primero la orden y después el demostramiento, mientras una de sus manos alcanzaba la repisa y la otra doblaba una toalla a tres metros de distancia. ‟Todo está bajo control” ...fue lo que ella se dijo cuando notó que uno de sus brazos se asomaba por la cortina de una de las ventanas.

El reloj marcaba las diez y media. Y eso significaba que aún había tiempo para lo que tenía en mente. Solo debía recordarse que debe mantenerse estirada y elegante, esto último era lo más importante.

“Tranquila, Ale, tú puedes” se dijo cuando oyó que estaban tocando la puerta. Se había armado de valor antes de abrirla, y cuando abrió se quedó quieta pero no se sorprendió tanto, conocía a esas personas. Frente a ella estaban Nia, Sofi, Max y Leo, unos amigos suyos, y todos sonriendo con aire sospechoso. Sofi sostenía una libreta gruesa, llena de notas y una grabadora pequeña y Nia no dejaba de exclamar que estaban para una entrevista sorpresa.

—¡Entrevista sorpresa! —anunciaba todavía Nia levantando el brazo.
—¿E... E-Entrevista…? —repitió Ale, aún recuperándose de la leve impresión.
—Así es —dijo Sofi con una sonrisa casi profesional— Después de que te hayamos conocido, decidimos hacer una pequeña crónica, para el boletín del grupo.
—¿Dese cuando tenemos boletín? —preguntó Leo.
—Desde hoy —respondió Nia sin dudar.

Ale estuvo parpadeando unas cuantas veces al intentar recordar esa vez en la que, por accidente reveló su elasticidad frente a ellos. Fue una vez en la que intentó alcanzar una galleta en lo alto del refrigerador en casa de Sofi. Y, bueno... su brazo llegó más lejos de lo normal. Se había asustado, claro. Pensó que estaba soñando o que había estirado el refri.

Regresó de su trance y casi de inmediato dejó pasar a sus amigos cuando vio la emoción en sus caras. De algún modo se sentía tranquila con seguirles el juego.

Max fue el primero en entrar a su casa, mirando a su alrededor con curiosidad mientras decía al mismo tiempo que la casa parecía una pista de entrenamiento improvisada. Ale solo se limitó a decir, encogida de hombros, que no tenía la culpa de que el techo sea tan elástico como ella mientras tomaba asiento en la sala.

Sofi se sentó frente a ella, con libreta en mano.
—Primera pregunta —comenzó con tono alegre y a la vez serio— ¿qué sentiste al mostrar tu elasticidad frente a todos?

Ale se acomodó en el sillón, pensativa pero con naturalidad.
—Hmm... Al principio me ganó la vergüenza y después, fue alivio. Ya no tenía por qué esconderlo; después de todo, con ustedes las cosas siempre terminan siendo divertidas, incluida las veces en las que me convierto en un espagueti humano.

Los cuatro rieron. En algo tenía razón Ale con lo que dijo. Max levantó la mano para hablarle a Sofi.

—Anótalo, Sofi: ‟espagueti humano”, posible apodo artístico para una chica de su talla.
—No —respondió Ale con una mirada seria.
—Está bien, está bien, descartado —dijo Sofi, escribiendo igual.

Leo se inclinó hacia adelante.
—Deberías estar orgullosa. Lo que pasó ese día fue increíble.
—Gracias —dijo Ale bajando la vista— Pero fue gracias a todos ustedes.

Hubo un pequeño silencio hasta que Nia aplaudió una vez.
—Perfecto, cierre inspirador para esta primera pregunta. Sofi, anótalo.

Sofi levantó la vista.
—Ya lo hice.

Ale suspiró entre risas.
—¿Van a publicar esto en serio?
—Claro —respondió Nia— ¡Y haremos una segunda parte si hoy pasa algo inusual o divertido!

Leo y Ale intercambiaron una mirada cómplice.
—Oh, no... —dijo él— Eso suena a que algo va a pasar.
—Definitivamente —añadió Ale.

Y así, sin planearlo, el grupo se quedó toda la mañana conversando como el buen grupo de amigos que eran, improvisando ideas para algunos entrenamientos y riendo de los accidentes de los días anteriores. La entrevista se volvió más una charla entre amigos, y el ‟boletín” terminó siendo un cuaderno lleno de garabatos y frases ridículas.

Ale se había levantado de su asiento para, según ella, verse mejor frente a sus amigos. Los cuatro estaban más que de acuerdo. Ella seguía conversando y a la vez contoneándose con una energía desbordante, los brazos balanceándose más de lo necesario y la coronita moviéndose de un lado a otro pero sin alejarse de la cabeza de su portadora.

—¿Saben? —dijo ella con tono optimista— Cuando domine por completo mi elasticidad, podré usarla para cualquier cosa. Imagínenlo: alcanzar cosas en los estantes más altos, colgar la ropa sin moverme, limpiar el techo sin escalera... ¡seré la persona más eficiente del planeta!

Leo sonrió con una mezcla de ternura y preocupación
—Claro, claro. Y también podrás apagar la televisión desde el otro cuarto sin levantarte o agarrar el control.
—¡Exacto! —respondió Sofi, sin captar el sarcasmo para después ver a Ale— Todo será cuestión de práctica.

Max miró de reojo a Sofi mientras revisaba su libreta.
—Práctica, o quizás entrenamiento militar... porque hay que ser realistas... si cada sesión termina como lo estuvimos escuchando mientras llegábamos, el techo de la casa va a pedir vacaciones.

Ale bufó, pero sin dejar de sonreír.
—Exageras. Solo me falta un poco de coordinación y—

De pronto su brazo se estiró sin querer hasta llegar al borde de una ventana lejana, golpeando un florero que quedó vibrando peligrosamente.

Ella se encogió de hombros.
—...y tal vez autocontrol.

Nia suspiró con una media sonrisa.
—Eso es lo que nos preocupa, Ale. Dices que ‟vas a dominarlo” como si fuera un curso de cocina o manualidades.

—Bueno, todo poder necesita práctica, ¿no? —dijo ella, confiada— Y tengo disciplina.

Leo arqueó una ceja.
—¿Disciplina? ¿Tú? ¿La misma persona que estuvo haciendo tanto ruido en su casa?

—¡Eso fue parte del entrenamiento! —protestó, agitando los brazos con orgullo.

Sus amigos se volvieron a reír. Nia fue la primera en hablar.
—Está bien, está bien. Solo no intentes estirarte para abrir la puerta desde aquí.

Ale miró al frente, pensándolo seriamente.
—...No lo había considerado en todo este tiempo, pero ahora que lo dices—

—¡No! —interrumpieron todos de inmediato.

Ale soltó una risita, mirando a otra ventana.
—De acuerdo. Pero cuando sea una profesional, me lo van a agradecer.

Max la observó en silencio un momento. Pensó en decir algo cínico, pero en su lugar sonrió.
—Si lo logras, nosotros te construiremos una pista elástica personalizada. Algo corta y con pocos obstáculos, posiblemente, pero te lo construiremos.

Leo y Sofi tomaron nota de todo lo que había dicho Ale. Se decían entre los dos que la visita estaba siendo más entretenida de lo que esperaban. Leo estaba por decir algo, pero antes de fijar su mirada en Ale, nota que ella estaba sacando algo de un mueble cercano con entusiasmo para luego ver a sus amigos.

―Esto me va a ayudar con los siguientes entrenamientos, lo tenía guardado justo para esta ocasión... y quiero que lo vean. ―dijo antes de meterse a un cuarto con la intención de cambiarse. Ellos solo se quedaron observando la puerta pensando en que era lo que traía ella para la ocasión, aunque sabían que en unos momentos lo verían con sus propios ojos.

Ale sale del vestidor con una energía distinta, lista para empezar. El traje que eligió era de una sola pieza, de tono negro con líneas naranjas en las medias y una tanga de hilo que dejaba ver mucho de su cintura, resaltando su figura atlética y su elasticidad natural. Dicha figura hacía resaltar bastante su figura tan atractiva tipo reloj de arena; era demasiado visible su cintura angosta, caderas anchas, un abdomen suave y delgado con un diminuto y delgado ombligo, y un par de muslos gruesos. Eso también era visible con su par de pechos, los cuales se movían libremente con el traje que llevaba, eran de un tamaño considerablemente grande y con eso desviaba la mirada de sus amigos a esa dirección, aunque también el abdomen hacía lo mismo.

Ese traje tenía un diseño funcional, hecho para soportar estiramientos y movimientos extremos, aunque ella todavía se movía con cierta torpeza y nerviosismo, ajustando las mangas o los hilos de la tanga.
Tanto Max y Leo como Nia y Sofi se la quedaron observando de reojo. Había algo curioso en ella: esa mezcla de torpeza, una figura tan llamativa, su elasticidad, su entusiasmo y fe inquebrantable en que podía mejorar. Era imposible no sonreír ante eso. Max no dudó en meter un dedo en el ombligo visible de Ale.

Ale notó la mirada de sus amigos.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me ven así? —preguntó, ladeando la cabeza.

—Nada —respondió Leo con una sonrisa tranquila— Solo pensaba que eres... una amiga especial. Digo, no todos los días conoces a alguien que pueda doblarse como una liga y aun así seguir tan optimista.

Ella se rió, cubriéndose la cara con una mano, la cual se veían demasiado bien con el traje que se había ajustado a sus brazos para dar una sensación de estar pegada al cuerpo. La entrevista continuaba, y el entusiasmo de todos era tan grande que Sofi ya había llenado tres páginas de su libreta con solo verla en su nuevo traje.

—Muy bien —dijo Nia, cruzando las piernas con aire de presentadora de programa de chismes matutino— siguiente pregunta: ¡tu traje nuevo! Cuéntanos, Ale, ¿qué opinas de él?

Ale miró hacia abajo, estirando un brazo para mostrar un poco la elasticidad de su traje mientras mostraba un pequeño sonrojo: el traje de se ajustaba perfectamente a su cuerpo con cada movimiento, se estiraba junto con ella.

—Bueno... —empezó, algo nerviosa— mientras me lo ponía pensé que era un poco apretado, y sí, es algo revelador.

Max ya tenía la mirada perdida en otra dirección, fingiendo mirar una lámpara. Sofi carraspeó para no reírse.

Ale siguió, tratando de sonar más tranquila:
—Pero creo que podré acostumbrarme si lo uso más seguido. Es cómodo cuando me estiro y no se rompe, así que supongo que es una ventaja.

Mientras decía eso, estiró distraídamente un brazo hacia el techo para ilustrar su punto, y todos la miraron con una mezcla de sorpresa y admiración.

—Creo que debería practicar un poco con esto.

—Deberías hacerlo, necesitas mejorar con tus estiramientos —afirmó Leo que revisaba la libreta de Sofi— o más bien deberías mejorar en todo lo que tienes para estirar.

—Podré con eso y más, el traje me va a ayudar con estirarme y otras cosas más —le decía Ale mientras estiraba levemente el otro brazo para luego regresar ambos a su estado normal.

—¿Y funciona? —decía Sofi mientras la analizaba de pies a cabeza, queriendo ver si podía hacer algo más que solo estirarse con ese traje

—Claro que funciona —dijo Ale, inflando el pecho, dejando ver parcialmente estos al haber alzado un poco la parte superior de su traje y queda un poco avergonzada por eso— Bueno, a veces demasiado.
Tanto las chicas como los chicos se quedaron mirando lo sucedido, Nia y Sofi se reían mientras que Max y Leo se miraron por unos segundos queriendo esconder el pequeño rubor que les generó el momento. Ale aún no se acostumbraba a que la gente la estuviera viendo con ese traje por lo revelador que era, pero ellos les daban ánimos de seguir. Nia se ofreció romper el hielo.

—¡Eso fue épico! —dijo Nia aplaudiendo— ¡Deberías hacer eso cuando presentes algo!
—¿Qué cosa? ¿Estirarme sin querer, o expandir un poco mi cuerpo? —preguntó Ale con una sonrisa casi nerviosa.
—¡Exacto! ¡ambos! marca registrada —añadió Nia con tono teatral.

Leo, que la observaba desde el sillón, sonrió de forma genuina.
—Te ves bien, Ale. Se nota que el traje te da confianza, incluso si te cuesta admitirlo.

Eso la sonrojó un poco, y al intentar encogerse de hombros, su brazo todavía extendido rebotó contra la pared y se estiró más.
—Ups... —dijo con voz pequeña, mientras el grupo soltaba una carcajada.

Max, sin contenerse, comentó:
—Bueno, si no te acostumbras, al menos ya puedes alcanzar el techo sin escalera.

Todos rieron de nuevo, incluso Ale, que ya no sabía si sentirse avergonzada u orgullosa.

Sofi, que aún escribía sin parar, levantó la vista y dijo:
—Voy a anotar esto como “declaración de moda flexible”
—¿Eh? —preguntó Ale.
—Sí, para cuando lancemos tu línea de trajes elásticos... si es que llegamos a aceptar nuestra idea en primer lugar —respondió Nia con total seriedad— “Ale, la heroína de la elasticidad”
—¡No, no, no no, ni de chiste! —rió Ale cubriéndose el rostro.

Leo intervino, con su tono tranquilo habitual:
—Yo digo que si algo estamos aprendiendo es que puedes con todo, incluso con ese traje.
—Eso suena alentador y extraño al mismo tiempo, pero te lo agradezco, amigo —respondió Ale, riendo también.

El ambiente se llenó de risas, bromas y uno que otro estirón accidental de Ale que hacía que Sofi soltara un “¡espera, tengo que anotar eso!” entre carcajadas.

Sofi pasó una nueva hoja en su libreta.
—Muy bien, Ale, siguiente pregunta —dijo con aire profesional— ¿qué es lo que más te gusta de tener esa habilidad?

Ale pensó un momento, moviendo un dedo que se estiraba sin darse cuenta.
—Pues supongo que me gusta poder alcanzar cosas sin tener que levantarme. Aunque a veces me paso un poco y termino tocando cosas que no quería tocar...

Nia soltó una risita.
—Sí, eso suena muy... práctico —dijo con una ceja levantada.
Leo la miró de reojo.
—Nia, por favor no empieces.
—¿Qué? Yo sólo digo que tener tanto alcance es una ventaja —respondió, sonriendo con picardía.

Max, que había estado mirando distraído, añadió:
—Y también te da más “flexibilidad”, ¿no?
Ale lo miró confundida.
—Bueno, sí, eso también.
Sofi, anotando sin levantar la vista, murmuró:
—Literal y figuradamente.
Leo se tapó la cara con una mano.
—Sofi no ayudes.

La conversación siguió, entre preguntas y comentarios que parecían cada vez más una comedia accidental.

—¿Y no te da miedo quedarte estirada por accidente? —preguntó Max.
—Antes sí —respondió Ale— pero ya aprendí a volver a mi forma normal. Aunque una vez me enredé tanto que casi necesito la ayuda de ustedes para desenrollarme.
—Oh, eso explica por qué Leo siempre está disponible —dijo Nia con un tono travieso.
Leo tosió nerviosamente.
—¡No es por eso! Solo estaba ahí cuando pasó.
—Ajá, “casualmente” —dijo Sofi, haciendo comillas en el aire sin despegar la mirada de su libreta.
—¡Era un accidente! —insistió Leo.
Ale se reía tanto que apenas podía hablar.
—No sean malos con él, aunque... bueno, sí me salvó más de una vez.

Nia sonrió, cruzando los brazos.
—Vaya, entonces además de elástico, esto suena muy romántico.
Ale se puso roja de inmediato.
—¡No lo es! ¡Solo fue ayuda técnica!
Max levantó una ceja.
—Técnica... ¿eh?
—¡Max! —gritaron los tres al mismo tiempo.

El silencio duró apenas dos segundos antes de que todos estallaran en carcajadas. Sofi, entre risas, escribió: “Conclusión: la elasticidad puede estirarse, pero la paciencia de Leo, no.”

—¡Borra eso Sofi! —dijo Leo, riendo a pesar de sí mismo.
—Demasiado tarde —respondió Sofi— ya está documentado para la posteridad.

La entrevista terminó con un ambiente entre risas, ocurrencias y esa sensación de amistad caótica que los caracterizaba. Ale, aún sonrojada, suspiró.
—No sé si esto fue una entrevista o una comedia improvisada.
—¿Y no pueden ser las dos? —replicó Nia guiñándole un ojo.

Leo, mirando a Ale mientras se mueve de un lado a otro, deja escapar un comentario sin pensarlo demasiado:

—Oye, no me había dado cuenta de que el físico de Ale se viera tan bien. Digo, ese traje... te queda bien, y los colores te favorecen mucho.

Apenas termina de hablar, se hace un pequeño silencio. Nia lo mira con una ceja levantada y Sofi intenta contener la risa, mientras Max suelta un leve “chido” disimulado.

Ale, con las mejillas ligeramente sonrojadas, lo mira con una mezcla entre sorpresa y diversión.
—¿Ah sí? No sabía que estabas tan atento a los detalles, Leo, —responde con una sonrisa algo nerviosa pero divertida.

Leo se da cuenta del tono y se lleva una mano a la nuca, incómodo pero riéndose también—¡No, no! O sea, me refiero a... al diseño. ¡Al diseño del traje! hiciste un buen trabajo con los colores, eso.

Nia no aguanta y comenta con una sonrisa burlona:
—Ajá, claro, al diseño. Seguro.

Todos ríen, incluso Ale, que termina relajándose mientras dice en tono amistoso:
—Bueno, al menos sé que el traje tiene aprobación general.

La tensión se disuelve entre bromas, y Sofi, intentando rescatar la seriedad del momento, dice:
—Entonces puedo asumir que la estética funciona, aunque la próxima vez tal vez debas elegir algo menos revelador Ale.

Ale ríe otra vez, hace un leve movimiento con sus caderas que termina distrayendo a sus amigos:
—No, déjalo así. Ya me estoy acostumbrando a esta versión de mí.

Leo estaba observando la libreta de Sofi en la mano, pero sus ojos ya no estaban en ella. Los tenía puestos en Ale.

Ella notó la mirada y arqueó una ceja, sin entender al principio.
—¿Pasa algo? —preguntó con una ligera sonrisa, cruzando los brazos.

Leo tardó en responder, como si se lo pensara dos veces. Luego, soltó con voz calmada pero sincera:
—Ellos tenían razón... —hizo una breve pausa— El traje te queda bastante bien. Especialmente para el momento.

Ale se sonrojó un poco, intentando mantener la compostura.
—¿Para el momento? —repitió con un tono juguetón, queriendo disimular su nerviosismo.

Leo asintió, sonriendo de lado.
—Sí, no sé... es como si todo esto —dijo señalando sus atributos, la casa, el ambiente tranquilo— te perteneciera. Como si ese fuera tu escenario.

Ella bajó la mirada, mordiéndose el labio por un instante antes de reír suavemente.
—Vas a hacer que me lo crea de verdad.

—Deberías —respondió Nia con naturalidad— Ya no es solo una habilidad o un traje. Es tu forma de ser.

Por un momento, nadie de los cinco habló. Solo se quedaron ahí, mirándose en silencio mientras la luz del atardecer los envolvía.

Ale terminó rompiendo el momento con una broma ligera:
—Entonces... ¿eso significa que les gustó el traje?

Leo carraspeó, intentando ocultar una leve sonrisa nerviosa.
—Digamos que... cumple con su propósito —dijo, desviando la mirada para no ver esa cintura y el par de muslos que ella tiene.

—Ajá, claro —rió ella, divertida— Pondré eso en la entrevista de la próxima vez.

Leo soltó una carcajada, rindiéndose.
—Está bien, me atrapaste. Sí, me gustó.

Ale sonrió, satisfecha.
—Lo sabía.

Leo seguía viendo a Ale cada tres segundos mientras ella se movía de un lado a otro, Max miraba el techo, Nia miraba alrededor de la sala, y Sofi, con su expresión tranquila pero determinada, sostenía aun la libreta en una mano.

Sofi sonrió apenas cunado le llegó una idea tan pronto como revisó sus apuntes.
—Olvidamos probar algo con Ale, y creo que vale la pena hacerlo ahora.

—¿Olvidaron probar algo? —repitió Ale, inclinando la cabeza con curiosidad.

—Sí. No tomará mucho tiempo, eso espero —aseguró Sofi, haciendo un gesto para que los siguieran.

Apenas vio a Ale salir, Sofi rápidamente se acercó a ella y le lanzó una nalgada y con la otra mano le agarró un muslo, el ruido hizo que inmediatamente todos voltearan a verla por lo que hizo y solo pudo decir en su defensa:

—Perdón, pero tenía que hacerlo... fue culpa de ese traje que llevas —respondió inocentemente mientras se cubría la cara con la libreta.

Nia se reía un poco, Max la miraba con un leve desagrado, y Leo trataba de disimular su sonrojo por el momento. En todo el breve camino, Leo no podía quitar la mirada de ella, el traje dejaba una hermosa vista a su bello físico de la cual Ale se estaba acostumbrando a mostrar. La corta conversación entre Sofi y Nia lo hacían sentir tranquilo por momentos.

Los cinco caminaron hasta un terreno baldío con algunas cosas desperdigadas por todo el lugar. A unos metros se encontraba el patio de la casa de Ale.

Antes de empezar el entrenamiento, Ale tomó aire y se apoyó sobre una de las tantas llantas que estaban en el terreno, mirando al cielo de la tarde. Tanto Leo como Sofi se acercaron con una sonrisa tranquila, con Leo dejando una botella de agua a su lado.

—¿Lista para ver hasta dónde puedes llegar hoy? —preguntó.

Ale asintió, aunque en su expresión aún se notaba un leve nerviosismo.
—Supongo que sí, aunque no estoy del todo segura de cómo empezar.

Él cruzó los brazos y la observó con confianza.
—No te preocupes tanto. Ya viste lo que puedes hacer en casa, solo necesitas práctica.

Ella lo miró por unos segundos, como si buscara convencerse a sí misma.
—¿Tú crees que realmente pueda controlarlo algún día?

—Claro que sí, Ale —respondió Sofi sin dudar— Eres más capaz de lo que crees. Y si algo se complica, nosotros vamos a estar aquí para ayudarte.

Ale sonrió suavemente, aliviada.
—Entonces no tengo excusa para rendirme, ¿eh?

—Exacto —contestó Sofi, sonriendo también— Ahora, veamos de qué eres capaz.

Ale se estiró los brazos, preparándose. El ambiente se volvió más liviano, lleno de una mezcla de confianza, curiosidad y la emoción de ver a una amiga flexible entrenar. Ale se colocó al centro, tomó aire y empezó a mover los brazos lentamente, como si calentara antes de una clase de yoga, hasta que uno de ellos se estiró más de lo esperado.

Leo, sentado en una llanta, se incorporó sorprendido.
—Whoa, eso fue como... ¿dos metros? —dijo, intentando medirlo con la vista.

—¡Dos metros y medio! —respondió Ale, con tono triunfante pero algo torpe, ya que su brazo todavía seguía estirado y se enredaba en una cerca cercana.

Ella intentó jalarlo de vuelta, pero terminó girando sobre sí misma como si fuera una liga humana. Nia corrió a ayudarla, pero al hacerlo, la fuerza de la tensión la lanzó hacia atrás, cayendo al suelo cerca del terreno. El sonido del golpe resonó por todo el lugar, y luego hubo un breve silencio.

—Estoy bien —dijo ella, levantando un pulgar desde el suelo.

Ale, riendo, logró finalmente recuperar su forma normal.
—Creo que tengo que trabajar en la parte del “volver al tamaño original sin causar una catástrofe”

—O en no llevarte todo el mobiliario contigo —añadió Max, sacudiéndose el cabello.

Ellos rieron, y Ale volvió a intentarlo, esta vez con más control. Sus movimientos se veían más fluidos, casi gráciles, mientras su cuerpo se adaptaba poco a poco a su elasticidad. Sus amigos la observaban con una mezcla de asombro y orgullo. Era torpe, sí, pero también impresionante.

—Vas mejorando —dijo Leo finalmente.
—Gracias —respondió Ale, jadeando— Aunque creo que necesito un casco para la próxima.

Ale respiró hondo, decidida a mejorar su control.
—Esta vez saldrá bien —dijo con confianza.
Sofi, desde una distancia prudente, levantó una ceja.
—Eso mismo dijiste el otro día y te enredaste con los postes de luz. Tardamos casi una hora en bajarte.

Ella sonrió con seguridad y comenzó su nuevo intento: primero estiró los brazos, luego las piernas, y en cuestión de segundos las extremidades parecían una versión más grande de las manos de goma.

—Ok, ¡esto va mejor! —gritó mientras daba un salto elástico hacia una tabla y rebotaba con energía. Pero el rebote fue demasiado fuerte.

El impacto la lanzó hacia una barra paralela, luego giró en espiral y su pierna se enganchó con una cuerda que estaba colgando en un árbol en donde su coronita se encontraba colgando en una rama. Leo intentó sujetarla, pero terminó atrapado también cuando el otro extremo de la cuerda se enredó en su brazo.

—¡Ale, no te muevas! —dijo él, intentando zafarse.
—¡Eso intento! Pero si me muevo, ¡me estiro más!

En cuestión de segundos, ambos quedaron suspendidos en el aire, girando lentamente como dos marionetas atascadas. Las cuerdas se tensaban y soltaban con sonidos de “boing” cada vez que intentaban moverse. Los otros tres solo estaban mirando un poco sorprendidos por la situación, Sofi no pudo evitar soltar una leve risa.

—Esto parece una trampa diseñada por un payaso con doctorado en física —murmuró Max mientras veía Leo quien tenía su cabeza colgando boca abajo.

Ale, sin poder evitar reír, trató de usar su elasticidad para liberarse, pero cada intento solo los enredaba más.
—Prometo que la próxima vez, bueno... ¡lo haré en cámara lenta! —dijo entre carcajadas.

Finalmente, Sofi y Nia se acercaron para ayudar, soltando las cuerdas casi de golpe y ambos cayeron al suelo. Hubo un silencio de unos segundos y luego los cuatro estallaron en risa.

—Bueno —dijo Leo, quien estaba siendo ayudado por Nia— al menos ya sabemos que tu elasticidad funciona a campo abierto.
—Sí, pero también que necesito un asistente, y un manual de instrucciones.

Los cinco estaban ya reunidos en el terreno, acomodados en una especie de semicírculo improvisado con llantas y tablas. Ale estiraba los brazos como si calentara para un espectáculo de circo, mientras los demás la observaban con curiosidad.

Sofi, con su tono tranquilo pero sincero, miró a Leo y comentó:
—Tenía razón en lo que dije hace un momento con ese traje, le queda bien aunque sea un poco revelador.
Leo casi se atraganta con su propia saliva.
—¿Eh? Sí, sí... —dijo rápido, rascándose la nuca y mirando a otro lado— Supongo que... sí, le queda bien, digo, bien en el sentido funcional, o sea deportivo.
Nia, que los escuchó, arqueó una ceja divertida. —Ajá. ‟Funcional”. Claro.
—Solo debiste haber visto al otro lado, se le notaban bien esos muslos y ese trasero colgados —respondió Max, cuyo comentario hizo sonrojar a Leo y Sofi se rió por unos segundos.

Ale, notando la pequeña escena, giró para mirar a todos con una sonrisa.
—¿Ya están listos para ver mi avance o van a seguir analizando mi guardarropa?

Leo levantó las manos. —¡Listo, lista, listos todos! —respondió, tratando de recuperar la compostura.

Nia dio una palmada en el aire. —¡Entonces empieza el show, Su Majestad de los Estiramientos!

Ale rodó los ojos con una sonrisa y tomó aire.
—Bien, pero no se asusten si las cosas se salen un poco de control, ¿de acuerdo?

Los cuatro intercambiaron miradas nerviosas.
—¿“Un poco”? —preguntó Sofi con voz monótona.
—Sí —respondió Ale con una serenidad sospechosa— Solo un poquito.

Ale cerró los ojos unos segundos, respiró hondo y comenzó su demostración. Sus brazos se alargaron suavemente, como si fueran cintas métricas danzando en el aire (aunque los brazos de Ale se movían con fluidez). La forma en que los movía era casi artística, mientras el sol reflejaba en el suelo una sombra que parecía moverse con vida propia.

Nia, que sostenía una cámara improvisada con su teléfono, murmuró fascinada:
—Ok... esto es oficialmente más cool de lo que esperaba.

Max aplaudía lentamente, sin quitarle la vista de encima. —¡Parece un chicle con ritmo!
Sofi suspiró. —Tu descripción arruinó el momento, Max.
―¿Y?

Leo, en cambio, estaba más enfocado. Sonreía con cierta admiración al verla tan concentrada, diferente de su torpeza habitual. Aunque también habían veces en las que se distraía viéndola de otro modo por el traje.
—Vaya... —susurró— parece que de verdad está controlando su elasticidad.

Ale abrió los ojos y, aún estirada, los miró con una sonrisa confiada.
—¿Ven? Si lo hago despacio y con ritmo, puedo mantener el control. Es como una danza.

Nia asintió emocionada mientras abría la libreta de Sofi. —Sí, sí, una danza elástica. ¡Podríamos hacerle un nombre artístico!

—Por favor, no —dijo Sofi de inmediato, aunque ya sabía que Nia no iba a detenerse.

Ale se movía de un lado a otro, extendiendo un brazo para alcanzar un pedazo de madera a unos metros lejos de ella y luego regresándola con precisión milimétrica. Sus movimientos eran suaves, elegantes, casi hipnóticos.

Cuando terminó, los cuatro aplaudieron con entusiasmo sincero.
—¡Fue genial, Ale! —dijo Leo— Esta vez no rompiste nada, ni me lanzaste por los aires, eso es un gran avance.
—Progreso —añadió Sofi con una sonrisa discreta.

Ale soltó una risita, con las mejillas un poco rojas a la vez que acomodaba la tanga.
—Gracias. Creo que ya le estoy tomando el truco.

Nia bajó la cámara y anunció con dramatismo:
—¡Y esto fue solo el primer acto!

Leo observó el terreno baldío con cara pensativa, hasta que sus ojos se detuvieron en un rincón lleno de varillas metálicas. Una idea absurda, pero brillante a su modo, comenzó a formarse en su cabeza.

—Ya sé —dijo de repente, con una sonrisa que a Sofi le pareció peligrosa— Podemos hacer algo diferente para probar las habilidades de Ale.

Nia levantó una ceja. —¿Diferente en plan “divertido” o “llamen a emergencias”? Aunque no se cómo vayan a reaccionar los de emergencias.
—Divertido —respondió Leo, aunque su tono no inspiraba tanta confianza.

Aun así, al escuchar la idea de Leo, los demás aceptaron la propuesta con entusiasmo. Entre los cuatro comenzaron a colocar las varillas en distintos puntos: algunas formando círculos, otras en posiciones diagonales, y un par de ellas suspendidas con cuerdas, como si estuvieran construyendo una estructura de entrenamiento sacada de un programa de televisión japonés.

Ale, mientras tanto, observaba desde arriba, con el torso estirado y las manos apoyadas en unos árboles.
—¿Están seguros de que saben lo que hacen? —preguntó, inclinando la cabeza con curiosidad.

Max levantó el pulgar, orgulloso. —¡Por supuesto! Es un circuito de elasticidad profesional.
Sofi, sujetando una cuerda que no dejaba de moverse, murmuró: —“Profesional” es una palabra muy fuerte para esto.

Cuando finalmente terminaron, los cuatro se reunieron frente a Ale.
—Listo —anunció Leo, secándose las manos— Bienvenida a la siguiente fase de tu entrenamiento: El Desafío Extensible.

Nia levantó un cartel improvisado hecho con una hoja y un marcador. —¡Edición uno! ¡Con premios imaginarios incluidos!

Ale miró el “campo de entrenamiento” con una mezcla de intriga y resignación.
—No sé si esto parece más un circuito de prueba o una trampa para osos —dijo, bajando lentamente al suelo mientras su cuerpo volvía a la normalidad.

—Ambas cosas pueden ser ciertas —comentó Sofi sin emoción, cruzándose de brazos.

Leo dio una palmada para animarla. —Vamos, Ale, confía. Es solo para ver cuánto puedes controlar tu cuerpo entre obstáculos.

Ale suspiró, pero sonrió con confianza.
—Está bien, pero si algo sale mal, ustedes recogen las piezas.

Los cuatro asintieron al unísono, aunque Nia añadió con picardía:
—¿Te refieres a las piezas del circuito o a ti?

Ale rió. —Ya veremos.

Leo se colocó al centro del gimnasio, dando instrucciones con la seriedad de un entrenador profesional, o al menos de alguien que lo aparentaba bien.
—Muy bien, equipo. Primera fase del Desafío Extensible: coordinación y control. Ale, tú serás la participante principal, obviamente. Max y Sofi, ustedes ayudarán con la parte técnica.

Ale asintió, un poco nerviosa. —¿Parte técnica?
—Exacto —dijo Leo, sonriendo— Solo sigan mis indicaciones y nada puede salir mal.

Famosas últimas palabras.

Antes de que Leo o Nia pudieran decir algo más, Max ya había tomado a Ale de las piernas con entusiasmo.
—¡Vamos a darle impulso! —gritó, mientras Sofi, con su calma habitual, sujetaba el otro extremo y decía:
—Esto probablemente no sea buena idea... pero vamos a hacerlo.

Con un conteo improvisado, ambos comenzaron a estirarla hacia una de las varillas como si fuera una cuerda elástica gigante. Ale trató de seguirles el ritmo, extendiendo los brazos para mantener el equilibrio.
—Chicos, ¿están seguros de que—?

¡Zas!

En un segundo, Ale se soltó y salió disparada hacia la varilla, rebotando en ella con precisión milimétrica hasta que su torso se enredó en una de las cuerdas colgantes. Quedó suspendida en el aire, dando vueltas lentamente como si fuera una decoración viviente de gimnasio, su coronita había caído al suelo y fue recogida por Nia.

Leo y Nia se quedaron congelados mirando la escena.
—¿Qué acabo de ver? —preguntó Nia, con una mezcla de asombro y risa contenida.
Leo parpadeó. —No lo sé, pero estoy entre impresionado y preocupado.

Sofi soltó la cuerda, mirando su obra. —Bueno, técnicamente logramos eso del “control y coordinación”. Solo que en el orden equivocado.
Max, mirando hacia arriba, exclamó orgulloso: —¡Miren eso! ¡Perfecta estabilidad aérea!

Ale, girando lentamente en el aire, suspiró con resignación.
—Chicos... no siento las piernas, en serio.
—Eso significa que funcionó —dijo Sofi sin levantar mucho la voz.

Nia ya no podía contener la risa. —¡Esto sí es una demostración! Aunque… tal vez deberíamos bajarla antes de que se vuelva parte del mobiliario.

Leo corrió hacia las cuerdas, tratando de desatarla, mientras Ale reía entre frustrada y divertida.
—La próxima vez, avísenme si “parte técnica” significa convertirme en una marioneta.

—Anotado —respondió Max, levantando el pulgar.

Después del enredo monumental, Leo y Sofi lograron finalmente liberar a Ale de las cuerdas. Max la recibió con cuidado cuando cayó, aunque ambos terminaron rodando por el suelo entre risas.

—Definitivamente necesito un descanso —dijo Ale, estirando los brazos y volviendo a su forma normal poco a poco.
—Sí, eso fue bastante acrobático —respondió Leo, intentando disimular una sonrisa mientras le ofrecía una botella de agua.

Ale se sentó en el suelo, respirando con calma. Sofi le pasó una toalla y comentó con una media sonrisa:
—Al menos ya comprobamos que tu traje resiste cualquier torsión posible.
—Y que ustedes son un peligro con varillas cerca —replicó Ale entre risas mientras se volvía poner su coronita.

Después de unos minutos de descanso, Nia aplaudió para recuperar la atención del grupo.
—Bueno, chicos, ¿seguimos o cancelamos antes de que alguien salga volando de verdad?

—¡Seguimos! —gritó Max con una energía que no parecía afectada por nada.
Ale suspiró y se levantó, estirando los brazos. —De acuerdo, pero esta vez con coordinación, ¿sí?

Leo asintió con gesto serio. —Prometido.

Colocaron las varillas en nuevas posiciones, formando un circuito improvisado. Esta vez, dos de ellos se encargaron de ambas extremidades: Leo tomó las manos, mientras Sofi se tomó ambas piernas.

—¿Lista Sofi, listo Leo? —preguntó Ale con una sonrisa, ya recuperada del susto anterior.
—Listos —respondieron al unísono.

En un movimiento sincronizado, comenzaron a estirarla lentamente, ayudándola a mantener el equilibrio y a controlar su elasticidad con más precisión. Era casi como una coreografía extraña, pero llena de entusiasmo y confianza.

—Si siguen a este ritmo —comentó Nia, mirando el reloj con tono burlón— nos va a tomar todo el día terminar su entrenamiento.
—No importa —respondió Ale entre risas— Mientras no me vuelvan a colgar de los árboles o postes, puedo con todo.

Los demás rieron. Max, quien acariciaba levemente el abdomen estirado de Ale, añadió:
—Prometemos no repetirlo, a menos que sea parte del ejercicio.

Leo negó con la cabeza, divertido. —Solo tú podrías decir eso con tanta seriedad, Max.

Mientras ellos seguían estirando a Ale, a Nia se le ocurrió otra idea para el entrenamiento y se la contó a Max, quien al escucharlo le empezó a seguir la corriente. Ellos se pusieron a preparar otro escenario para probar la elasticidad de su amiga, creando unas especies de aros más grandes que ellos con materiales que encontraron en el terreno baldío y con cosas del patio de la casa de Ale; lo más visible eran los agujeros que tenía, y Ale suponía que algo tenía que ver con los enredos.

Cuando terminaron, ellos se acercaron a Leo y Ale para avisarles que la siguiente prueba ya estaba lista, diciendo también que ella estaría bien en todo eso a pesar de lo poco que confía Leo con el experimento. Sin embargo, las palabras de Ale lo motivan a aceptar la idea de ambos.

Entre risas y suspiros, Leo y Sofi comenzaron a bajar lentamente a Ale, quien todavía estaba con los brazos y piernas tan estirados que parecía salida de una caricatura.

—Con cuidado, no quiero salir disparada otra vez —dijo Ale, moviendo las manos aunque no pudiera hacer algo con ellas.

—Tranquila, tranquila —respondió Sofi, sosteniéndola como si fuera una cuerda elástica que podía saltar en cualquier momento.

Cuando por fin tocó el suelo, Ale respiró profundo y poco a poco fue volviendo a su forma normal.
—Ay... creo que tengo músculos que no sabía que existían —bromeó, mientras se sacudía el polvo del traje.

Nia, que hasta ese momento observaba con una mano en la barbilla, chasqueó los dedos de pronto.
—Ya se los dije, pero tengo una idea mejor para probar tu elasticidad.

Los otros tres la miraron con la mezcla de curiosidad y miedo que solo una idea de Nia podía provocar.
—Sí me lo habías contado, pero... ¿en qué sentido? —preguntó Leo, ya anticipando el caos.
—En el sentido de “divertido y probablemente innecesario” —respondió Nia con una sonrisa que no inspiraba confianza.

En cuestión de minutos, Max y Nia habían traído una especie de estructura con varios aros gigantescos hechos de tubos de plástico, cartón grueso y pequeñas piezas metálicas. Eran tan grandes que Ale podría pasar varias veces por dentro, aunque lo preocupante era que uno de esos aros tenía cuatro agujeros en formas algo sospechosas, como si hubieran sido diseñados para enredar a propósito.

Ale los observó con una mezcla de intriga y resignación.
—¿Eso es parte de un entrenamiento o de una trampa caricaturesca?
—Depende de tu actitud —respondió Sofi, cruzándose de brazos con una sonrisa.

Cuando terminaron de armar el escenario, Leo se acercó a Ale con una expresión más seria, aunque todavía tenía un toque divertido en la voz.
—Bueno, Ale, ahora sí vamos a experimentar de verdad contigo. Prometo que todo va a salir bien... más o menos.

Ale levantó una ceja. —“Más o menos” no suena muy tranquilizador, ¿ustedes dicen la verdad?

—Confía en nosotros —dijo Nia, sosteniendo su teléfono para grabar y que claramente formaba parte del plan.

Ale suspiró, se estiró los brazos como si calentara y sonrió con decisión.
—Está bien, pero si termino con un nudo nuevo, ustedes me deshacen, ¿queda claro?

—Trato hecho —dijeron los cuatro al unísono, mientras Leo contaba en voz alta para empezar el siguiente experimento.

Ale, decidida (aunque algo temblorosa), dejó que sus amigos tomaran otra vez sus brazos y piernas para estirarlas otra vez, cada uno en una dirección diferente formando una especie de X (con Sofi poniéndose la coronita de Ale). Los aros rechinaban un poco, pero ella, acostumbrada a su elasticidad, se movía con sorprendente ligereza mientras daba una pequeña ayuda a sus amigos.
—Ok, chicos... ¿así está bien? —preguntó mientras metía las manos por el primer aro.
—¡Un poco más arriba! ¡Eso es! —le indicó Nia, agitando una cuerda con una mano desocupada como si fuera una entrenadora de circo.

Ale suspiró y los demás extendieron los brazos para alcanzar el segundo aro, con Ale logrando sujetarse con ambas manos. Luego, con una flexibilidad que haría llorar de envidia a Reed Richards, estiró las piernas y las pasó por los agujeros inferiores del primer aro. Leo y Nia se distrajeron un poco al ver cómo las botas del traje pasaban por los agujeros de los aros, Nia sentía la necesidad de verlo más de cerca.

—Muy bien, muy bien —dijo Sofi, asintiendo con un aire de “científica loca satisfecha con su experimento”.
—Ahora... ¡procedimiento dos! —anunció Nia con una sonrisa sospechosamente entusiasta.

Antes de que Ale pudiera preguntar qué significaba eso, sintió que Max y Sofi tomaban sus manos y las amarraban al segundo aro de una manera suave pero firme.
—¿Eh? ¡Un momento! ¿Por qué me están amarrando?
—Es para que no te sueltes —dijo Sofi, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Mientras tanto, Leo y Nia, sin perder tiempo, hicieron lo mismo con sus pies, asegurándolos a la parte inferior del primer aro. En pocos segundos, Ale quedó completamente estirada, con los brazos y piernas extendidos, pareciendo una mezcla entre una estrella y un tendedero de gimnasia experimental.
—¡Perfecto! —dijo Nia, dando un paso atrás para admirar la “obra” a la vez que saca su teléfono otra vez.
—Con esto podremos comprobar tu resistencia estando así de estirada —añadió Sofi, tomando notas en su libreta.

Ale, que apenas podía mover las manos, soltó una risa nerviosa.
—¿Y están seguros de que esto es buena idea?
—¡Por supuesto! —respondió Leo con confianza.
—Solo tienes que aguantar un rato más. ¡Es parte del entrenamiento!

—¿Aguantar un rato? ¿Cuánto es “un rato”? —preguntó Ale, con una gota de sudor bajando por su frente.
—Mmm… lo que tarde en sonar el temporizador de Nia —respondió Sofi.
—¿Temporizador? ¿Qué temporizador?
—Este —dijo Nia, mostrando su celular, que tenía en pantalla un contador de media hora.

Ale abrió mucho los ojos.
—¡¿Media hora?!

Los cuatro la miraron al mismo tiempo, sonriendo con una sincronía sospechosa.
—¡Ánimo, Ale! —gritó Max con entusiasmo— ¡Tú puedes!
—Sí, esto servirá para tu elasticidad, ¡y tu paciencia! —añadió Nia riendo.

Ale suspiró resignada, moviendo los pies mientras pensaba que tal vez debió quedarse practicando en casa.

Sofi, mientras observaba a Ale entre los dos aros como una figura de museo moderno, cruzó los brazos con una sonrisa divertida.
—Sip, teníamos la razón por completo. El traje te queda aún mejor en esta posición —dijo, ajustándose los lentes con aire analítico Resalta la flexibilidad, el color y el—

Pero no alcanzó a terminar su frase. Un ruido la había interrumpido, y cuando cambió su mirada notó que Max estaba jugando con uno de los brazos de Ale como si fuera las cuerdas de un instrumento.

—¿Eh? ¿Qué haces? —preguntó mientras se acercaba a Max que seguía haciendo esos sonidos.
Max giró de inmediato.
—Esto parece una especie de método de tortura medieval, solo que aquí no es letal
—Bueno, en algo tienes razón, lo parece y a la vez se ve como una guitarra u otro instrumento de cuerdas.

Él deja de hacer ruido para acercarse a las manos de Ale, y Sofi ayudó a Ale a estirar su cuello para ver mejor lo que él estaba haciendo. Max simplemente estaba jugando con las manos de Ale estirando los dedos y ‟dándole la mano” de vez en cuando. Sofi y Ale se miraban sin entender del todo lo que su amigo estaba haciendo.

Al mismo tiempo, Leo y Nia se quedaron mirando el torso de Ale que aún mantenía su forma de reloj de arena. Leo, sin pensarlo demasiado, se acercó un poco más para ver mejor. Esto hace que Ale vuelva a estirar el cuello hacia donde están ellos con una mirada un poco nerviosa.

—Se lo que están pensando, ¡pueden seguir mirando, pero no toquen demasiado! —dijo mientras rodeaba a ambos con su cuello.
—No se preocupe —respondió Nia que empezaba a acariciar suavemente uno de los muslos de Ale— intentaremos no incomodarla en lo que nos falta de tiempo.

Así ha sido casi toda la tarde mientras ella seguía estirada así. Leo simplemente estaba observando por los nervios que tenía al verla así y con el traje mostrando lo mejor de ella. Nia seguía poniendo las manos en los muslos, trasero y abdomen de su amiga, a menudo moviéndolas como si hiciera una especie de masaje relajante. Max seguía haciendo ruido con los brazos de Ale.

—¿Eh? ¿Qué... qué pasa? —dijo Ale, con una sonrisa nerviosa cuando sintió que alguien estaba tocando algo que no debía.
—¡Sofi! ¡esa mano! —gritó Nia mientras veía que Sofi puso una mano en uno de los pechos de Ale.
—¿Qué? tarde o temprano alguien iba a hacer eso, y yo quería ser la primera... son tan blandas —fue lo único que ella pudo decir en su defensa.

Ale estaba por decirle algo pero desvió su mirada hacia Leo y Nia, quienes desataron sus pies y siguieron estirando sus piernas. Ale se ponía un poco más tensa por eso.

—¡Chicos! ¡Me están convirtiendo en fideo! —exclamó Ale con voz aguda, mientras sus manos todavía amarradas temblaban en una mezcla entre esfuerzo y pura comedia física.
—¡Aguanta, Ale! ¡no nos tomará tanto tiempo! —decía Leo, que tenía una de las piernas de su amiga y la seguía estirando hasta llegar a la cerca del patio.
—¡Ay no, el traje! ¡Va a estirarse también! —mencionó Nia, llevándose una mano a la cabeza.
—¡Pues que aguante igual que ella! —respondió Leo— después de todo ese traje se adapta a la elasticidad de Ale, tenemos algo de ventaja.

Por el otro lado, Max estiraba el cuello de Ale para que viera lo que estaban haciendo Leo y Nia. Sofi seguía tocando los atributos de su amiga a la vez que jugaba con la coronita que se había puesto. En cuestión de segundos, Ale estaba tan estirada que parecía una versión humana de un adorno de goma.
—¡Por favor Max, haz algo antes de que mi cuello toque el cielo! —exclamó entre risas nerviosas.

Él deja que el cuello de Ale regrese a su lugar mientras ella le dice a Sofi que pare. Por el otro lado, Leo y Nia se preguntaban si soltaban las piernas de Ale de golpe o lo hacían lentamente y con cuidado. Estuvieron pensando por un rato hasta que llegaron a la conclusión de hacerlo despacio, y así lo hicieron. Ellos regresaron con los demás y desataron las piernas de Ale al mismo tiempo que Max y Sofi lo hacían con sus brazos.

Los cuatro se quedaron mirando la escena. Ale parpadeó varias veces, estaba acostada en el sueldo con una expresión de cansancio y con las extremidades todavía alargadas.
—Bueno... —dijo Leo finalmente— Al menos descubrimos que, efectivamente, tu traje es tan resistente como tú.
Ale soltó una risa débil.
—Sí, pero la próxima vez... ¡Sofi no toca nada!

Sofi levantó una mano con una sonrisa nerviosa.
—Prometo no volver a hacerlo... aunque fue un poco divertido.
—¿Todo bien, Ale? —preguntó Nia, conteniendo la risa.
—Sí... aunque si me dejaban así por mucho más tiempo iba a convertirme en una especie de tendedero —respondió Ale, medio resignada.

Leo y Max comenzaron a acomodar sus piernas con cuidado, Sofi y Nia acomodaban sus brazos. Cuando terminaron, Ale trató de levantarse, cayendo suavemente en brazos de Leo y Max (quien no dudó en agarrarle una nalga), estirándose todavía un poco más antes de recuperar su tamaño normal.

Fwooosh.

El sonido de su cuerpo volviendo a su estado original resonó por todo el terreno baldío.

—Ahh... mucho mejor —suspiró Ale, moviendo los hombros con alivio— Aunque siento que ahora puedo alcanzar el refrigerador sin pararme en puntas.
—¡Eso fue épico! —dijo Max, levantando el pulgar— ¡Parecías una superheroína en entrenamiento!
—Más bien parecía una liga humana —añadió Nia con una carcajada— pero igual te veías genial, Ale.
Sofi asintió, acomodándose el cabello.
—Lo importante es que resististe sin romperte, ni tú, ni el traje. Eso ya es un logro.
Leo sonrió, viéndola más tranquila.
—Y además, diste un espectáculo digno de un circo que está lleno de rarezas —bromeó, levantando la libreta de Sofi y el teléfono de Nia que había grabado todo lo sucedido.
Ale soltó una risa suave y se estiró los brazos, literalmente, hasta tocar las cabezas de todos.
—Bueno, si eso no fue entrenamiento, no sé qué fue.

Todos rieron al unísono hasta que Leo dio unas palmadas para llamar la atención de todos.
—Muy bien, equipo, nueva fase del entrenamiento —dijo con una seriedad sospechosa, señalando un punto en medio del terreno— Pónganse todos lejos de aquí... sí, más lejos. Max, un poco más... más... ¡más!

—¿Tan lejos quieres que vaya? —preguntó Max, gritando desde el otro extremo.
—Sí, por si acaso. Nunca se sabe con Ale —respondió Leo, cruzándose de brazos.
Nia arqueó una ceja.
—¿Y qué se supone que va a hacer ahora?
Leo sonrió.
—Ale va a demostrar precisión y control. Quiero que atrape a uno de ustedes y lo traiga hasta aquí.
—¿Atrapar? —repitió Sofi, retrocediendo un paso— ¿Literalmente?
—Exacto —confirmó Leo con un gesto teatral.
Ale se estiró un poco los brazos, giró los hombros y sonrió confiada.
—Eso suena fácil. Solo tengo que apuntar bien, ¿verdad?
—Exactamente —dijo Leo, levantando el pulgar— Piensa que es como lanzar una cuerda, solo que tú eres la cuerda.
Nia rió.
—Esto va a ser buenísimo.

Ale respiró profundo, acomodó los hilos de su tanga, y apuntó con una mano hacia el grupo y dijo con tono heroico:
—¡Estén listos o no allá voy!

Su brazo se estiró de inmediato con un whoosh, atravesando el terreno sin problemas. Los demás apenas alcanzaron a reaccionar antes de que la mano de Ale envolviera sin querer tanto a Sofi como a Max en el mismo movimiento.

—¡Eh, espera, no! ¡Eran “uno de tus amigos”! ¡No dos! —gritó Leo riendo.

—¡No fue mi culpa! ¡Se movieron al mismo tiempo! —respondió Ale, intentando jalar el brazo de vuelta.

Pero el problema era que Sofi y Max no estaban exactamente cooperando.
—¡Suelta, suelta! ¡Nos vas a hacer dar vueltas! —gritó Sofi, mientras Max reía diciendo “¡Weeee, esto es como un parque acuático sin agua!”

El retroceso fue inmediato: Ale tiró del brazo de regreso con fuerza, y los dos salieron volando hacia ella, aterrizando frente a Leo con un sonoro plaf.
—¡Lo logré! —dijo Ale, triunfante, mientras Sofi y Max se quedaban en el suelo medio mareados.
—Sí, aunque tal vez demasiado bien —respondió Leo, rascándose la cabeza.

Nia se acercó y tomó una foto con su celular.
—Esto va directo a algo especial, junto a todo lo demás —dijo entre carcajadas—: “Ale, la elástica que no falla (aunque te lleves a alguien de rebote)”.
Ale soltó una carcajada, mientras sus brazos volvían a su tamaño normal.
—Bueno, no fue tan difícil, aunque la próxima vez apuntaré mejor.
—Sí, por favor —dijo Sofi, aún en el suelo— Mis piernas siguen vibrando.
Leo sonrió satisfecho.
—Perfecto. Ahora sí, creo que estamos progresando.

En ese instante, Max se acercó a Ale para pasar una mano suavemente a la cintura de ella y Ale le da un pequeño codazo mientras mostraba un pequeño sonrojo.
Leo suspiró.
—...bueno, casi progresamos. Pero ahora pasemos al siguiente ejercicio: estiramiento sincronizado.

—¿Sincronizado con Ale? —preguntó Sofi, levantando una ceja.
—Exacto —respondió Leo con total confianza— Si logramos seguir su ritmo, tendremos coordinación perfecta.

Nia se rió.
—Perfecta, ajá, o acabaremos con las piernas hechas nudo. Cincuenta y cincuenta.
Ale se colocó al frente, estirándose de una forma más natural.
—Solo sigan mis movimientos, ¿sí? No es tan difícil.
Max levantó el pulgar.
—¡Fácil! Si tú puedes hacerlo, nosotros también.
—No estoy segura de eso —murmuró Sofi, ya sospechando lo peor.

Ale empezó suave: brazos al frente, giros de cintura, piernas un poco abiertas. El grupo la imitaba torpemente como si fuera el primer día de un gimnasio.
—¡Eso! —decía ella— ¡Uno, dos, tres!

Hasta ahí todo iba bien hasta que Ale, sin pensarlo, extendió sus brazos hasta tocar la cerca del patio de su casa.

—¡Eh! ¡Eh! ¡Demasiado lejos! —gritó Max, tratando de copiarla y cayendo de espaldas al instante.
—Max, la idea es “sincronizar”, no “romperte” —dijo Sofi entre risas.
Nia, por su parte, intentaba mantener el equilibrio.
—¿Cómo haces para no caerte cuando te estiras tanto? —preguntó.
—Práctica —respondió Ale, con una sonrisa tranquila— Y algo de genética, creo.
Leo observaba desde atrás, dirigiendo el ritmo.
—¡Muy bien, equipo! ¡Ahora, todos sigan a Ale en el estiramiento lateral!

Ale giró suavemente a la izquierda, pero su torso se alargó tanto que su cabeza quedó justo enfrente de un árbol.
—¡Hola, arbolito! —bromeó.

El resto trató de imitarla, pero el resultado fue un desastre: Nia se enredó con su propia pierna, Sofi quedó casi doblada en forma de “Z” y Max simplemente terminó rodando hacia una esquina.

Leo suspiró, tratando de mantener la compostura.
—Bueno, al menos todos se estiraron. De algún modo.
Ale, riendo, volvió a su tamaño normal y ayudó a levantar a sus amigos.
—Tal vez deberíamos probar algo más simple —dijo ella.
—¿Más simple? —repitió Sofi— Después de esto, lo más simple sería quedarnos quietos y respirar.
—Eso también cuenta como yoga, ¿no? —preguntó Nia con tono burlón.
—Sí, pero sin riesgo de salir volando —añadió Leo, riéndose finalmente.

El grupo terminó sentándose en el suelo, riendo del caos que habían provocado.
Max levantó una mano.
—Propuesta: el próximo ejercicio sea ver quién logra no moverse por cinco minutos o incluso más.
Ale asintió, divertida.
—Me gusta, aunque conociéndolos, seguro alguien tropieza con el silencio.

Ellos permanecieron en pleno descanso mirando al cielo, recordando todo lo que han pasado en este día con la peculiar habilidad de Ale. Observaban como estaba atardeciendo, el cielo se decoraba de unos buenos colores que, con solo verlos, levantaba los ánimos de seguir. Y así fue. Leo se levantó y pidió que los demás lo hicieran también para dar paso a una última prueba a las habilidades de Ale.

—Muy bien, equipo. Llegó el momento de ver cuánto ha mejorado Ale hoy. —Sonrió— Este será el ejercicio final: demostración libre.
Ale asintió, algo cansada pero relajada.
—De acuerdo. Prometo no estirarme demasiado esta vez.
—Gracias, se agradece —dijo Sofi, acomodándose el cabello todavía despeinado del estiramiento sincronizado.
Nia tomó su teléfono para grabar otra vez.
—¡Esto va directo al archivo de entrenamiento legendario!
Max alzó el pulgar con entusiasmo.
—¡Vamos, Ale! ¡Enséñanos tu modo pro!

Ale se colocó en el centro del gimnasio. Cerró los ojos un momento, respirando hondo.
Las luces se reflejaban suavemente en el suelo, y por un segundo todos guardaron silencio.

Entonces, ella empezó. Con un movimiento fluido, estiró sus brazos hacia los lados, perfectamente equilibrada. Después, con elegancia, los movió en círculos amplios y precisos, controlando cada centímetro de su cuerpo. Sus piernas se extendieron de forma coordinada, como si el aire mismo le respondiera. No había esfuerzo, ni torpeza, solo armonía.

Leo murmuró, impresionado:
—Su control es mucho mejor que al inicio. Ya no se tensa ni pierde ritmo.
Sofi asintió, sonriendo.
—Sí, ahora parece algo o alguien completamente natural.

Ale giró en el aire, creando una figura casi circular con su propio cuerpo antes de volver a su forma normal sin tropezar ni tambalearse. Al aterrizar, el suelo ni siquiera crujió: pura suavidad.

Nia, con el celular aún grabando, dijo emocionada:
—¡Eso fue increíble! ¡Hasta pareció coreografía!
Max la observaba con los ojos brillando.
—Al principio apenas podía estirarse sin confundirse, ¡y ahora parece una acróbata profesional!
Ale soltó una risa tranquila.
—Supongo que la práctica sirve, ¿no?
Leo cruzó los brazos, con una sonrisa orgullosa.
—Sirve mucho. Pero lo que más importa es que ya no te da miedo usar tu habilidad frente a nosotros.
Ale lo miró, pensativa.
—Sí, creo que por fin la siento como parte de mí. No algo raro, ni algo que esconder.

Hubo un breve silencio, el tipo de pausa sincera que se da cuando todos se entienden sin decir nada.

Sofi rompió la calma con un tono suave:
—Entonces, ¿mañana seguimos con la segunda parte del entrenamiento?
Nia se levantó enseguida.
—¡Solo si hay desayuno incluido!
—Y si Max no hace nada raro otra vez —añadió Sofi con una sonrisa de lado.
—¡Mira quién habla! ¡tú empezaste a hacer cosas más raras que yo! —protestó él.
Ale rió, quitándose el polvo de su traje.
—Trato hecho: desayuno, sin accidentes, y un poco más de práctica.
—Perfecto —dijo Leo, levantando el pulgar— Hoy terminamos con éxito.

Y así, entre bromas y comentarios, los cinco regresaron a casa. Estuvieron por un rato hablando de los planes que iban a tener para los días siguientes, queriendo ver cómo ha estado mejorando Ale con todo esto. Sofi le prometió que le traería algo especial cuando venga a visitarla, lo cual dejó más que contenta a su amiga. Cuando todos se fueron se dispuso a ordenar la casa por el leve desastre que hizo en la mañana. Sus brazos se extendían tres metros para levantar montones, sus piernas se alargaban para alcanzar cosas en la repisa y una risita suya era constante cada vez que algo hacía pop o rebotaba por error. Cuando terminó de acomodar todo lo mejor que pudo (es decir, 65% acomodado y 35% misteriosamente peor), hizo un repaso en su mente a todo lo que vivió en todo el día con una sonrisa en su rostro.

Ya era muy noche cuando finalmente entró a su cuarto. Se quitó las botas, dejó su traje sobre una silla, se puso su ropa de dormir y se metió en la cama. Estaba tan cansada que ni siquiera apagó la lámpara. Se quedó dormida en cuestión de segundos.

Al día siguiente, luego de haberse levantado con algo de dificultad, se preparó para la novedad del día. Había oído que alguien estaba tocando la puerta y no dudó en abrir, cuando lo hizo vio que se trataba de Sofi que traía una pequeña caja. Ella dejó pasar a su amiga quien al entrar deja la caja en una mesa.

—Buenos días... ¿qué... qué quieres? —preguntó aún recuperándose del sueño que todavía tenía.

—Tus amigos me dieron esto para que pudieras verlo —dijo Sofi señalando la caja que todavía estaba cerrada— Será algo rápido, no creo que tardemos mucho.

Ale se estiró un poco, tomó su coronita extendiendo un brazo de forma exagerada, y se la puso mientras bostezaba.

—Ok, quiero ver, quiero ver

Sofi comenzó a despegar la cinta que había en la caja y después la destapó, en ambas se podía ver una pequeña emoción. En esa caja se había revelado una figura pequeña de Ale hecha a mano. Era una figura con detalles exagerados: la pose dinámica, el brazo extendido, la forma tan marcada de sus atributos, el detalle bien cuidado del traje y una expresión levemente avergonzada.
—¿Esa soy yo? —preguntó Ale.

—Sí —respondió Sofi, sonriendo— Max y yo la hicimos. Nos tomó casi toda la mañana darle forma y pintarla.
Ale se inclinó hacia adelante, impresionada.
—Vaya, se nota el trabajo. ¿Lo hicieron sin referencias?
—Bueno, usamos algunas fotos tuyas del entrenamiento pasado —admitió Sofi— Queríamos que quedara con esa energía de movimiento.

Ale tomó la figura con cuidado, girándola entre sus dedos.
—Tiene hasta mi coronita y esa expresión de “lo tengo todo bajo control... creo”.
Sofi observó mientras se arreglaba el cabello.
—Encaja perfecto con el circuito que hiciste ayer. Es como si fuera parte del concepto.
—Exactamente —dijo Ale, chasqueando los dedos
— Es parte de una idea que estamos preparando. Queremos que todo esto sea más visual, más representativo. Algo que exprese tu estilo en pocas palabras.
Ale asintió con entusiasmo.
—La tuya fue la primera porque ya sabíamos que ibas a destacar en esto, te conocemos muy bien Ale.

Ale miró a Sofi, sonriendo con genuino aprecio.
—De verdad gracias. Es precioso. Y un poco raro verme en miniatura —añadió riendo.
Sofi cruzó los brazos con una sonrisa divertida.
—Bueno, si hacen una mía, que tenga músculos y cara de héroe.
—Ya veremos —dijo Ale— Primero vamos a continuar con el entrenamiento como dije ayer
Sofi levantó la vista.
—¿Qué? pensé que era algo que solo dijiste para sentirte bien
—Lo decía en serio, pero ya verás que te gustará esta siguiente parte del entrenamiento — Afirmó Ale que ya estaba en la entrada de la casa.

Ambas se rieron, relajadas. Ale estiró un brazo y colocó la figura sobre la mesa del comedor, aún con esa sonrisa suave.
—Entonces, esto será parte del proyecto que están preparando, me gusta. Tiene algo especial.

Ambas salieron de la casa para ir a su siguiente dirección y continuar con el entrenamiento. En el camino hablaban de lo que sucedió ayer y lo que ella podría hacer con sus habilidades y su traje, aunque Sofi se limitó a decir que debería usarlo para momentos especiales, y la primera vez que lo usó fue solo el principio. Ale llegaba a avergonzarse un poco al recordar lo que Sofi hizo cuando la habían estirado.

—Creo que... —Sofi se inclinó un poco hacia ella— esta vez te pasaste.

Sofi la mira, sonríe más, y le responde con un encogimiento de hombros:
—Pero estuvo divertido.

Antes de que Sofi pudiera continuar, recibe un codazo por parte de Ale.

—Como sea. Espero que estés preparada para lo siguiente. Ya verás que tendremos nuevos obstáculos y nuevas pistas para que pongas a prueba tu elasticidad —anunció— Ya pasaste por el entrenamiento del entrenamiento, por así decirlo. Ahora viene lo siguiente. Lo mejor de lo mejor.

Ale abrió los ojos de la emoción como si hubiera escuchado música gloriosa. Sofi levantó la mirada, dejando ver que estaba más que confiada en que todo iba salir bien. Ale se quedó viendo por unos segundos el camino que estaban tomando, ella podría regresar sin problemas estirándose, pero ahora quería dar un paso más hacia adelante. Volteo para ver a Sofi que aún sonreía, y supo que estaba más que lista para continuar.

—Andando —dijo levantó una mano como señal de aprobación

Y así fue como empezaron un día más en la enredada vida de Ale. Pasaron por unos pequeños enredos ayer con el entrenamiento y el nuevo traje, pero ahora está decidida a seguir con todo al estar más que motivada por sus amigos, quiere ver lo que es capaz de hacer con poco esfuerzo. Así es la querida reina del caos.

The End












































































MDMABKABD HALP

lunes, 16 de junio de 2025

Una solidaridad tranquilizadora | 𝓢𝓪𝓴𝓲 - Capítulo 5 | Escrito por: PantsuDesu & possiblycones

Saki sabía que tenía que decir algo en algún momento. ¿Cuánto tiempo había pasado? Probablemente sólo unos segundos, pero le pareció mucho, mucho más tiempo. Había imaginado todo tipo de posibles reacciones que Izumi podría haber tenido al ver su cuerpo alargado, pero por el momento apenas estaba consiguiendo nada de ella más allá de una mirada con los ojos muy abiertos.

Aún no ha huido gritando, supongo que es un comienzo.

Pero aunque su reacción era tan moderada como Saki podía esperar, al mismo tiempo resultaba frustrantemente difícil averiguar qué sentía Izumi ante lo que tenía delante. ¿Debía decir algo? ¿Esperar a que lo asimilara todo? Saki vio que la mirada de Izumi se desviaba de la suya y se centraba en algún lugar a su izquierda.

¿Qué está mirando?

Saki recorrió mentalmente la línea de visión de Izumi, empezando por sus ojos y recorriendo la habitación hacia...

OH NO...

Saki no había prestado mucha atención a los detalles de cómo se había estirado con los ojos cerrados. Era todo lo que podía hacer para no estallar por los aires, dada la presión que le provocaba la culpa, y se había limitado a dejar que su cuerpo avanzara hacia donde le pareciera oportuno, lo que, por desgracia, significaba dejar las piernas al otro lado de la habitación mientras su torso se abría paso por el aire, dejando totalmente al descubierto las bragas que antes cubrían su jersey. Esta vergonzosa constatación le hizo darse cuenta de dónde había ido a parar cada parte de su cuerpo: el vientre enroscado en lo alto de la mesa de café, los brazos extendidos sobre el sofá, que apenas llegaban a la altura de Izumi, sentada en el centro, y el cuello retorciéndose a través de varios bucles mientras se extendía aún más desde su torso hacia el otro lado de la habitación.

Fue entonces cuando se dio cuenta de lo cerca que tenía la cara de Izumi, a menos de medio metro de distancia. Se echó hacia atrás, retrayendo descuidadamente el cuello y el torso en un esfuerzo por recuperar el sentido de la decencia. Sin embargo, su equilibrio era delicado en el mejor de los casos, dada su posición horizontal, y en cuanto empezó a moverse de nuevo, se encontró cayendo al suelo con un impacto sordo y saltarín. Sus piernas se deslizaron hacia arriba y por encima de la mesita, y su rostro sonrojado se distanció del de Izumi mientras su cuello, piernas y torso volvían a compactarse. 

«Lo siento. Lo siento. No estaba prestando atención a dónde me estiraba y...»

Izumi la hizo callar levantando la mano. Respiraba agitadamente y su rostro delataba su sorpresa; sorpresa, pero no horror, para alivio de Saki. Se tomó un momento para serenarse, echando miradas furtivas a derecha e izquierda a los miembros graciosamente extendidos que la rodeaban por ambos lados. Con sumo cuidado, manipulando los brazos extendidos como si fueran de cristal y no de goma, los levantó, sólo para sentir cómo la piel inmaculadamente suave se deslizaba lentamente por sus palmas, retrayéndose hacia el cuerpo de Saki, que había logrado acomodarse en el suelo, sentado. 

‟Yo... eh... ya veo por qué has estado enloqueciendo”

Las mejillas de Saki ardieron de un rojo oscuro mientras Izumi se esforzaba por aclararse.

‟¡No te preocupes! No se lo diré a nadie, ¡lo juro! Sólo estoy un poco... bueno, más que un poco sorprendida. Es estúpidamente raro, no voy a mentir. ¿Qué demonios estaba mirando? ¿Qué te acaba de pasar?”

Saki tardó un rato en responder; la conmoción de su torpe exposición accidental no había hecho más que empeorar aún más sus ya de por sí crispados nervios.

«Yo... me estiré. Es algo que mi cuerpo simplemente puede HACER ahora. No sé cómo funciona, ni si algo más va a cambiar, ni si aún puedo mantenerlo en secreto para los demás, ni...»

La voz de Saki tembló y se quebró, sus ojos se llenaron de lágrimas cuando las emociones contenidas durante todo el día empezaron a aflorar. Izumi bajó las manos en respuesta, colocándolas sobre las de Saki. Saki casi se apartó instintivamente del contacto, momentáneamente asustada de que tener las manos de Izumi sobre las suyas traicionara la maleabilidad de su cuerpo, pero entonces recordó lo que había sucedido. Sus secretos ya estaban al descubierto ante su amiga, y la aceptación que Izumi sentía por ella se había mantenido firme; ya no había necesidad de secretos, al menos no con ella. 

‟Oye, tómatelo con calma. No sientas que tienes que explicarlo todo a la vez. Déjame hacer todas las preguntas; iré despacio. Relájate”

Las dos se miraron a los ojos y respiraron hondo.

‟¿Estás bien?”

«...Sí. Pregunta. Estoy... estoy lista»

‟Entonces. ¿Esto es como un poder que tienes ahora? ¿Puedes estirarte cuando quieras?”

«¿Un... poder?»

Saki ni siquiera se lo había planteado así. En retrospectiva, parecía obvio; después de todo, estaba claro que ahora podía hacer cosas que nadie más podía hacer, pero ¿pensar en ello como algo tan impactante? No estaba segura de estar preparada para dar tanta importancia a sus nuevas habilidades. En el mejor de los casos, se trataba de una simple rareza, algo que tal vez podría ayudarla a sentirse un poco más especial. Los poderes significaban cambiar el mundo. Poderes significaba presumir ante el mundo.

‟¡Sí! ¡Lo que acabo de ver parece sacado de una película o algo así! A menos que haya algún tipo de gran inconveniente del que no me estés hablando... espera... no hay ninguno, ¿verdad?”

«Bueno, nada que yo sepa, pero hay... algo más. No es sólo que pueda estirarme cuando quiera, sino que todo mi cuerpo parece ser... maleable... como si ya no estuviera hecho del mismo material. Mira mis manos. Todavía parece que tengo articulaciones, ¿verdad? Pero apriétalas y verás lo que pasa.»

‟¿Apretarlas?”

«No dolerá, confía en mí.»

Izumi se inclinó para agarrar la mano izquierda de Saki y levantarla con la suya. Se sentía normal, con todas las hileras de nudillos definitivamente sólidos alineados en sus lugares apropiados. Pero entonces, con sólo apretar un poco la suya, sintió que todo cambiaba. La rigidez de los dedos y nudillos de Saki desapareció, y la estructura de la propia mano cedió a la presión de Izumi. La palma de Saki se hizo bola de la misma forma que lo haría un trozo de papel, mientras sus dedos empezaban a apuntar en direcciones extrañas y a caer en suaves arcos. Izumi soltó unos cuantos improperios en silencio antes de encontrar la voz para hablar en voz alta.

‟¿Qué demonios... puedes... sentir todo esto? Parece que te estoy rompiendo todos los huesos de la mano.”

«Bueno, para ser sincera, ya no estoy segura de tener huesos que romper. Sigo sintiendo cada uno de los dedos y sé que ejerces mucha fuerza sobre mis manos; eso no ha cambiado. Simplemente no me duele de la manera que sé que me hubiera dolido antes.»

Fue un gran alivio para Saki hablar por fin de las cosas extrañas que habían estado ocurriendo durante todo el día a un público tan interesado; un público que parecía perdido en la sensación de sentir una mano cálida que prácticamente rezumaba entre sus dedos. A pesar de su forma distorsionada, Izumi aún podía sentir el suave pulso en el punto en el que su mano se unía a su muñeca, algo que cimentaba para ella la realidad de lo que veía y sentía ante sí, que la mano sobre la que presionaba estaba conectada a un ser vivo. El cuerpo de Saki había cambiado de forma permanente, eso era evidente, e Izumi haría lo que fuera necesario para ayudarla a adaptarse a los obstáculos que le plantearan sus nuevos poderes.

Pero había algo más, algo en la mente de Izumi que no acababa de comprender, que echaba raíces mientras seguía amasando el material pastoso de la mano de Saki, con los ojos brillantes al ver el movimiento hipnótico de la carne de plástico retorciéndose y cambiando en su agarre...

«...¿Izumi? ¿Estás bien?»

‟Lo siento. Estaba... pensando en algo.”

Izumi dejó caer la mano de nuevo en el regazo de Saki mientras ambas observaban cómo volvía a tomar forma lentamente, desplegándose hasta que nadie adivinaría que acababa de ser compactada y retorcida de una forma tan extraña.

‟¿Y ahora eres... siempre así?”

«Quiero decir, todavía puedo tener suficiente solidez para agarrar cosas y comer cuando lo necesito, gracias a Dios, pero sí. Incluso si no me estoy estirando activamente, todo lo que hace falta es un pequeño empujón y mi cuerpo simplemente... me sigue la corriente.»

‟...Lo que te lleva a preocuparte de que tu cuerpo haga cosas que no querías que hiciera y de repente tener los ojos de todo el mundo y de su madre puestos en ti.”

«Sí... eso es más o menos exactamente... añádele el hecho de que se vuelve difícil de controlar cuando me estreso y ha sido mucho con lo que lidiar.»

‟¿En serio? Ya veo por qué has tenido un día tan duro: el trabajo, el restaurante y... yo. Lo admito, con la forma en que has estado actuando hoy realmente pensé que había hecho algo mal; espero estar ayudando al estar aquí.”

«Lo estás haciendo, créeme.»

‟Si te hace sentir mejor, probablemente lo has manejado mucho mejor de lo que yo lo hubiera hecho; o por lo menos, mucho más competentemente- NUNCA hubiera adivinado que algo TAN extravagante estaba pasando contigo, así que apoyo en eso... Aunque eso no quiere decir que no esté EXTREMADAMENTE celosa.”

«¿Celosa? Acabo de decir que me he pasado el día enloqueciendo con estas cosas.»

‟Lo entiendo, pero ¿en serio quieres decirme que no hay NADA genial que hayas podido hacer con tus poderes? Seguramente habría pensado que alguien tan inteligente como tú podría descubrir algo.”

Bueno, hice... eso... antes. ¿Debería decírselo?

No. No debería. La haría sentir incómoda. Ya le he echado encima demasiadas cosas raras para que las asuma y las acepte. Lo último que Izumi necesita es mi fetichismo espeluznante para convertirme en una carga aún mayor para ella.

‟...¿Saki? Saa-kiii... ¿hola? ¿Sigues aquí?”

Izumi había empezado a agitar una mano hacia abajo delante de su cara despistada.

«¿Eh? Oh, claro. Err- no realmente, supongo. ¿Quizás pueda usarlos para tareas o algo...? Eso podría ser útil...»

‟Patrañas. ¿En serio no vas a probar lo que puedes hacer ahora? ¿De verdad estás TAN desinteresada?”

«Bueno, no... no es eso. Déjame tomar algo en lo que estaba trabajando.»

Desde donde Saki estaba sentada, levantó un brazo y empezó a estirarlo hacia la cocina adyacente, haciendo que una inmediata expresión de asombro volviera a aparecer en el rostro de Izumi.

«¿Podrías... podrías aguantar ahí un segundo?». Izumi se levantó del sofá y empezó a caminar junto al brazo alargado, que Saki había depositado sobre la mesa de la cocina una vez detuvo su estiramiento para no cansarse. Izumi extendió una mano, cerniéndose sobre la extremidad como si tocarla fuera a romper la ilusión que permitía tener ante sí un espectáculo tan fantástico.

«...¿puedo?»

Saki asintió, embelesada, al sentir entonces la sensación aún desconocida y distante del tacto de Izumi en su brazo, a varios metros de distancia del resto de ella, mientras recorría suavemente con sus dedos una pequeña porción de piel. Estaba claro que su aspecto, su calor y su textura seguían siendo humanos, pero la tensión de la piel no se parecía a nada que hubiera sentido antes. Era como un globo casi lleno; no había holgura en ninguna parte, pero tampoco se sentía estirada hasta el límite. Era todo lo elástica que necesitaba ser, y poseía una suavidad y una tersura sobrenaturales, con una amortiguadora cantidad de elasticidad. Izumi se dio cuenta de que llevaba un rato pasando los dedos por el brazo de Saki.

‟Esto no es demasiado raro, ¿verdad? ¿Debería parar? Después de todo, esto sigue siendo parte de tu cuerpo.”

«No pasa nada. Que estés tan intrigada sobre esto como lo estás tú es agradable; me hace sentir menos sola al estar completamente confundida en lo que está pasando.»

‟Todavía no puedo creer que esto sea real... ¡esto no debería ser posible! ¡No para de pasar! ¿De dónde viene todo este brazo? Entiendo que ahora es elástico, ¡pero mira esto! No parece más delgado que al principio.”

«Te lo diría si lo supiera. Mi cuerpo debe estar haciendo ALGO para seguir el ritmo, mi apetito se ha disparado desde que cambié. Pero en realidad, no tengo ni idea de cómo funciona, lo que todavía me da un poco de miedo, pero al menos no parece dañino.»

‟Eso me recuerda. No puedo creer que no haya preguntado esto ya, pero ¿¡CÓMO!? ¿Cuánto tiempo has estado así?”

«Desde anoche. Más o menos. Los husos horarios lo complican todo. Diría que algo más de un día. Aunque tardé unas horas en darme cuenta».

Izumi miró el reloj. Eran poco más de las nueve de la noche.

‟Poco más de un día... eso significaría que aún estabas en el avión... y... de ninguna manera. Ni de broma. ¿EL VIAL? ¿Esa cosa con la que te enviaron a casa hizo todo esto?”

Saki asintió en señal de confirmación.

«Esa es mi mejor suposición hasta ahora. Tropecé, el vial se rompió y sentí como si todo el compuesto me hubiera sido absorbido por las manos. Unas horas más tarde, estaba esparcida por todo mi dormitorio y enloqueciendo a lo grande.»

‟Esparcido por todas partes... err... quiero decir... ¿En serio? A ver si lo entiendo: ¿quieres decir que llevo años trabajando en un laboratorio de superhéroes y nadie se ha parado a decírmelo? Lo primero que hago el lunes es irrumpir en el laboratorio y beberme un maldito litro entero de...”

«¡No! ¡Esa es la cosa! Creo... creo que soy sólo yo... como si fuera un caso atípico o algo así. Escuchaste a Mokuzai, ¿verdad? Ignoran por completo que esto pueda suceder... si fuera un efecto habitual, ya tendríamos que haberlo oído.»

Izumi pensó un momento en lo que acababa de decir Saki. Recordó que no había prestado demasiada atención a la conversación que siguió a la confirmación de que Saki no sería despedida, y había atribuido toda aquella charla sobre los efectos secundarios a la tendencia de Saki a darle demasiadas vueltas a todo. Ahora las cosas empezaban a aclararse un poco más.

‟Bueno... supongo que tiene sentido. Je... supongo que nunca hicieron pruebas exhaustivas con la demografía de los personajes de anime”

«...Qué»

‟Quiero decir, sin ofender, ¿pero ese pelo rosa? ¿Y los ojos verdes? Admítelo, siempre has tenido unos genes ridículos. No sé nada de lo que pasa en los laboratorios, pero creo que entre tú y las flores de Hanabira hubo suficiente ADN chiflado como para hacer... bueno, ¿cómo se llama lo que haces ahora? ¿Extensible? ¿Gomosidad?”

«Creo que lo más lógico es llamarlo elasticidad... aunque todavía no lo he hablado con nadie.»

‟Seguro que la elasticidad real no tiene nada que ver con todo esto.” Izumi señaló el brazo que abarcaba toda la habitación. ‟Pero no tengo ninguna idea mejor, así que qué sé yo.” Izumi retiró las manos del brazo de Saki y las puso en sus caderas. ‟Maldita sea... poderes elásticos... definitivamente no es lo que esperaba ver hoy.”

Para entonces, Saki se había levantado del suelo y se había trasladado al sofá, dejando mucho espacio libre a su lado. Mientras tanto, el brazo que tenía extendido hacia la cocina permanecía inmóvil, haciendo que su hombro rotara en direcciones mucho más allá del rango de movimiento humano a medida que se recolocaba.

«De todos modos, déjame mostrarte lo que estaba consiguiendo. Pasé un rato probando cosas, tomando notas y demás. Aunque no llegué muy lejos».

Más que nada porque... me distraje.

El brazo de Saki empezó a serpentear aún más, alcanzando los cajones de la cocina mientras Izumi retrocedía, limitándose a observar con asombro cómo su amiga maniobraba su cuerpo con gran habilidad y precisión, manipulando con facilidad objetos situados a muchos metros de distancia con la misma gracia con la que lo habría hecho si hubieran estado justo a su lado...

«Eh, ¿una ayudita?»

Izumi volvió a salir de su asombrada observación, y se dio cuenta de que, si bien Saki había conseguido abrir el cajón hacia el que había tendido la mano, ahora se había quedado algo desamparada, rebuscando indiscriminadamente en el interior sin poder ver lo que estaba agarrando.

«Hay un bloc de papel ahí dentro... ¿puedes sacármelo? Estoy... teniendo un poco de problemas... pensé que podría conseguirlo por mi cuenta...»

Izumi no pudo evitar soltar un pequeño bufido al ver la mano de Saki agitándose a ciegas dentro del armario. Todo este tiempo, Izumi había estado totalmente desconcertada ante la visión de los poderes de Saki, como si hubiera sido testigo de algún milagro divino, pero esto la devolvió a la tierra. Esta era la Saki que ella conocía; no una diosa elástica, ni un frágil caso de estrés. Saki era simplemente la amiga modesta y confiable que siempre había conocido y por la que siempre se había preocupado. Nada había cambiado al respecto.

Una vez que Izumi encontró el pequeño bloc de notas y lo colocó en la mano abierta y extendida de Saki, se dirigió de nuevo al sofá, mientras el brazo retráctil de Saki la seguía a su lado. Volviendo a su lado, el brazo de Saki volvió a su forma original mientras usaba la otra mano para llegar a la página específica en la que había tomado sus notas.

‟Nunca me había dado cuenta de que tu letra fuera tan desordenada. No me extraña que uses el ordenador para todo.”

Saki se giró para ver a Izumi asomando por encima de su hombro, ojeando impaciente el bloc de notas mientras se arrodillaba en los cojines del sofá a su lado.

«Oye, intenté escribir cosas desde el otro lado de la habitación. No creo que quede tan mal, todo sea dicho»

‟Espera, ¿eso es realmente lo que hiciste? ¿No es broma?”

Saki asintió con la cabeza.

‟...No importa. Es una pasada.”

«Pero sí, esto es todo lo que he averiguado hasta ahora. Estoy bastante segura de que tengo una buena idea de QUÉ puedo hacer ahora, pero todavía no tengo ni idea de cómo.»

Izumi no respondió de inmediato, con los ojos ocupados escudriñando, y esforzándose por interpretar, las notas de Saki en forma de rasguño de pollo.

‟¿‛Puedo moverlo... puedo estirarlo’? No sé si te entiendo. ¿Las partes como la nariz y demás no se estiran?”

«No, siguen siendo tan elásticas como el resto de mí, sólo que no puedo controlar... NO» soltó Saki, apartando los dedos de Izumi cuando se acercaban peligrosamente a su cara, pellizcando el aire con una sonrisa maníaca.

‟Aguafiestas” Izumi volvió a bajar las manos y sacó la lengua. Saki le devolvió el favor, estirando su propia lengua hasta casi quintuplicar su longitud normal antes de volver a metérsela en la boca. Izumi se quedó en silencio mientras un ligero rubor invadía las mejillas de Saki, sorprendida por su propio descaro.

«Je, yo también puedo hacer eso... Cualquier parte que pueda mover, como los brazos, las piernas, los dedos, la lengua, el cuello, el torso... el pecho... Cosas así puedo hacerlas más grandes o más largas y mantenerlas ahí con bastante facilidad. Todo lo demás se puede estirar igual, pero siempre vuelve a su sitio en cuanto lo suelto.» Saki no estaba muy segura de si debería haber mencionado su pecho, pero Izumi no parecía molesta por ello.

‟Así que cuando te aplasté las manos, ¿no fue porque después las rellenaste a propósito?”

«No, lo hace automáticamente. También puedo... tirar hacia atrás, supongo que para hacer las cosas más cortas o más pequeñas, pero parece que eso me somete a mucha tensión; no me lo he pasado bien cuando he intentado hacerlo hoy. A mi cuerpo no le sienta bien no poder estirarse cada vez que empiezo a sentirme presionado. Afortunadamente, una vez que dediqué tiempo a hacer algunos estiramientos en casa después del trabajo, las cosas parecieron mejorar... al menos hasta que empecé a enloquecer en el restaurante.»

‟¿Y así es como crees que hacer pequeños ejercicios te ayudará? Lo tienes subrayado varias veces ahí mismo.”

«Ese es el plan; encontrar el tiempo para estirar por mi cuenta, no estresarme, y con suerte podré evitar desenredarme en una maraña de miembros durante la semana laboral.»

‟Bueno, avísame si necesitas ayuda para encontrar tiempo.” dijo Izumi, empezando a mirar las otras secciones de la lista.

‟‛¿Flexible? ¿Cuánto?’... He visto lo suficiente como para hacerme una buena idea de eso... ‛¿Sin lesiones?’... No creo que me sintiera cómoda con que pusieras a prueba de estrés ESA parte, pero si lo que le estaba haciendo a tu mano sirve de indicación, diría que estás bastante bien en esos aspectos...»

Saki interrumpió la lectura de la lista de Izumi. «Esa es... también la razón por la que hoy no he podido llevar mi pendiente. El piercing se ha curado, y no creo que pueda hacerme uno nuevo teniendo en cuenta lo resistente que es mi piel ahora. Intenté ponérmelo antes, pero... sólo conseguí perderlo. Espero que no estés enfadada por eso...»

‟Saki... me hubiera encabronado si lo hubieras tirado o algo así, pero no puedo culparte después de lo que ha pasado. Te agradezco que seas sincera conmigo, pero ahora mismo es mucho más importante asegurarme de que estás bien.”

Volviendo la vista a la lista, continuó sin saltarse nada, sin molestarse lo más mínimo por la confesión de Saki.

‟Bien, ¿qué te parece esto? ‛¿Cuánto tiempo?’... ¿has probado eso? Tampoco parece que tomaras notas al respecto... ¿intentaste averiguar hasta dónde podías estirarte?”

El interrogatorio de Izumi le trajo a la mente los recuerdos recientes de su experimentación rebelde, lo que le hizo imaginar vívidamente cómo llevó su cuerpo al máximo y fue enormemente recompensada por hacerlo.

«El límite de longitud... mmmm...»

Bueno... no pasa nada por decirle que al menos existe uno, ¿no?

«Umm, lo hice - o al menos algunas estimaciones aproximadas; probablemente lo mejor que pude dado el espacio limitado aquí. De arriba a abajo, yo lo pondría en poco más de cien metros; Supongo que más cerca de ciento diez si se cuenta mi cuello también.»

‟NO. ¿Tan largo? Tengo que verlo.”

Saki sintió que su estómago bajaba momentáneamente.

¡Aaah! ¡No debería haber dicho nada! ¡No hay forma de que pueda llegar a mi límite y no parecer una completa asquerosa excitándose con ello!

«Ahh, lo siento, no puedo hacer eso. Porque... verás... me da un calambre.»

‟Un calambre.”

«Sí, ¿alguna vez te ha dado un tirón en la pierna? Se siente así, pero como, treinta veces peor... ya sabes, por la cantidad de pierna que estás tirando.»

Comprendió.

Izumi no indagó más, parecía haberse tragado la rápida broma de Saki.

‟Oh bueno, eso habría sido genial de ver, pero supongo que pedirle a tu cuerpo que se estire aunque sea un poco es bastante impresionante; no querría ir por la borda cuando no sabes todo lo que está pasando.”

«Entonces...» Saki dijo, tratando de arrastrar la conversación en cualquier lugar lejos de donde se encontraba actualmente, «...¿piensas ir y reunirte de nuevo con el resto de los chicos del trabajo?»

Izumi se echó hacia atrás de su lado del sofá, poniendo sus pies en medias sobre la mesa de café frente a ella.

‟Lo dudo, al menos después de ver todo esto. Tú y tus nuevos poderes elásticos serán mucho más cool que todo lo que hacen esos chicos.”

«¡Pero si no he hecho nada interesante con ellos! Tú mismo lo has dicho»

‟¿Y? No creo que lo entiendas. Mi mejor amiga acaba de conseguir superpoderes reales, ¡no puedes ser más chido que eso!”

«Entonces, ¿qué quieres que haga...?»

‟No necesito que hagas nada. Sólo quiero estar con mi mejor amiga. ¿Cuánto hace que no salimos, nos sentamos y vemos películas tontas juntas como hacíamos en el colegio? Pasar tiempo contigo siempre merece la pena; que seas estirable sólo hace que algo bueno... sea aún más interesante. Así que, a menos que quieras que me vaya, me parece bien quedarme aquí.”

Un sentimiento cálido irradió a través de Saki.

«Creo que me gustaría... gracias. Será agradable hacer algo normal para variar, aunque no te garantizo cuánto tiempo podré quedarme. Ha sido... un día un poco largo.»

A Saki se le iluminó momentáneamente una expresión malvada en la cara de Izumi.

«No lo digas. Te juro que si lo haces...»

‟Bueno, no eres tan divertida como siempre... ¿por qué no te relajas un poco?”

Eso le valió a Izumi un golpe en el hombro desde el lado del sofá de Saki, una acción que resultó impresionante por el hecho de que fue asestada por un brazo de al menos el doble de largo, ya que Saki ya se había reclinado sobre su propio reposabrazos para empezar a cambiar de canal en el mando a distancia. Rápidamente se decidieron por una película. Saki pensó que ya la había visto, pero en aquel momento lo que estuvieran pasando le importaba poco. Se estaba divirtiendo, sin trabajo, sin socializar, sin preocuparse por los poderes. Eran sólo ella e Izumi, pasando una noche normal juntas.

Tras las primeras escenas, Saki empezó a inclinarse hacia atrás, levantándose del reposabrazos y sentándose erguida. Izumi, por su parte, se arrastró hacia el lado del sofá de Saki antes de apoyar la cabeza en su hombro. Izumi oyó un suave crujido a su lado y a su alrededor, y sintió un pequeño peso sobre sus muslos. Miró hacia abajo y vio la cara sonriente de Saki mirándola.

‟¿Te sientes como en casa ahí abajo?”

«...No te importa, ¿verdad?»

‟En absoluto. ¿Tú descansas sobre mí y yo descanso sobre ti? Me parece bastante justo.” Izumi le acercó la cara.

‟Mmm. Tu hombro se siente como una de esas almohadas tan bonitas que mantienen su forma cuando las aprietas.”

Saki miró hacia arriba y vio que la cabeza de Izumi le estaba haciendo una pequeña hendidura en el hombro. Una idea pasó por su mente y empezó a concentrarse en su cuello, que había colgado sobre el respaldo del sofá antes de dejarlo serpentear hasta el regazo de su amiga. La parte colgada comenzó a deslizarse hacia atrás, cubriendo los hombros de Izumi antes de rodear su sección media. Izumi sintió que todo su torso quedaba envuelto en un cálido abrazo, y que cada parte cubierta por el cuello era asfixiada por una suave y acogedora presión. Saki detectó un lapsus momentáneo de respiración a través de su cuello enrollado, un jadeo silencioso atrapado en la garganta de Izumi antes de que continuara el ascenso y descenso constante de su respiración normal.

«¡Oh! ¿Estoy apretando demasiado?»

‟N-no, estoy bien, sólo me has sorprendido, eso es todo... ¿Estás bien ahí? Tener el cuello doblado por todos lados no parece muy cómodo”

«No creo que pueda sentirme físicamente incómoda nunca más. No es que tenga articulaciones que deformen.»

‟Bueno, pues qué suerte. Ahora, si no te importa, a tu amiga humana se le están durmiendo las piernas.”

Izumi levantó con cuidado la cabeza de Saki mientras se revolvía en su asiento antes de volver a colocarla.

‟Listo. Mejor.” Izumi apoyó las manos en la cabeza de Saki, provocando una risita. ‟¿Y qué pasó con eso de ‛hacer algo normal para variar’? Parece que alguien me echó encima una manta color Saki.”

Saki pensó en eso. Sí, había dejado que su cuello se estirara bastante. Pero estirarse tenía un encanto, una especie de libertad que se sentía maravillosa; no quería tratarlo como algo que esconder debajo de la alfombra, ¿verdad?

Además, a Izumi no parece importarle...

«Supongo que si estoy aquí sola, ¿no hay nada de malo en relajarme un poco? No sé. Todo esto es nuevo para mí, supongo que solo quiero probar cosas nuevas y divertirme.»

‟¿Sola? Pero estoy aquí…”

«Bueno, tampoco cuando estoy contigo. Me siento cómoda contigo. Por eso te lo dije desde el principio; ¡ya me siento mucho mejor!»

‟Ah. Bueno, mientras sirva, me alegra formar parte. Ahora, como estoy un poco ocupada ahora mismo, ¿te importaría traerme una bolsa de patatas fritas o algo?”

Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Saki mientras estiraba un brazo hacia la despensa de la cocina.

«Creo que se puede arreglar.»

Durante el resto de la película, Saki continuó tumbada en el sofá, disfrutando de la primera verdadera sensación de relajación que había sentido desde que puso la mano en ese frasco hacía tantas horas. Las dos charlaron alegremente y comieron bocadillos traídos del otro lado de la casa durante toda la noche, como tantas otras veces. Pero mientras su cabeza reposaba sobre el regazo de Izumi, sonriendo y riendo al ritmo de la película, Saki no se percató de algo que colgaba justo encima. Mirando en la dirección equivocada, Saki no vio las mejillas furiosamente sonrojadas de Izumi, débilmente iluminadas por la luz del televisor.
En cuanto Saki despidió a Izumi después de la película y cerró la puerta, una oleada de agotamiento la azotó como una tonelada de ladrillos. Un vistazo rápido al reloj le mostró que eran más de las 11:00 y la falta de sueño de la noche anterior empezaba a pasarle factura.

Lo lograste. Se acabó. Tienes poderes, te preocupaste por perder el trabajo, te apretujaste contra el techo, fuiste a una fiesta... eso es mucho para un solo día. ¿Qué estaba planeando hacer hoy si no se me hubiera derramado ese frasco? Ni siquiera lo recuerdo ahora.

Saki empezó a apagar todas las luces del salón y la cocina, entró en el dormitorio y empezó a cepillarse los dientes y a lavarse la cara en el fregadero.

¿Y ahora qué? Por fin he podido relajarme, hay alguien en quien puedo confiar que conoce mi situación, y nadie más se da cuenta de que algo ha cambiado en mí. Siento que por fin tengo control sobre lo que hace mi cuerpo. Mi rutina seguramente será un poco diferente ahora: se acabaron las visitas al médico, tener que prestar más atención a mi entorno y encontrar tiempo para relajarme de vez en cuando. Pero más allá de eso, ¿eso es todo? ¿De verdad puedo volver a mi vida normal?

Recién lavada y sintiéndose al menos un poco menos cansada, estaba de pie en medio de su habitación. Todo, desde los cosméticos tirados a un lado hasta la chaqueta rota y desechada, había sido ordenado esa misma tarde; todo excepto una cosa. No había tenido tiempo de arreglar las sábanas, que estaban revueltas después de su primer ataque de elasticidad la noche anterior, el último recordatorio físico de su reacción inicial de horror ante sus poderes.

Tendré que hacerlo por la mañana. Ya he hecho suficiente por hoy. También tengo que reabastecer la despensa: revisar el correo, lavar la ropa que llevé en el viaje, preparar algunas comidas para la semana...

La primera superhumana del mundo, y estoy pensando en las tareas del hogar. Supongo que al menos es un paso en la dirección correcta. Quizás las cosas realmente se calmen, con elasticidad o sin ella.

Sentada en el borde de la cama, empezó a quitarse la ropa. Quitarse las medias resultó más difícil de lo esperado, pues pronto se dio cuenta de que le tiraban de la pierna más que de deslizarse como ella quería. Sin embargo, un tirón extrafuerte solucionó el problema, y ​​tras una extraña extracción del suéter, en la que sintió que la cabeza se distorsionaba aún más que el cuello, se recostó sobre las sábanas arrugadas, vestida solo con sus bragas.

Saki levantó los brazos hacia el techo, tocándolo con facilidad. Ni siquiera estaba segura de por qué lo hacía. La idea de tocar la superficie que veía sobre ella cruzó por su mente, y a diferencia de cualquier otro día en que se le hubiera ocurrido, su cuerpo ahora era capaz de hacerla realidad.

«Es un verdadero poder, ¿verdad? Ahora mismo, siento que puedo hacer cualquier cosa. Tocar el techo, sentir lo largo que es mi brazo... es algo que desafía todo lo que creía posible, y lo hice sin apenas pensarlo. No importa cómo elija vivir de ahora en adelante, definitivamente no soy normal.»

Relajando cada músculo de su cuerpo, sintió cómo se hundía en el suave colchón, dejando que sus brazos cayeran fláccidos por el borde de la cama, deslizándose hasta el suelo.

...y creo que estoy bien con eso.

No es que de repente vaya a empezar a exhibir mis poderes, a mostrar todo lo que mi cuerpo puede hacer a todos los que me rodean. Me gusta mi lugar actual en el mundo, y si estos increíbles poderes se revelaran, no podría seguir viviendo como lo hago ahora. Pero cuando estoy aquí, sola en mi casa…

…puedo liberar mi cuerpo.

Su torso empezó a estirarse, su cintura se separaba poco a poco de su torso mientras sus piernas se estiraban por sí solas, amontonándose a los pies de la cama. El peso de sus piernas tiraba de su torso, estirando su esbelto vientre, al que no hizo ningún esfuerzo por resistirse. Pronto sintió su propio trasero apoyado en la alfombra del dormitorio, su abdomen doblándose en lo que debería haber sido una curva desgarradora, pero la única sensación que la recorrió fue la de una profunda relajación que irradiaba por cada punto de su cuerpo extendido.

«Este poder de estirarse... nunca había sentido nada tan liberador, tan profundamente dichoso como esto. Tantas cosas que me frenaban el cuerpo simplemente... se han ido. Es algo privado en lo que puedo encontrar felicidad, como abrazar un peluche, ver una película vieja y cursi... o tener una perversión secreta.»

Claro, la capacidad de manipular y estirar su cuerpo hasta límites ridículos podía ser divertida, e incluso útil en muchos casos, pero no podía negar que gran parte de su emoción provenía de saber que podía volver a experimentar esa maravillosa sensación de ser llevada al límite; estirándose hasta que la tensión que recorría todo su cuerpo le provocaba un hormigueo en cada nervio.

El aroma a flores llenaba la habitación.

¿Dos veces en un día? De verdad que no debería.

...Pero lo haré de todos modos.

Extendió aún más los brazos, rodeando la parte inferior de la cama mientras los colocaba sobre su trasero y se bajaba la ropa interior por los muslos, dejándose completamente expuesta al aire de la habitación. Podía hacer lo que quisiera ahora. Con un pequeño movimiento de muñeca, podía volver a penetrarse con sus dedos finos y flexibles, jugando con la sensible protuberancia interior como lo haría en cualquier otro día normal.

Pero hoy no era normal, ni mucho menos. Su mente estaba llena de ideas, solo que ahora se sumergía en el pozo infinito de posibilidades que su nuevo cuerpo le ofrecía.

«Ya ni siquiera necesito tocarlo... Puedo traerlo a mí.»

Sin querer retraerse ni un poquito, se agarró el abdomen largo y curvado y comenzó a tirar de él hacia sí. Mano sobre mano, se subió de nuevo a la cama como si fuera un ancla, con las piernas aún colgando sobre el borde. Luego continuó tirando hasta que sus caderas quedaron directamente frente a ella, torcidas una vez de tal manera que su ombligo quedó mirando hacia el techo.

Saki se quedó mirando su propio trasero, sus dos nalgas desnudas descansando suavemente sobre su pecho frente a ella. Nunca se le había ocurrido que nunca antes había visto esa parte de sí misma, al menos no sin un espejo. La vista era surrealista; solo el tacto, confirmado por unos toques juguetones en su rosado trasero, le permitió convencerse de que realmente era su propio cuerpo el que tenía frente a ella y no el de otra persona a horcajadas sobre su vientre.

«Es real. Mi vagina está ahí mismo, a un palmo de mi cara.»

Su respiración se volvió superficial y su boca se secó; el aroma a néctar floral saturaba el aire alrededor de su rostro. Tras unos dientes gelatinosos, su lengua se engrosaba, se alargaba, forcejeando y pujando por escapar de sus límites. Saki separó sus suaves labios y soltó el músculo rosado y goteante, que serpenteaba fuera de su boca y se extendía hacia el objetivo igualmente húmedo que tenía delante. Al llegar a su destino, palpó la suave piel circundante antes de deslizarse por la estrecha abertura, tal como había visto representado varias veces en sus carpetas más secretas.

«Solo que en este caso, estoy tanto en el lado receptor como en el dador.»

Intentó recordar cómo se desarrollaba siempre en las cosas que había leído: los preliminares, los juegos previos, el abrazo apasionado, una pareja penetrando a la otra con la lengua...

«Y entonces yo... yo...»

Sinceramente, no lo sabía. No era como si hubiera podido poner en práctica nada de lo que había visto antes; ni con una pareja, y mucho menos consigo misma. ¿Cuánta fuerza debía tener? ¿Había un ritmo que debía seguir? La última vez que lo había hecho esa misma tarde, al menos tenía experiencia previa en el uso de los dedos, a pesar de su nueva elasticidad. Sin embargo, esto era territorio completamente nuevo.

La respuesta, al menos para ella, resultó no tener nada que ver con la calidad de los movimientos de su lengua. Más bien, lo que le faltaba en técnica lo compensaba con un volumen enorme.

Demasiado absorta en el momento como para dar marcha atrás o replantear su estrategia, la única opción que le quedaba era más tiempo, estirar cada vez más la lengua, rellenando cada vez más las paredes igualmente elásticas de su propio sexo. Saki soltó una carcajada, o al menos algo lo más parecido a una carcajada posible, dado lo ocupada que tenía la boca. No impresionaba a nadie más que a sí misma, pero aun así se enorgullecía de ello. Descubrir nuevas formas de retorcer y estirar su cuerpo fue como aprender un truco de magia, pero también un método único de autoplacer.

La lengua se tensó cada vez más, forzando la piel circundante a estirarse y abultarse por los apretados bucles internos. Una rica dulzura recorrió sus dilatadas papilas gustativas mientras la lengua, en constante expansión, encontraba el sensible nudo que yacía en su interior.

La punzada de placer solo aceleró su estiramiento, y pronto sintió otra sensación creciente que comenzaba a brotar de su interior: una sensación de opresión y tensión, la sensación de ser estirada hasta el límite. Los bordes de su abertura, sus paredes internas, toda su región pélvica temblaba mientras era empujada hasta el límite por los ahora enormes volúmenes de su propia lengua en su interior. Apenas podía contenerse; sentía que su cuerpo iba a alcanzar el clímax en cualquier momento.

¿Pero por qué detenerse en estirar solo una parte hasta el límite?

¡Quiero más!

Primero alargó el cuello, expandió el espacio que su lengua formaba. Luego, con ambas manos libres, agarró el tenso cordón rosa que colgaba entre su boca y su mitad inferior, tirando de él en dos direcciones opuestas y formando la línea, antes recta, en un zigzag de tres segmentos. Aún sintiendo que aún le quedaba por recorrer, extendió los brazos aún más, llevando cada esquina a extremos opuestos de la cama. Solo entonces pudo empezar a sentir las primeras tensiones del extenso músculo, que llegaba a su límite.

El resultado fue inmediato. La tensión, la tensión extrema causada por su lengua al estirarse tanto, comenzó a enviar temblores y vibraciones que recorrieron toda su longitud, hasta su sexo ya electrizado.

A diferencia de antes, su cuerpo no era lo suficientemente largo como para retrasar la explosión de placer orgásmico ni un segundo. El sabor a néctar, similar a la miel, inundó sus sentidos mientras la tensión abandonaba su lengua. El límite que su lengua acababa de alcanzar se rompió cuando una mayor longitud comenzó a extenderse por el espacio entre sus piernas, cuya mayor elasticidad ahora era suficiente para acomodar aún más, mientras presionaba el orgasmo hasta el límite.

En su inmediato resplandor, no quería nada más que estirarse y estirarse, hasta donde su cuerpo agotado pudiera soportar, y así, por segunda vez en un día, la habitación de Saki se inundó con sus elásticas extremidades, amontonándose en grandes y fibrosas espirales por todo el suelo mientras ella dejaba escapar un suspiro caliente y profundo. Su lengua volvió a su boca, su región pélvica recuperó su forma y las últimas gotas de sus propios fluidos comenzaron a empapar su piel. Se reclinó sobre un brazo para cubrirse con una manta lo más que pudo y luego apagó las luces.

«…poderes elásticos…»

Estaba emocionada, ansiosa por ver hasta dónde podía llevar cada aspecto de su nuevo cuerpo, pero ninguna alegría ni entusiasmo pudo contrarrestar el agotamiento que siguió a un día tan lleno de viajes y estrés como el que acababa de vivir. Tendría que esperar para otro día para estirarse más. Por ahora, necesitaba descansar.

«…quizás podría acostumbrarme a esto después de todo…»

Y con eso, Saki por fin se durmió, despatarrada y sonriendo.

Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad, a otra joven le costaba mucho más dormir que a su amiga. Yacía despierta sobre su colchón, con los ojos abiertos y el corazón latiendo con fuerza. Habían apartado la manta, pero aun así, unas gotas de sudor le cubrían la frente. La imagen de un brazo largo o un cuello estirado cruzó por su mente, provocando que un cálido rubor la inundara mientras sus mejillas se teñían de un rosa intenso.

Izumi se giró hacia el otro lado.

‟…Mierda”



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