El Dossier

Por fin, el banner del blog dejó de ser una pequeñez que no dejaba ver bien el inicio del blog. Ahora sí tiene el tamaño adecuado para encajar con todo lo que tiene el blog para ofrecer. No pienso tocar el banner hasta octubre, aunque tenga que cambiar todo el fondo del blog otra vez.
Mostrando las entradas con la etiqueta Anónimas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Anónimas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de noviembre de 2025

El momento de dar el siguiente paso | Anónimas - capítulo 3

El cielo estaba despejado, y el aire tenía ese aroma limpio que anuncia un día tranquilo, como los de antes. Rosa y yo llegamos primero al punto de reunión, con una sonrisa que no nos cabía en la cara. No podía evitarlo: la sola idea de que las cuatro estuviéramos juntas otra vez nos devolvía la misma energía que tuvimos hace un año.

Rosa cargaba una pequeña bolsa con algo que había preparado ‟por si se antojaba” según dijo, aunque noté que en realidad lo había hecho con un cuidado especial, como si fuera un detalle para marcar este nuevo comienzo.

Andrea llegó caminando a paso lento, pero con esa tranquilidad que la caracterizaba, y detrás de ella, Casandra, ajustándose los lentes mientras las buscaba con la mirada. Al reunirse, no hubo abrazos exagerados ni lágrimas como ayer, sino algo más cálido: un silencio compartido, acompañado por sonrisas genuinas.

El plan del día era sencillo, como en los viejos tiempos. Pasear por algunos de sus lugares favoritos, redescubrir rincones olvidados y, sobre todo, hablar de todo y de nada.

Entramos al salón y habíamos tomado asiento en aquella mesa sin prisa, con nuestros objetos descansando en ella y el murmullo de fondo de un local que parecía ignorar la importancia de ese momento, Rosa giró la mirada hacia Andrea y Casandra con una mezcla de curiosidad y calidez.

Rosa: *Comenzó, con un tono más suave que de costumbre* Entonces... ¿qué hicieron en todo este tiempo?

Yo la secundé con una leve inclinación de cabeza. Había en sus ojos esa atención que solo se ofrece a alguien que se ha echado de menos de verdad, como si cada palabra que viniera ahora fuera a completar un espacio vacío.

Andrea dejó escapar una risa breve, más para ganar tiempo que por diversión. Sus dedos jugaron con su gorra. Miró un instante hacia un lado, como si en el aire hubiera algo que necesitara ordenar antes de decirlo.

Andrea:  *Con una voz más baja de lo habitual* Fue extraño. Al principio pensé que no me afectaría tanto, que podría seguir mi vida como siempre... pero no es tan simple cuando dejas de ver a las personas que se volvieron parte de ti.

Hizo un gesto con la mano, como apartando una idea incómoda, y luego sonrió de lado.

Andrea: Salí mucho, conocí lugares nuevos, probé cosas que nunca pensé hacer, aprendí a estar sola sin sentirme incompleta. Y conocí gente *sus ojos se movieron un instante, esquivando miradas* No fue lo mismo, pero me ayudó a entenderme.

Se apoyó contra el respaldo, y con un tono más suave añadió:

Andrea: Hubo días buenos, y otros que, sinceramente... solo quería volver a mandarles un mensaje como antes. No fue hasta que mandaron ese mensaje cuando comprendí que las necesitaba más de lo que creía, las necesitaba ver, aunque fuera una vez más.

El silencio que siguió no fue incómodo; más bien se sintió como si las cuatro estuviéramos recordando algo que no se había roto del todo, sino que había estado guardado, esperando volver. Cuando Andrea terminó de hablar, yo solo me quedé mirándola con una mezcla de admiración y algo de sorpresa.

Alicia: *Ladeando la cabeza* Siempre fuiste así, capaz de moverte sola por todos lados, de encontrar tu propio camino.

Tomé aire y luego exhalé, el tono de mi voz no tenía reproche, sino un dejo de nostalgia.

Alicia: No voy a mentir... a veces me daba miedo que ya no necesitaras volver. Que todo lo que encontraste allá fuera más interesante que lo que teníamos aquí. *Se encogió de hombros, apenas lograba sonreír* Pero ahora que te escucho me doy cuenta de que no era cuestión de reemplazar, sino de crecer. *La miró directamente a los ojos* Y lo que sea que hayas descubierto, ahora forma parte de ti, y eso me alegra. *Terminé la frase con una leve risa* Además, no pienso quedarme atrás, ¿eh? Si tú exploraste tanto, yo también quiero saber qué hay por ahí afuera.

Rosa se quedó en silencio unos segundos, observando a Andrea como si todavía estuviera procesando cada palabra.

Rosa: *Con una sonrisa lenta* Vaya... tú sí que sabes aprovechar el tiempo. Siempre supe que eras independiente, pero escucharte ahora es como si hubieras pasado por cien vidas en una sola. *Sus ojos brillaron con un matiz de orgullo* Me alegra que lo vivieras a tu manera. Aunque... *añadió, medio en broma* también me dan celos. No de lo que hiciste, sino de que yo no estuviera ahí para verlo. Supongo que, al final, todo eso te trajo de vuelta, y eso es lo que importa.

Casandra levantó la mano despacio, como si quisiera asegurarse de que la dejaran terminar sin interrupciones. Nosotras dos solo escuchábamos en silencio, sin interrumpir. Había algo especial en oír esas historias que no vivimos, y que, sin embargo, formábamos parte de un mismo hilo invisible que seguía atándonos.

Casandra: Bueno... *dijo, acomodando sus lentes con un gesto nervioso* mi vida fue más tranquila, al menos en apariencia.

Las otras tres la mirábamos con atención, y eso pareció darle un poco de impulso.

Casandra: Seguí estudiando, me metí en un par de proyectos, algunos salieron bien, otros ni cerca *sonrió con una mezcla de orgullo y resignación* Me acostumbré a trabajar sola, pero la verdad es que no era lo mismo.

Hizo una pausa breve, mirando sus manos.

Casandra: Hubo momentos en que me encerré demasiado. Dejé de salir, y sí, me refugié mucho en mis cosas. Pensaba que así no iba a sentir tanto la ausencia, pero era mentira. A veces tenía ganas de contarles algo y me quedaba con el teléfono en la mano, sin saber si debía escribirles o no.

Luego levantó la vista, y aunque sus ojos seguían siendo serenos, había en ellos un brillo distinto.

Casandra: Supongo que intenté llenar el espacio que dejaron con ocupaciones... pero en el fondo lo que quería era volver a sentarme con ustedes, así, como ahora. Ese mensaje que mandaron fue una prueba de que necesitaba volver a verlas sin importar lo que pensaban ustedes de mí, sabía que esperaría algo más que verlas otra vez.

Después de eso, el silencio volvió por unos segundos, aunque esta vez estaba cargado de una calma cálida, como si cada palabra hubiera acercado a nosotras cuatro un poco más que antes. Yo la miré en silencio un momento, como si quisiera procesar cada palabra que Casandra había dicho.

Alicia: *Con un tono más suave de lo habitual* Cass, yo... no sabía que te sentías así.

Me incliné un poco hacia ella, apoyando los codos en la mesa.

Alicia: Yo pensaba que estabas bien, que estabas ocupada y feliz con tus cosas. Supongo que nunca me detuve a imaginar que también te costaba. Y me siento mal por eso.

Sonreí, pero no fue esa sonrisa grande que siempre mostraba frente a otros, sino una más pequeña y genuina.

Alicia: Me alegra que lo digas ahora porque significa que todavía podemos contarnos todo, aunque haya pasado tiempo. Y que no importa si fue bueno o malo, vamos a escucharnos igual.

Alcé la mirada, con un brillo decidido. Casandra bajó la vista por un segundo, y se notaba que ese gesto mío le había llegado más de lo que estaba dispuesta a admitir. Rosa giró un poco la cabeza hacia Casandra, dejando escapar una pequeña risa que no sonaba burlona, sino cálida.

Rosa: Sabes, creo que nunca te había escuchado contar algo así de ti *movió una mano como si quisiera ordenar mentalmente lo que acababa de oír* Siempre pensé que fuiste más reservada, pero parece que estabas viviendo tu propia aventura en silencio.

Sus ojos se suavizaron mientras la miraba de frente.

Rosa: Me alegra que no te hayas quedado quieta esperando a que todo pasara. Hiciste cosas por ti y eso vale mucho. *Hizo una pausa y agregó con un guiño* Aunque admito que me habría gustado aparecer de sorpresa en alguno de esos días, solo para ver tu cara.

Andrea se inclinó un poco hacia adelante, observando a Casandra con una mezcla de atención y cierta nostalgia. Ella dijo en un tono bajo, casi como si hablara para sí misma:

Andrea: Siempre pensé que cuando nos separamos, cada una quedó atrapada en su propio rincón.

Sus labios se curvaron en una media sonrisa, pero sus ojos seguían serios.

Andrea: Me alegra saber que no te quedaste quieta. Que no te apagaste. Aunque... *se detuvo un segundo, bajando la mirada* me duele un poco no haber estado ahí para verlo.

Volvió a mirarla, esta vez con una expresión más cálida.

Andrea: Aun así, me alegra que lo compartas ahora. Y que sea aquí, con nosotras como antes.

Casandra: Solo hay algo que no entiendo todavía. ¿Qué fue lo que hicieron en todo este tiempo sin nosotras?

Ambas, Rosa y yo, no supimos que contestar. Nos miramos por unos segundos antes de decir algo, por dentro sabíamos que lo mejor era olvidar todo eso pero tampoco queríamos dejarlas con la duda, teníamos que contarles. Rosa fue la que decidió hablar de eso.

Rosa: Esos días fueron los más difíciles. No teníamos forma de admitir que hemos cometido un error en separarnos y nos costaba aceptar que todo había acabado. O eso creíamos al inicio. Y Alicia fue la que más se vio afectada. *Mirando a otro lado* Habían veces en las que oía a mi hermana llorar en su cuarto por las noches, siempre lamentándose por haber hecho eso y deseando que ustedes volvieran para que pudiera perdonarlas. Todavía tengo esos recuerdos dentro de mí porque sí me sentía mal cuando la escuchaba.

Yo apreté las manos sobre mis brazos al escuchar lo que Rosa acababa de decir. Bajé la vista, como si quisiera esconderme un instante detrás de mi propio silencio. El recuerdo me atravesó con fuerza: aquellas noches apagadas, cuando creía que nadie me escuchaba, cuando las lágrimas eran lo único que llenaba el cuarto.

Alicia: *Murmurando con un nudo en la garganta, volteando apenas hacia su hermana* Rosa, no tenías que decirlo así...

Me quedé callada unos segundos más, intentando contenerme, pero no pude evitar que mi voz se quebrara un poco.

Alicia: Es cierto. Lloraba. Y lo hacía porque no soportaba pensar que lo había arruinado todo. Que nunca más iba a tenerlas conmigo.

Pasé una mano por mi cabello, respirando hondo, tratando de recomponerme.

Alicia: No me enorgullece haber sido así de débil. Pero lo hice porque ustedes... *se detuvo, levantando la mirada hacia Andrea y Casandra con honestidad* porque ustedes me importaban demasiado.

Mis palabras salieron lentas, pero firmes al final, como si estuviera confesando algo que llevaba guardado mucho tiempo.

Andrea fue la primera en reaccionar. Su expresión cambió a una mezcla de sorpresa y ternura; no esperaba escuchar algo tan crudo y directo de mi parte. Ladeó la cabeza, con esa mirada suya que siempre buscaba leer más allá de las palabras, y después de un silencio breve dijo con calma:

Andrea: No fuiste débil, Alicia. *Su voz sonó suave, casi como una caricia* Llorar no te hace menos fuerte. Nosotras también lo sentimos, solo que lo vivimos de maneras distintas.

Sus ojos brillaban con un dejo de tristeza, pero también con alivio. Parecía querer tenderle la mano en ese instante, aunque se contuvo para no romper el aire íntimo que se había creado.

Casandra, en cambio, reaccionó de manera más visible. Su rostro se ablandó y por un momento pareció que iba a llorar también. Apretó sus lentes contra el puente de la nariz como un gesto automático, intentando ganar tiempo para ordenar lo que sentía.

Casandra: Yo... *Tragó saliva y bajó un poco la voz* Yo no sabía que habías pasado noches así, Alicia. Pensaba que habías estado enojada con nosotras todo ese tiempo.

Me miró con seriedad, con una mezcla de culpa y ternura que pocas veces dejaba ver.

Casandra: Me duele que hayas sufrido tanto en soledad. Pero también me alegra que al final podamos escucharlo de ti. Que lo digas ahora, aquí. Eso significa que aún queda algo que no se perdió.

Ambas parecían, cada una a su manera, más cerca de mí después de escucharme.

Alicia: Pues, les gradezco que me hayan escuchado. De verdad necesitaba sacar todo eso que tenía guardado desde hace mucho tiempo, y Rosa fue quien más me ayudó con todo esto.

Rosa: Sí, fui de gran ayuda para que las dos pudiéramos salir adelante. En los días siguientes todo se sintió tan diferente. Pudimos notar el enorme vacío que se generó con la ausencia de ambas, y sus efectos. Alicia siguió editando videos, pero ya no volvió a subir algo personal después de lo sucedido. Y yo, traté de hacer nuevos amigos en clases y en otros lados, pero no me gustaba los resultados. Ellos no me prestaban atención, solo me hablaban por unos segundos y hasta ahí, o en muchos casos me decían que no entendían mi forma de comunicarme y se iban. No se sentía igual que estando con ustedes.

Yo la escuché con atención, bajando la mirada de vez en cuando. Cuando oí que Rosa mencionaba lo de los videos, un pequeño rubor se me subió al rostro: sabía que había seguido editando como una forma de sostenerme, pero no me atreví a mostrar nada porque me faltaban ellas en pantalla.

Andrea se acomodó en el asiento y cruzó los brazos, pensativa. La miró con cierta complicidad y dijo con un tono sereno pero firme:

Andrea: Eso explica mucho. Sabía que no te habías alejado del todo en las redes. Seguiste creando, pero sin compartirlo. No era lo mismo, ¿verdad?

Su mirada se suavizó, como queriendo decirme que entendía lo difícil que debió ser sostener algo tan solitario.

Casandra, en cambio, reaccionó con un dejo de ternura cuando Rosa confesó lo de los nuevos amigos. Sus labios se curvaron en una sonrisa leve, pero sus ojos mostraban empatía.

Casandra: Claro que no iba a sentirse igual *dijo con suavidad, inclinándose un poco hacia adelante* Nadie más iba a entender lo que ya teníamos entre nosotras. Es demasiado único para reemplazarlo.

Después, giró la cabeza hacia mí, casi como pidiéndome con la mirada que confirmara que lo que Rosa estaba diciendo también era verdad para mí. En el ambiente se quedó flotando la sensación de que, pese a las distancias y los intentos de llenar el vacío, ninguna logró sustituir lo que compartíamos juntas.

El silencio después de las palabras de Rosa quedó suspendido un momento más, como si nadie quisiera romperlo. Entonces respiré hondo, apreté las manos y levanté la mirada hacia las tres. Mi voz salió con un timbre más firme que antes, pero también con un calor que nos envolvía.

Alicia: La verdad... la razón por la que hice ese video fue porque no dejaba de pensar en nosotras. *Se llevó una mano al pecho, como si quisiera contener lo que sentía* En todas las veces que nos apoyamos, que nos levantamos cuando alguna caía. Y sí, yo también cometí errores, lo saben, pero aprendí de ellos. Y gracias a eso quiero ser mejor, mucho mejor que antes. Todo lo que dije ayer en la tarde fue solo una pequeña parte de lo que guardé dentro de mí y que quería contarles si volvíamos a estar juntas, y estoy feliz de que haya sido así.

Mis palabras comenzaron a fluir con más emoción, como si al hablar fueran cobrando peso y al mismo tiempo liberación.

Alicia: Lo que vivimos no se perdió. Sigue aquí. *Tocó suavemente su cabeza y luego su corazón* En la forma en que recordamos, en las cosas que nos marcaron, incluso en lo que hicimos solas, cada una llevó consigo algo de las demás. Y si llegamos hasta este momento fue porque lo hicimos por nosotras mismas. Las cuatro.

Andrea bajó la mirada, tragando saliva, pero con una leve sonrisa contenida en los labios. Casandra escuchaba con una expresión serena, como si cada palabra le hiciera asentir por dentro. Y Rosa, al oírme, apoyó la mano en un hombro mío en silencio, mostrando que entendía.

Respiré hondo antes de cerrar mi confesión frente a ellas.

Alicia: Entre tantos recuerdos me vino la idea de terminar el video que vieron ayer. El que les mostré durante nuestro reencuentro. Lo hice con todo eso, con nosotras. No fue solo un montaje, fue reunir lo que todavía somos.

La sala se llenó de un aire distinto, como si lo dicho acabara de sellar algo que había quedado pendiente durante demasiado tiempo.

Andrea fue la primera en reaccionar, aunque no con palabras. Cerró los ojos un instante, respirando profundo, y al abrirlos parecía más ligera de lo normal. Le costaba admitirlo, pero escucharme hablar con tanta sinceridad la hizo sentir que sus propios miedos tenían un espacio seguro ahí.

Andrea: Me alegra que no lo hayas olvidado, Ali *dijo en voz baja, con un brillo en la mirada que era mezcla de alivio y nostalgia* Yo pensé que ese recuerdo se había roto para siempre.

Casandra escuchó en silencio, observando con esa calma que la caracterizaba. Cuando terminé, inclinó un poco la cabeza, como si quisiera guardar esas palabras en un rincón de sí misma.

Casandra: Eso es lo que siempre quise escuchar *comentó con suavidad, pero con una firmeza que se sentía como un abrazo* No que fueras perfecta, sino que reconocieras lo que vivimos y lo que valió la pena en todos estos años.

Rosa, por su parte, no pudo evitar que sus ojos se humedecieran. Ya no estaba enojada ni contenida (no lo estuvo desde hace tiempo), sino conmovida de verdad. Se inclinó un poco hacia mí y me apretó la mano con fuerza.

Rosa: Yo lo sentí, ¿sabes? *murmuró* Cada noche que te escuchaba llorar... sabía que nos seguías teniendo en el corazón. Y ahora lo confirmas. Gracias por no soltar eso, hermana.

Las tres reaccionaron de maneras distintas, pero en todas había un mismo hilo: el reconocimiento de que yo había puesto en palabras lo que ellas también habían guardado en silencio. El ambiente ya no era de reproches ni heridas abiertas, sino de algo más parecido a un inicio.

Alicia: Bueno amigas, hay que hacer un repaso de todo esto. ¿Qué fue lo que aprendimos hoy con nuestro reencuentro?

Andrea fue la primera en hablar. Estaba recargada contra el respaldo de la mesa, con los brazos cruzados, pero su tono fue sincero.

Andrea: Yo aprendí que puedo estar sola sin que eso signifique estar vacía. *Hizo una breve pausa, buscando las palabras* Probé cosas, conocí gente, y sí, tuve momentos buenos, pero ninguna de esas experiencias me llenó tanto como lo que viví con ustedes. Estar sola me dio fuerza, pero también me enseñó que esa fuerza tiene más sentido cuando tengo con quién compartirla como ustedes. Lo que dije hace unos momentos es un ejemplo de todo lo que pasé antes y lo que quiero hacer ahora.

Rosa se mordió el labio, pensativa, y bajó la mirada un instante antes de hablar.

Rosa: Yo me esforcé en encontrar nuevas personas, y aunque fueron amables, nunca sentí que me entendieran. *Alzó la vista hacia las tres, con una sonrisa débil* Eso me hizo darme cuenta de que no es tan fácil reemplazar a alguien. Y que, a veces, está bien aceptar que lo que perdiste no se puede sustituir, sólo se puede cuidar mejor si regresa.

Casandra tomó un poco más de tiempo en responder. Sus manos jugaban con el borde de su falda hasta que levantó la voz, tranquila pero firme.

Casandra: Yo descubrí que no necesito que todo esté bajo control para que las cosas funcionen. *Miró hacia Alicia y Rosa en particular* Pasé mucho tiempo intentando convencerme de que si estaba sola, al menos podía tener las riendas de todo, pero eso también me agotó. Ustedes me enseñaron que no siempre se trata de control, sino de confianza. Y esa lección la guardé conmigo en cada nota y cada partitura.

En ese momento, las cuatro habíamos compartido lo más íntimo de lo que aprendimos en nuestro tiempo de separación. Ya no era una reunión para reclamar lo perdido, sino para reconocer lo que cada una había encontrado en el proceso.

Hubo un silencio corto pero que todas sentimos como largo después de las palabras de Casandra. Ninguna se apresuró a llenarlo; cada una estaba procesando lo que las demás habían revelado. Fue Rosa quien rompió el silencio, con la voz algo tímida.

Rosa: Si aprendimos tanto estando separadas imaginen lo que podríamos lograr si volvemos a estar juntas.

Andrea la miró con cierta sorpresa, y luego desvió la vista hacia mí. Ella no necesitó mucho tiempo para responder.

Andrea: Es lo que siempre quise. No exactamente volver al pasado, sino hacer algo nuevo, algo que sea nuestro, con lo que somos ahora.

Casandra respiró hondo, como si soltara un peso que llevaba cargando desde hace tiempo.

Casandra: Entonces, hagamos un trato. No para volver a ser las mismas, sino para construir algo mejor, con lo que cada una aprendió.

Andrea dejó escapar una sonrisa pequeña pero sincera. Se inclinó hacia el centro de la mesa y extendió su mano.

Andrea: Un trato, entonces.

Rosa enseguida puso su mano sobre la de Andrea, casi emocionada. Yo dudé apenas un segundo, pero sonreí con los ojos húmedos antes de sumarme. Casandra fue la última, cerrando el círculo con firmeza.

Las cuatro quedamos unidas en ese gesto sencillo, pero cargado de todo lo que habíamos vivido y lo que estábamos dispuestas a volver a crear. No necesitábamos grandes palabras; la decisión estaba tomada.

Alicia: *En voz baja* Por nosotras

Casandra: Y por lo que venga

Andrea: Juntas

Rosa sólo asintió, con la sonrisa más genuina que había mostrado en mucho tiempo.

Cuando las cuatro aún teníamos nuestras manos unidas en el centro de la mesa, solté una risa leve y busqué algo dentro de mi bolso. Las demás me miraron curiosas hasta que saqué mi cámara, la misma que había usado tantas veces para capturar los recuerdos de antes.

Alicia: ¿Y si lo hacemos oficial? *dijo, levantándola con una sonrisa que mezclaba nervios y emoción* Podríamos grabar un video anunciando nuestro regreso. No como antes, sino como ahora, como nosotras, juntas otra vez.

Rosa fue la primera en reaccionar, con los ojos brillando de entusiasmo.

Rosa: ¡Sí! Me encanta. Es justo lo que necesitamos.

Casandra arqueó una ceja, pero no pudo evitar sonreír al verla tan decidida.

Casandra: Sería una buena forma de cerrar este capítulo y empezar otro.

Andrea cruzó los brazos, pensativa, aunque poco después inclinó la cabeza con una sonrisa casi traviesa.

Andrea: Bueno, si van a arrastrarme a esto otra vez, será mejor que quede grabado.

Las cuatro reímos suavemente, y al instante encendí la cámara, enfocándolas.

Alicia: Entonces... ¿listas para comenzar de nuevo?

¡Listas!

Respondieron al unísono, levantando sus manos en gesto de unión.

El pequeño clic de la cámara quedó grabado junto a ese instante, marcando no solo el inicio de un nuevo video, sino también el renacer de todo lo que habíamos sido y lo que ahora seríamos juntas.

Las cuatro salimos del salón juntas, todavía con el eco de la conversación en el aire. La tarde ya estaba bajando, y el sol anaranjado iluminaba las calles. Caminamos hasta el parque más cercano, ese donde habíamos pasado tantas tardes años atrás, y nos acomodamos cerca de la fuente que siempre servía de punto de encuentro.

Coloqué la cámara en un pequeño tripié improvisado que saqué de mi bolso, mientras las demás se sentaban a mi lado, algo nerviosas pero sonrientes.

Alicia: Bueno, aquí vamos

Presioné el botón de grabar y la cámara comenzó a registrar el momento, y Rosa fue la primera en hablar, mirando al lente con honestidad:

Rosa: Hace poco volvimos a vernos después de mucho tiempo, y al principio no sabíamos si todo sería igual. Había cosas que se habían quedado sin decir.

Andrea tomó la palabra enseguida, con la voz tranquila pero firme.

Andrea: Sí, hubo errores y miedos, pero también hubo recuerdos que ninguna olvidó. Hoy hablamos de todo eso y entendimos que todavía queremos estar juntas.

Casandra respiró hondo antes de agregar, ajustándose sus lentes con una leve sonrisa tímida.

Casandra: La amistad no es algo que se rompe tan fácil. Solo necesitábamos escucharnos otra vez, y lo hicimos.

Por último, volví a mirar a la cámara, con esos ojos verdes brillando con emoción contenida:

Alicia: Y por eso estamos aquí. Porque aprendimos de lo que pasó, porque crecimos, y porque queremos empezar de nuevo. Este es nuestro regreso, y queremos que ustedes también sean parte.

Las cuatro nos miramos entre sí y luego nos inclinamos hacia adelante, uniendo las manos frente al lente como lo habíamos hecho en la mesa minutos antes. ¡Estamos listas para comenzar de nuevo! dijimos juntas, con una mezcla de risa y determinación. El viento movió suavemente nuestros cabellos, y el sol del atardecer quedó grabado como un marco perfecto para ese instante.

Rosa tomó la cámara con ambas manos, sonriendo con picardía mientras la levantaba a la altura de su rostro.

Rosa: Bueno, ahora me toca a mí grabar

Estaba enfocando a Andrea y Casandra, que caminaban a su lado por los senderos del parque. Andrea la miró de reojo y se rió.

Andrea: ¿Seguro que sabes grabar bien? No quiero que después salga toda borrosa.

Rosa: Tranquila, que tengo buen pulso

Ella se reía por un segundo girando un poco la cámara para mostrar su propio rostro con un gesto divertido, y luego volviéndola hacia las otras dos. Casandra, más seria, alzó una ceja.

Casandra: Lo importante es lo que decimos, no si está borroso o no.

Andrea no pudo evitar soltar una carcajada, y Rosa la siguió, capturando ese momento natural entre las tres mientras avanzaban hacia una pequeña glorieta al fondo del parque.

Mientras tanto, a unos pasos detrás, yo estaba lista para el siguiente paso, y para eso me había puesto mis audífonos. Conecté el cable a mi teléfono (uno de esos modelos que todavía tenían botones físicos y pantalla pequeña) y dejé que la música llenara mis oídos.
(Lo que sigue léase mientras escuchan la canción)

Miraba el cielo mientras caminaba sola, grabada de lejos sin darme cuenta, como si estuviera en mi propio mundo, en pausa, pensando en todo lo que habían dicho hace un rato.

El contraste quedaba registrado: Rosa, Andrea y Casandra compartiendo risas al frente, y yo detrás, con los audífonos, envuelta en la música y en mis pensamientos. Esa mezcla espontánea hacía que el video se sintiera más auténtico, más real, como si cada una estuviera mostrando un pedazo distinto de sí misma.

El resto del día se nos fue entre caminatas, risas y confesiones a la cámara. El parque se convirtió en su escenario improvisado, con bancas, senderos y rincones verdes sirviendo como fondos distintos para cada intervención.

La tarde cayó lentamente y las luces naranjas del atardecer acompañaron las últimas tomas. Ninguna estaba forzando nada; no se trataba de un video perfecto, sino de uno sincero. Entre juegos, caminatas y confesiones, fuimos tejiendo el relato de nuestro reencuentro, asegurándonos de que quedara plasmado no solo como memoria del pasado, sino como promesa hacia adelante. Era una declaración de nuestro regreso, y de que estábamos listas para comenzar otra etapa juntas.

La mañana siguiente llegó con notificaciones en sus teléfonos. El video que grabamos en el parque comenzaba a moverse con rapidez. Los comentarios y los likes llenaban la pantalla. Fui yo la primera en mostrarlo, con los ojos brillando de emoción y señalando mi laptop para que las demás vieran la cantidad de likes y mensajes positivos.

Rosa, entusiasmada, chocó la mano con la mía con una sonrisa amplia. Andrea, desde un lado, no pudo evitar soltar una risa breve y sincera. Casandra, por su parte, observó en silencio unos segundos la pantalla antes de dejar escapar una sonrisa tranquila, pequeña pero cargada de satisfacción.

Los comentarios eran sencillos pero significativos:

‟¡No puedo creer que estén de vuelta!”

‟Se ven más unidas que nunca”

‟Esto es lo que necesitábamos, gracias por regresar”

Era la confirmación de que lo que habíamos decidido la tarde anterior no solo nos servía a nosotras: también significaba algo para quienes habían estado esperando, aunque no lo supieran con certeza, que las cuatro volviéramos a compartir juntas.

Ese mismo día, por la tarde. Saqué un nuevo conjunto de ropa del armario y lo dejé en la cama. Las demás me miraron y entendieron lo mismo sin necesidad de discutirlo. Poco a poco fueron escogiendo qué ponerse, cada una con un estilo que reflejaba su identidad y cómo querían presentarse ahora. Y yo, volví a sentirme como aquella líder natural que había sido desde el principio.

Cuando estuvimos listas, salimos juntas, como si se tratara de una nueva misión. Caminábamos al mismo paso, sin prisas, con la certeza de que lo que venía sería otra experiencia digna de recordar, otra página más en la historia que estábamos reescribiendo. Al principio avanzábamos a paso tranquilo, comentando entre risas lo que habíamos leído de los comentarios del video. Pero pronto, la energía acumulada de volver a estar juntas pudo más que la calma: Rosa fue la primera en acelerar, Andrea la siguió con una carcajada, y Casandra, aunque con cierta timidez, terminó corriendo también.

A pesar de que la escuela estaba cerrada por ser fin de semana, decidimos entrar de todas formas. Con pasos sigilosos, subimos por la reja lateral que ya conocíamos de memoria y avanzaron hasta el edificio principal, casi haciendo parkour. La sensación de estar ahí sin que nadie más rondara nos causaba una mezcla de nervios y emoción, como si reviviéramos las viejas travesuras. Nuestra carrera fue vista dentro de la escuela, aunque no había nadie, pasamos por los patios, los pasillos, cerca de los salones, y acabamos hasta llegar al patio deportivo donde era más visible el atardecer que tanto nos gustaba observar mientras estábamos sentadas en las gradas.

Alicia: *Suspira con una sonrisa nostálgica* Este día se sintió más largo de lo habitual

Rosa: *Con un gesto de serenidad* Pero el descanso ya casi se acaba, acuérdate, la próxima semana regresamos a clases

Eso me dejó algo pensativa por un instante, volteé mi mirada en mis otras amigas. Casandra, recostada hacia atrás con las manos detrás de la cabeza, miraba fijamente el cielo, dejando que las nubes dibujaran formas que solo ella entendía. Andrea, por su parte, no podía quedarse quieta; con un balón que habían encontrado en la bodega de deportes, lo hacía rebotar entre sus rodillas y sus manos, como si ese ritmo fuera su manera de relajarse. Verlas tan distintas pero unidas me hacía ver que todavía tenemos mucho por contar en cualquier lado.

Alicia: Regresaremos, y juntas otra vez y como todos nos han visto en los años anteriores

Esas palabras sonaron más como una promesa que una simple afirmación, lo debo reconocer. El silencio se apoderó un momento del grupo, pero era un silencio cálido, de esos que unen. El balón de Andrea rebotaba una vez más contra el suelo y rodó hasta los pies de Rosa, que lo atrapó con suavidad y lo sostuvo entre sus manos. El sol caía lentamente sobre el patio deportivo, tiñendo las gradas de un color cálido.
El silencio se apoderó un momento del grupo, pero era un silencio cálido, de esos que unen. Rosa levantó el balón de Andrea y se lo devolvió sin más. Andrea lo hacía botar contra el suelo, levantándolo luego con el empeine para que volviera a sus manos en un giro ágil. No dejaba de sonreír mientras hablaba, su tono era relajado pero con un toque de entusiasmo.

Andrea: ¿Sabes qué, Casandra? El próximo video que haga con Alicia debería ser sobre deportes. Nos falta variedad, ¿no crees?

Casandra giró la cabeza hacia ella, apartando por un momento la vista del cielo. La observó en silencio, con esa mezcla de calma y curiosidad que siempre llevaba.

Casandra: ¿Deportes? *repitió, como si quisiera asegurarse de haber escuchado bien*

Andrea: Claro *Andrea atrapó el balón y lo sostuvo contra su cadera* Siempre hacemos lo mismo: charlas, moda, cosas tranquilas. Pero imagina un video mostrando un partido, una carrera, algo que tenga movimiento, energía. Haría que la gente nos viera de otra forma.

Casandra sonrió apenas, volviendo a reclinarse en la grada.

Casandra: Suena a que lo dices solo porque quieres jugar más con el balón.

Andrea: *Ríe, sincera y breve* Bueno, también... *admitió, lanzando el balón hacia arriba para atraparlo otra vez* Pero en serio, sería divertido. Y distinto.

Rosa y yo, que escuchábamos de reojo la conversación, nos miramos con complicidad. Sabíamos que, aunque Andrea lo planteaba con ligereza, en el fondo tenía razón: estábamos probando cosas nuevas, y esa idea podía ser el inicio de otra experiencia compartida. Al pensar en eso tuve otra idea, algo que debía hacer con mis amigas. Abrí mi mochila y saqué mi cámara digital, esa misma que tantas veces había sido testigo de mis momentos juntas. La encendí con un gesto seguro y fui a donde estaban las demás.

Alicia: Creo que este es el momento *dije, alistando la cámara y ajustando el ángulo* Vamos a grabar un anuncio rápido.

Andrea dejó el balón a un lado y se acercó con curiosidad, mientras Casandra permanecía en su sitio, observando con atención. Rosa, por su parte, ya entendía lo que yo pensaba y se acomodó a su lado. Enfoqué la cámara hacia ellas y presioné el botón de grabar. Mi voz salió clara, un poco seria pero con un toque de emoción contenida.

Alicia: Hola a todos. Les habla otra vez su amiga Alicia. Queríamos agradecerles por todo el apoyo que nos dieron ayer, después de nuestro regreso. Fue increíble ver que todavía nos siguen acompañando después de tanto tiempo. *Hice una breve pausa, respirando antes de continuar* Ahora que estamos juntas otra vez, tenemos muchas ideas nuevas, pero también queremos contarles algo importante: la actividad en el canal y en nuestras redes va a disminuir un poquito, porque la próxima semana volvemos a clases.

Rosa añadió desde un costado, con una sonrisa ligera.

Rosa: Eso no significa que nos vamos a ir otra vez, al contrario. Solo que estaremos más ocupadas, pero seguiremos aquí, compartiendo con ustedes cada paso.

Andrea se inclinó hacia la cámara y levantó la mano, como si estuviera en un partido.

Andrea: Así que no se preocupen, todavía nos queda energía para rato.

Casandra, más tímida, cerró con un comentario sencillo pero sincero.

Casandra: Y gracias por esperarnos. Eso nos hace querer seguir adelante.

Detuve la grabación, bajó la cámara y la sostuve en mis manos. Sonreí a sus amigas, satisfecha.

Alicia: Listo. Este será nuestro anuncio de hoy.

El aire del patio escolar estaba tranquilo, y por un instante, las cuatro sentimos que acabábamos de sellar un nuevo comienzo, ahora con los pies en el presente y un futuro lleno de posibilidades. Mientras la cámara descansaba sobre mi regazo, las cuatro permanecíamos sentadas en las gradas del patio escolar. El eco lejano de la ciudad y el viento suave hacían que el silencio no resultara incómodo. Rosa, jugueteando con las correas de mi mochila, fue la primera en romperlo.

Rosa: Oigan... *dijo, mirando a las otras con curiosidad* ¿Qué planes tienen para los siguientes días? Digo, ya sabemos que las clases empiezan pronto, pero quiero saber qué piensan hacer antes de eso.

Andrea fue la primera en responder, sonriendo con cierta frescura.

Andrea: Yo quiero salir a correr más temprano en las mañanas. No quiero que me agarre floja la primera semana de clases. *Giró el balón entre sus manos* Además, creo que estaría bien practicar para el video de deportes que le dije a Alicia.

La estuve mirando de reojo y asentí, divertida, antes de responder.

Alicia: Yo pienso terminar algunos clips que todavía tengo guardados en mi cámara. No quiero que queden en el olvido. Y también, bueno, quiero aprovechar estos días para estar con ustedes. No sé cuánto tiempo libre tendremos después.

Rosa sonrió de inmediato, satisfecha con mi respuesta, y volteó hacia Casandra, que seguía mirando al cielo como si buscara palabras entre las nubes. Casandra parpadeó, bajó la mirada y habló con calma.

Casandra: Yo quiero ordenar mis cosas. Mis cuadernos, mis apuntes, todo lo que dejé pendiente. A veces siento que me pierdo entre tantas cosas sin cerrar, y si empiezo el ciclo con desorden no me va bien.

Rosa asintió suavemente, comprendiendo, y finalmente añadió lo suyo.

Rosa: Yo quiero pasar un poco más de tiempo en casa. No sé, ayudar a mamá, o simplemente quedarme tranquila. Y claro, estar con ustedes cuando podamos.

Las cuatro nos miramos en silencio, como si esas confesiones simples trazaran un mapa invisible de quiénes éramos y hacia dónde íbamos. No eran grandes planes, pero en nuestra sencillez estaba la fuerza de un grupo que volvía a caminar. Andrea se levantó de las gradas con el balón en la mano y se acercó a mí, queriendo contar algo importante con esa mezcla de seguridad y naturalidad que siempre la acompañaba.

Andrea: Oye Alicia, tarde o temprano todos van a querer estar en tus redes. No lo dudes. Imagínalo: tu nombre, Retroblogs, va a terminar siendo parte de tu vida, mucho más de lo que pensabas desde que empezaste todo esto hace unos años.

Levanté la mirada, sorprendida, casi queriendo negar la idea, pero no encontré las palabras de inmediato. Andrea me miraba con firmeza, sin ironía ni burla.

Alicia: *Con una voz baja pero cargada de curiosidad* ¿Tú crees?

Andrea sonrió, dio un leve bote con el balón y respondió.

Andrea: Claro que sí. Lo llevas en ti. Pero no se trata solo de un nombre o de los videos. Se trata de lo que transmites. Eso no se olvida.

Estuve en silencio por unos segundos. Luego, con un gesto más tranquilo, asentí.

Alicia: Si eso pasa quiero que todos recuerden que no lo hice sola. Que llegué hasta aquí porque mi familia y mis amigas estuvieron conmigo. Que no soy solo Retroblogs, sino también Alicia, la que compartió todo esto con ustedes.

Andrea sonrió, esta vez más suave, y me dio una palmada ligera en el hombro.

Andrea: Eso es lo que te hace diferente. Y por eso vale la pena seguirte.

Sonreí también, guardando mi cámara con cuidado. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí realmente en paz con la idea de seguir adelante con mis amigas, sabiendo que no lo hacía sola. Rosa y Casandra también habían alcanzado a escuchar cada palabra. Mi hermana se levantó de inmediato de la grada y, con los brazos cruzados pero una expresión cálida, intervino.

Rosa: Yo también lo pienso. Si queremos llegar a eso, tiene que ser juntas. Retroblogs no es solo un nombre tuyo, hermana. Es un recordatorio de lo lejos que has llegado y de lo lejos que podemos llegar contigo.

Giré la cabeza hacia ella, un poco sonrojada, sintiendo cómo sus palabras tenían ese peso que solo alguien tan cercano podía darme. Casandra, que seguía un poco más atrás, bajó la mirada antes de hablar con voz suave pero firme.

Casandra: Estoy de acuerdo. Si las personas van a recordarte por Retroblogs, también quiero que sepan que no fuiste sola. Que siempre hubo alguien contigo; nosotras, tu familia, tus amigas. Ese nombre puede ser tuyo, pero también lleva pedacitos de todas.

El viento sopló entre ellas, como si sellara aquel momento. Volví a sonreír, no con el entusiasmo rápido de antes, sino con la calma de alguien que finalmente acepta quién es y hacia dónde va.

Alicia: Entonces, que Retroblogs no sea solo mío. Que sea nuestro recordatorio de que todo esto empezó porque estuvimos juntas.

Andrea levantó el balón como si celebrara un gol. Rosa sonrió satisfecha. Casandra inclinó la cabeza con una pequeña sonrisa. Y yo, en medio de ellas, supe que esas palabras habían marcado el verdadero inicio de lo que vendría.

El sol ya comenzaba a descender, tiñendo el patio de la escuela con tonos anaranjados y largos reflejos. Las cuatro recogimos nuestras cosas y, sin ponernos de acuerdo en palabras, entendimos que era hora de regresar a casa. Ninguna dijo nada en el camino. Habíamos hablado demasiado durante el día, compartido más de lo que habíamos imaginado, y ahora el silencio se sentía como un descanso merecido. El sonido de nuestros pasos sobre la banqueta era el único ritmo que nos acompañaba.

Caminaba ligeramente adelante, con la cámara dentro de mi mochila. Aunque no hablaba, mi mente seguía repasando lo último que habían dicho. La idea de que mis redes sociales tuvieran un nombre tan único como Retroblogs no era nueva: lo había pensado años atrás, casi como un capricho adolescente, algo que sonaba bien pero que nunca me atreví a tomarlo en serio. Y sin embargo, ahora, con mis amigas a mi lado y con mi hermana cerca, el nombre cobraba un nuevo peso. Retroblogs ya no era solo un seudónimo; podía convertirse en un símbolo de todo lo que había vivido y de lo que aún estaba por venir. No lo anunciaría todavía, pero pronto lo haría. Pronto Retroblogs dejaría de ser una idea guardada para convertirse en parte de mi vida.

Detrás de mí, Rosa, Andrea y Casandra caminaban tranquilas, cada una sumida en sus pensamientos, pero compartiendo el mismo aire de complicidad. Sin decir palabra, avanzábamos juntas hacia un futuro que, aunque incierto, ahora tenía la certeza de que se viviría en compañía.

Al llegar a casa, subí directo a mi cuarto. Coloqué la cámara sobre el escritorio y la observé unos segundos, como si fuera un espejo de todo lo que habíamos hablado. Encendí mi laptop, abrí la carpeta de proyectos viejos y, por primera vez en mucho tiempo, renombré un archivo con el título ‟Retroblogs”. Sonreí apenas, sin decir nada, y apagué la luz de una lámpara. No necesitaba más palabras: sabía que pronto daría el siguiente paso.

Rosa entró despacio, saludó a nuestra mamá y luego fue directo a su cama. No prendió la televisión ni buscó distraerse; simplemente se recostó mirando al techo, con una sonrisa que no lograba borrar. Durante el día había confirmado lo que ya sabía: ninguna amistad se parecía a la que tenía conmigo, con Andrea y Casandra. Y ahora que estábamos de regreso, pensaba proteger eso con todas sus fuerzas. Cerró los ojos, tranquila.

Andrea lanzó su abrigo y su gorra sobre una silla, se dejó caer en la cama y tomó un cuaderno. Comenzó a trazar líneas sin pensarlo mucho: un balón, unas gradas, y las siluetas de sus amigas riendo. Se detuvo un momento, miró el dibujo a medio terminar y rió en voz baja. Nunca había sido buena para poner sus sentimientos en palabras, pero el dibujo era suficiente. ‟Así está bien”, murmuró antes de quedarse dormida con el lápiz aún en la mano.

Casandra llegó a casa en silencio, saludó apenas y fue directo a su habitación. Sacó de un estante una pequeña caja donde guardaba papeles doblados y recuerdos, y añadió uno nuevo: un pedazo de hoja con una frase escrita esa misma noche: ‟Juntas otra vez. Esta vez será distinto.” Cerró la caja con cuidado, la colocó en su lugar y se sentó junto a la ventana. Mirando las luces lejanas de la ciudad, pensó en lo mucho que había cambiado desde que se separaron y en lo mucho que quería cuidar lo que habían recuperado.

En la penumbra de su cuarto, estaba recostada sobre la cama con la cámara aún cerca, como si no quisiera alejarme de todo lo que había vivido ese día. Cerré los ojos un momento, y las imágenes se sucedieron una tras otra: la risa de Andrea, la mirada tranquila de Casandra, las palabras firmes de Rosa. Pensé en lo extraño que era que, tras tanto tiempo separadas, nuestra amistad ahora se sintiera más fuerte que nunca, como si la ausencia hubiera servido para reforzar los lazos. Sonreí suavemente, con una certeza nueva: lo que habíamos recuperado no era igual que antes, era mejor.

Solo suspiré y giré hacia un costado, imaginando lo que pasaría al día siguiente. ¿Nuevos videos? ¿Más paseos? ¿Un millón de recuerdos por construir otra vez? La emoción se mezclaba con la calma, envolviéndome poco a poco.

Finalmente, sin darme cuenta, me dejé llevar por el cansancio, hasta caer dormida con una sonrisa ligera, mientras la cámara permanecía como testigo silencioso en la mesa de noche.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

El querido y esperado reencuentro | Anónimas - capítulo 2

Febrero 2011

(Casa de Alicia y Rosa - 8:04 a.m.)

Ese gran día comenzó con un sol filtrándose por la ventana de mi cuarto. Sabía que algo estaba por pasar cuando las primeras luces del día entraban en mi lugar. Hoy no sería la excepción.

Estaba sentada en el piso, rodeada de papeles viejos, cintas, fotos sueltas y una cámara encima de una pila de libros. Rosa entró ya vestida y con una taza de café en cada mano.

Rosa: ¿Dormiste, hermana?

Alicia: *sin mirar* Un poco. ¿Y tú?

Rosa: Nada

Nos sentamos juntas, ella en mi cama y yo todavía en el suelo. Había un silencio largo, pero cómodo. Rosa me pasó una taza y yo decidí iniciar el tema.

Alicia: ¿Crees que vengan?

Rosa: No sé. Pero si no vienen... nos tenemos a nosotras. Nosotras nos vamos a querer por igual.

Yo solo la miré, y Rosa sonrió como solo lo haría ella cuando estaba de buen humor y a mi lado.

Alicia: ¿Y si no es como antes?

Rosa: *más seria* Entonces seguiremos con nuestros caminos como ahora. Pero si vienen... quiero que sepan que pueden quedarse.

(Departamento de Andrea - 8:17 a.m.)

(Narra Andrea)

Desperté casi de repente con el sonido de una notificación. No la abrí y no sentí ganas de hacerlo. Me quedé mirando el techo, sin siquiera moverme de inmediato.

No he hablado con Alicia ni con Rosa ni con Casandra desde hace tiempo, y sin embargo... el día empezó diferente, como si algo interno o invisible me anunciara que hoy no es cualquier día. Seguí mirando el techo, tratando de saber qué era lo especial de este día.

“¿Qué día es hoy?”

La alarma no sonó. No tenía nada pendiente... O eso era lo que creía desde un inicio hasta que recordé el mensaje que había contestado anoche en el grupo de chat.

“No tengo excusas. Solo opciones.”

Me levanté, me preparé, tomé un café sola. No sabía lo que me esperaría, pero tenía que estar lista para lo que vendría después.

Pasé por un viejo mueble y abrí el cajón donde guardaba esa vieja sudadera oscura que alguna vez usé en las reuniones con las otras. La saqué. La olí. Sonreí un poco cuando lo hice, debo admitirlo.

Andrea: *en voz baja* Sería una locura ir, pero también sería una locura no ir.

Estuve viéndome a mí misma en el reflejo de un espejo. Me recogí el cabello en dos coletas. Estuve probando la sudadera; me la quitaba, me la volvía a poner.

“No voy a prometer nada. Solo aparecer.”

(Habitación de Casandra - 9:03 a.m.)

(Narra Casandra)

Había despertado por el sonido del timbre del horno. Mis padres estaban horneando algo. No lo hacían por necesidad, por costumbre, algo que han estado haciendo por tanto tiempo.

Sobre mi escritorio descansaba una pequeña libreta abierta, mostraba una lista con tres posibles rutas para el día. Ninguna mencionaba un reencuentro, pero recordaba el mensaje de ayer, eso era una señal de lo que me esperaría. Al fondo había un papel doblado que decía:

“En caso de que sí.”

“Alicia lo intentará. Rosa estará ahí.”

Antes de salir miré mi cuarto. Había algo que me hizo regresar y ponerme a revisar entre mis cosas si lo que realmente buscaba era una respuesta.

Busqué y abrí una caja de recuerdos sin tocar nada. En el fondo, había una nota vieja con una sola línea escrita por Andrea, en un papel arrugado:

“No hay mapas que indiquen cuándo volver. Tú creas esos mapas.”

Volví a leerla de nuevo. Esperaba que esa frase fuera la respuesta que buscaba. Luego, metí una libreta en mi mochila. No la usual, otra. La que usaba “cuando estaba con ellas.”

Casandra: *sin mirar a nadie* Vamos a ver qué queda. Y si queda algo, escribiré desde ahí.

(Narra Rosa)

Ambas salieron de sus casas sin anunciarse. Ambas tomaron el camino sin avisar si llegarían. Pero algo las empujó, no un mensaje, ni un recuerdo. Sino la idea de que si alguna vez hubo un “nosotras” verdadero, entonces tenía que empezar por atreverse a volver.

Durante toda la mañana, mi hermana y yo fuimos a un terreno baldío en donde limpiamos un viejo salón semi vacío donde nos reuniríamos, sacamos algunas cosas que teníamos guardadas, mantas, cojines, fotos viejas que no sabíamos si poner o esconder. Discutimos si encendíamos unas velas o no.

Rosa: *bromeando* ¿Y si Andrea piensa que es una trampa emocional?

Alicia: Si aparece, ya ganamos.

Cuando todo ya estaba listo, Alicia preparó la cámara, pero no la encendió.

Alicia: Hoy no la uso... a menos que nos lo pidan.

Rosa: *poniéndose su gorra* Eso ya es un cambio.

Las dos nos sentamos en un viejo sillón afuera del salón, vestidas como si no quisiéramos parecer que nos esforzamos demasiado, pero claramente lo hicimos.

Afuera ya caía la tarde. En el interior, la caja compartida esperaba sobre la mesa. Nosotras sin alguna señal de que llegaran nuestras amigas.

Alicia: *nerviosa* ¿Y si no entran? ¿Y si pasan y no se atreven?

Rosa: Entonces nosotras sí. Nosotras vamos a entrar primero.

Y eso fue lo que hicimos. Fuimos las primeras en llegar al lugar donde todo comenzó ese día. Las primeras en sentarse. Las primeras en abrirse, aunque sea solo entre nosotras. Porque para que un reencuentro ocurra, alguien tiene que atreverse primero.

Rosa: *mirando alrededor* ¿Sabes? Si ellas no llegan... yo igual habría querido estar aquí contigo.

Alicia: *sonriendo* Gracias por quedarte.

Cuando todo parecía terminar, vimos que una silueta se estaba acercando con paso apresurado. Mi hermana y yo notamos casi de inmediato de quién se trataba, era difícil olvidar los pasos de nuestra amiga cuando intentaba alcanzarnos estando ya cansada.

Andrea fue la primera llegar, lo cual es raro en ella. Viene sola, con manos en los bolsillos y los audífonos apagados. Caminaba despacio, como si esperara que algo la detuviera.

Se detuvo frente a la puerta. Miró por la rendija. No entró. Sacó de su mochila una llave vieja (la misma que alguna vez puso en la caja compartida). La sostuvo por unos segundos sin mirarnos para luego guardarla otra vez, como si no estuviera lista para soltarla del todo. Se sentó en las escaleras de la entrada, mirando al cielo. No escribe, no revisa el celular. Solo respira.

Rosa: *suavemente* ¿Eres tú o eres una ilusión?

Andrea sonrió al escucharme aunque no se atrevió a mirarme directamente.

Andrea: Depende del día.

Nos sentamos juntas, sin hablar mucho más. Estuve apretando una bolsita de papel en mis manos que llevaba desde que llegamos. Dentro habían cuatro dulces envueltos, uno para cada una. Me temblaban los dedos, pero sonreí igual.

Casandra llegó caminando recta y puntual, como si se hubiera citado con una versión antigua de sí misma. Llevaba un cuaderno bajo el brazo, y unas gafas nuevas. Se detuvo cuando nos vio sentadas afuera.

Casandra: *mirando el edificio* Pensé que lo iban a demoler algún día.

Andrea: Demoler, no. Abandonar, tal vez.

Casandra: Casi lo mismo.

Se unió a nosotras. No preguntó por Alicia, quien había entrado al salón para traer algo en sus propias palabras. Casandra solo se sentó, como si la hubiera estado esperando desde hace más tiempo del que admite.

Alicia salió y nos vio a las tres sentadas en las escaleras. Por un instante, dudaba si acercarse, pero yo me puse de pie para hablarle.

Rosa: *con voz trémula* Ya estás, ¿no?

Alicia asiente. No habla. Solo abre regresa al salón y vuelve a salir con la caja compartida en sus manos, y encima de ella su cámara.

Alicia: *finalmente* Pensé que sería mejor traerla. Unos objetos tan valiosos como lo son esta caja y mi cámara tenían que saber del reencuentro

Nadie dijo nada. Pero en ese momento, las cuatro nos miramos con los ojos de quienes han sido extrañas y hermanas al mismo tiempo. Y entonces, sin señal previa, abrimos la puerta juntas.

(Narra Alicia)

El interior del salón aún seguía siendo un lugar tan extraño como llamativo. El polvo suspendido en el aire. La luz tenue filtrada por cortinas viejas. Una mesa con un mantel ligeramente descolorido. Todo seguía ahí, pero todo se sentía distinto.

Cerré la puerta detrás de ellas. Por reflejo, toqué el botón de la cámara, pero no lo presioné. La dejé a un lado de la caja compartida que descansaba en la mesa.

“Me prometí no capturar nada hoy. Solo recordar. Pero me cuesta. Porque sin lente de por medio, todo me toca directo.”

Vi la esquina donde solía sentarme a editar, y pensé que todo lo que guardé tal vez no era suficiente.

Rosa caminaba por el salón tocando cosas con las yemas de los dedos. El respaldo de la silla, la orilla de la mesa. Un viejo florero sin flores. Se detuvo al ver un dibujo suyo aún pegado en la pared.

“¿Cómo puede seguir aquí? ¿Cómo puede seguir mi voz resonando en este lugar si ni yo sé dónde está?”

Siente un nudo en la garganta, pero lo disimula con una sonrisa. Como siempre.

Casandra dejó el cuaderno sobre la mesa como si ese fuera su lugar de siempre. Se acomodó los lentes. Observaba todo con atención, sin dejarse abrumar.

“Esto no es nostalgia. Es memoria física. El cuerpo recuerda lo que el corazón evita.”

Miró a las demás sin decir nada. Pero en su mente, empezó a ordenar lo que duele y lo que puede sanar.

Andrea miró una ventana rota que nunca arreglamos. El calendario colgado en la pared todavía marcaba marzo del 2010.

“Todo está como si hubiéramos salido un viernes. Y eso me da miedo. Porque yo no soy la misma que se fue ese viernes.”

Se quedó de pie unos segundos. No quería sentarse aún. No quería dar por hecho que estaba cómoda. Pero tampoco quería irse.

Las cuatro estaban dentro. Juntas. Pero no apuradas. El salón parecía contener la respiración, esperando que algo vuelva a comenzar. Y así fue. Las cuatro se sentaron en las sillas que estaban en la mesa, no alineadas, a su modo. Cada una ocupaba su rincón como si el cuerpo todavía dudara dónde encajar. En el centro, la caja compartida.

Andrea giraba una botella vacía sobre la mesa. Rosa acomodaba servilletas aunque nadie las usó. Casandra hojeaba su cuaderno sin leerlo. Y yo estaba en silencio, observando hasta que decidí quitar ese silencio que me incomodaba.

Alicia: *suave, sin mirar a nadie* Entonces... ¿por qué vinieron?

Rosa: *suspira* Porque me prometí que si algún día llamabas yo no iba a ignorarlo. Porque aunque te odié un poquito al principio también te extrañé mucho. Porque lo nuestro no merece terminar con un “visto.” Después de todo, como hermanas somos tan unidas.

Andrea sonríe, apenas terminó de escuchar a Rosa.

Andrea: Yo vine porque no tengo muchas cosas que duren. Pero esto sí duró. Incluso cuando no lo parecía. *Mira a Alicia* Y también porque pensé que si no venía te ibas a rendir. Y tú no eres de rendirte.

Yo solo bajé la mirada. Rosa le pasó un dulce envuelto sin decir nada. Casandra cerró su cuaderno, colocándolo al centro de la mesa.

Casandra: Vine porque quería saber si seguían siendo ustedes, o si las había imaginado mejor de lo que fueron. *Mira una por una* Y hasta ahora están bastante cerca de lo que recuerdo.

Rosa: *bajito, como si se disculpara* ¿Y tú, Alicia? ¿Por qué las llamaste?

Alicia: *después de un segundo* Porque no podía contar esta historia sola. Y porque ya pasé un año diciendo que tal vez algún día volveríamos a contarla juntas... *Levanta la mirada* Hoy es ese día.

La tensión se disolvió un poco. No del todo. Pero lo suficiente como para calmarme. La cámara seguía intacta al lado de la caja compartida como si esperara el momento de usarla. Andrea la ve. Rosa también. Casandra me pregunta:

Casandra: ¿Y el video?

Yo asentí sin soltar una palabra, y con mucho cuidado, me acerqué a una mesa más pequeña en la que había cables, una vieja pantalla de proyector y la laptop. Tenía la mano sobre el touchpad. La pantalla estaba encendida, la barra de reproducción lista. Pero no le daba clic aún. Afuera la noche ya estaba presente. Dentro, el salón se llenó con la luz azul de la pantalla.

Andrea: «“No sé qué grabó Alicia. No sé si habrá un momento mío mirando al piso, queriendo salir corriendo. No sé si me va a doler ver cómo era antes. Tal vez me vea llorar en el video. O tal vez vea lo que nunca me permití decir. Y si lo veo... tal vez me perdone un poco.”»

Andrea cruzó los brazos, pero sin cerrarse del todo. Su expresión es serena, pero los dedos de sus manos tiemblan apenas, lo suficiente.

Rosa: “¿Cómo me verá la Rosa de ahora a la de entonces? ¿Me veré ridícula? ¿Demasiado intensa? ¿Demasiado yo? Ojalá aparezca esa risa que siempre me gustó. Ojalá ellas también rían.”

Mi hermana tenía los ojos vidriosos. Acariciaba el dulce aún sin abrir que le había dado minutos antes, como si eso le recordara que sigue siendo parte de algo.

Casandra: «“Tal vez este video diga cosas que nunca dijimos. Tal vez veamos en los gestos lo que nos faltó en palabras. No me asusta la imagen. Me asusta lo que voy a descubrir que ya sabía y no quise ver.”»

Ella miraba la pantalla fijamente, como si quisiera aprenderse cada píxel antes de que empiece. Pero respira hondo. Estaba lista. O al menos, se obligó a estarlo.

“Grabé este video pensando que lo estaba haciendo por ellas. Por el grupo. Por algo que merecía ser archivado. Pero ahora ya no sé si lo hice por miedo a olvidar o por miedo a sentir. Hoy no soy directora. Solo soy parte.”

Sentí los ojos de las tres sobre mí. Levanté la mirada para recibir una respuesta. Andrea asiente. Rosa sonríe. Casandra parpadea lento, como diciendo hazlo. Y entonces, sin pensarlo más presioné play.

Pantalla se encendió. Se oía el sonido de una cinta rebobinándose. Un parpadeo. Luego, imagen.

[VIDEO CASERO – FECHA: 2011]

La cámara tiembla al inicio. Se escucha a Alicia reír fuera de cuadro.

Alicia: *en el pasado* ¡Ya, ya! ¿Está grabando? ¿Sí? Espera, ¿esa luz roja significa qué...?

La imagen enfoca a Rosa, que está de espaldas, acomodándose un moño frente al espejo.

Rosa: *sin darse cuenta que ya filman* ...igual no me lo van a notar si no les gusta cómo hablo. *ríe sola* Pero si me lo quito... ¿ya no soy yo?

La toma cambia. Ahora es un plano torpe de Andrea, echada sobre una mesa, con un brazo cubriéndose la cara.

Alicia: *fuera de cuadro* ¿Qué estás haciendo?

Andrea: *voz baja* Memorizando el techo. Por si algún día no vuelvo.

Se escucha un suspiro de fondo. Tal vez de Casandra. Luego, la imagen se mueve. Con la cámara en mano, Alicia apunta hacia Casandra, que está escribiendo algo en su cuaderno.

Alicia: *en tono juguetón* ¿Y tú, Casandra, qué anotas?

Casandra: *sin levantar la vista* Algo que quiero olvidar antes de que se me quede para siempre.

Alicia: *más suave* ¿No es eso contradictorio?

Casandra: Exactamente.

Aparece la pantalla en negro por un segundo. Luego, una toma desenfocada de las cuatro sentadas en el suelo, comiendo algo, riendo sin control. Sin palabras. Solo sus voces entrelazadas. Sin guion.

Cuando termina ese primer fragmento, pausé el video en busca de una respuesta de ellas, ninguna de ellas habló aún. Pero el silencio ya era otro, no uno que incomodaba, sino uno que abrigaba por la nostalgia.

“Pensé que el video iba a sentirse más lejano. Que sería como mirar a otras personas... Pero ahí están ellas. Nosotras. Sin luces, sin poses. Y me doy cuenta de algo: cuando estábamos juntas, la cámara no necesitaba que yo dirigiera. Ya tenía todo.”

Parpadee lentamente. Sentí un nudo entre la garganta y el pecho. No quería llorar. No aún. Pero me permití sentir.

(Narra Andrea)

No lo dije por decirlo. De verdad memoricé ese techo. Y al verlo ahora me doy cuenta de que aún recuerdo cada grieta. Cada sombra. Cada sonido de ellas riendo detrás.

“¿Y si nunca me fui del todo? ¿Y si esta soy yo regresando a donde aún soy parte?”

No me moví. Solo crucé las piernas distinto. No miré a las otras aunque quería, pero estuve escuchándolas incluso sin palabras.

(Narra Rosa)

«“Ese moño ya no lo tengo. Lo perdí. Un día se cayó y no lo volví a encontrar. Pero ahí está, en el video. Y no es el moño lo que me duele. Es verme como me veía con ellas. Como si el miedo fuera más ligero cuando estábamos juntas.”»

Solo me limité a tragar saliva. Miré mis manos. Las apreté para luego soltarlas. Ellas no lo sabían pero tuve la sensación de que si alguien me tocaba, iba a llorar. Pero no quiero detener el video.

(Narra Casandra)

“¿Algo que quiero olvidar antes de que se me quede para siempre?”

No sabía lo que eso significaba cuando lo dije. Hoy lo entiendo. No quería olvidar lo que fuimos. Solo no sabía cómo sostenerlo.

No estaba mirando a la pantalla. Miraba a Alicia. Como si entendiera, finalmente, qué intentaba capturar ella. Y por qué falló y acertó al mismo tiempo. Estábamos ahí, juntas, pero sin necesidad de llenarlo todo con palabras como solíamos hacerlo.

La proyección sigue en pausa. La noche avanza. Y por primera vez en mucho tiempo, no estamos huyendo del recuerdo. Estábamos viendo cuando algunas vez fuimos un grupo de amigas soñando juntas, sin saber que un día miraríamos esto con lágrimas contenidas. Entonces Alicia decidió continuar con el video.

La pantalla vuelve a la vida con un corte abrupto: una risa muy fuerte, probablemente de Rosa, interrumpida por alguien tirando algo.

[VIDEO – FECHA DESCONOCIDA, probablemente 2010]

—¡Nooo, Casandra! ¡Eso no era para romperse!

—Andrea, ¡graba bien! ¡No le cortes la cabeza a Rosa!

—¡Alicia, estoy en pijama! ¡Borra esto!

Las voces se sobreponen. La cámara gira, pierde foco, y por unos segundos muestra el techo, las luces, una risa filtrada como eco. Luego vuelve:

Toma 1: Rosa y Casandra discuten si el moño que lleva puesta es “infantil” o “icónico.”

Toma 2: Andrea muestra un mapa de papel dibujado a mano, con rutas para grabar un “documental urbano” que jamás hicieron.

Toma 3: Alicia hace una entrevista a Rosa sin que ella se dé cuenta, pero se ríe y la delata.

Toma 4: Las cuatro están en un parque, enredadas en una sábana porque querían imitar una escena dramática de una película francesa sin subtítulos.

[Audio superpuesto – Alicia en voz en off, grabada en otro momento]

—A veces siento que nunca supimos bien qué estábamos haciendo.

Pero todo parecía urgente. Como si lo que viviéramos no se fuera a repetir. Como si tuviéramos que documentar el mundo, aunque solo fuera el nuestro.

Una última toma se queda un poco más tiempo en pantalla: Las cuatro, sentadas en el suelo, sin actuar. Comiendo papas. Andrea con la cabeza en el regazo de Rosa. Casandra leyendo algo en voz alta. Alicia, fuera de cuadro, dice bajito:

¿Creen que algún día dejemos de vernos?

Andrea: *sin dudar* Sí. Pero igual nos vamos a acordar.

La imagen se queda estática ahí por unos segundos. Luego, vuelve la pantalla negra. La laptop se queda en silencio. El salón también. Ya no hay ni un zumbido. Solo el eco del pasado sobre el presente.

Alicia: *rompe el silencio, suave* Yo grabé eso pensando que lo importante era la historia. Que si lo registraba, no se iba a ir. Pero lo que no entendí es que... ustedes eran la historia. *Se gira un poco, sin hacer contacto visual aún.* Perdón si quise capturar todo sin preguntar. Perdón si no supe parar.

Andrea: *cruza los brazos, pero sonríe apenas* Te odié un poco, sí. Por mostrarme sin que yo supiera. Pero ahora veo eso y pienso... ¿cuántas partes de mí se habrían borrado si no estuvieran ahí? *Levanta la mirada* A veces no quiero recordar quién era, pero hoy me caí bien.

Rosa: *ríe con los ojos húmedos* ¿“Infantil o icónico”? Dios, hablábamos como si todo fuera el fin del mundo. “¡Alicia, estoy en pijama!” ¿Sabes qué? Me encanta estar en pijama. Me encantaba que me grabaras aunque me quejara por la mínima cosa. Porque tú eras la única que me veía aunque no dijera nada. *Mira a las demás* Extrañaba esta versión de mí. La que salía con ustedes.

Casandra: *toca el cuaderno en la mesa* Recuerdo cada uno de esos días. No porque los tuviera anotados. Sino porque estaban guardados en una parte de mí que creí que ya no existía. *Pausa. Luego, con un tono más claro* Y sí, el mapa de Andrea era absurdo, pero lo tengo en casa. Lo guardé. Por si algún día hacíamos ese documental.

(Narra Alicia)

Andrea levantó las cejas, sorprendida. Rosa se ríe. Yo me tapé la boca con una mano para no llorar. Durante un momento, todas reímos suavemente, como si acabáramos de despertar de un sueño largo.

Luego, la risa cedió. La cámara seguía descansando al lado de la caja en la otra mesa, pero no grababa. En medio del silencio tibio, Andrea levantó la vista y me preguntó:

¿Y la caja?

No iba a dejar que el silencio volviera. Solo asentí y con delicadeza, agarré la caja y la acerqué al centro de la mesa donde estaba la laptop. Aún era esa caja que todas habíamos usado aquella noche. Seguía siendo pequeña, de cartón blanco por fuera, con marcas de uso y manchas que se mantuvieron ahí. Tiene un lazo viejo, deshecho. No hay candado. Solo una tapa que ninguna se atrevió a abrir sola.

Alicia: *bajito* La tuve todo este tiempo. Pensé en abrirla muchas veces. Pero siempre me decía: “Si no están ellas, no tiene sentido.” Me acuerdo del día que la nombramos. Casandra la llamó la caja de lo que no decimos.

Casandra asiente sin levantar la vista.

Rosa: *sonríe, nostálgica* Yo escribía papelitos y luego los rompía antes de meterlos. Decía: “¿Y si lo leen? ¿Y si no lo leen?” Luego terminé metiendo un dibujo. Solo un moño. El que perdí. *Se ríe sola* Ahora que lo pienso... fue lo más valiente que hice en esa época.

Casandra: *con voz firme pero suave* Una vez metí una nota que decía: “Cuando ya no sepamos cómo hablar, abramos esto.” Y aquí estamos. No sé si lo hice como consuelo o como trampa. Pero funcionó.

Andrea: *mira la caja, luego a sus amigas* Yo metí una llave. No dije de qué. Ni por qué. Pero la idea era que si alguien la encontraba viniera a buscarme. Nadie vino. Pero la llave siguió ahí. Y yo también.

Las cuatro rodeamos la caja. La miramos como si en su interior estuviera una versión intacta de nosotras mismas. pasé los dedos sobre la tapa sin soltar una palabra hasta que lo hice.

Alicia: ¿La abrimos?

Rosa asiente sin decir nada. Casandra inclina apenas la cabeza. Andrea cruza los brazos, pero dice:

Ya me vi llorar en video. No puede ser peor que eso.

Entonces yo sonreí. Y con un suspiro apenas audible abrí la caja. Dentro, los objetos estaban envueltos en papeles gastados, arrugados pero intactos. No son tesoros materiales. Son pedacitos de historia, fragmentos de quienes fuimos antes de separarnos. Lo importante no es solo lo que hay, sino cómo lo miramos ahora.

Yo fui la primera en levantar algo de la caja. De los muchos objetos que habíamos metido elegí sacar una llave oxidada. La reconocí sin preguntar. Andrea la miró, con una mezcla de ternura y vergüenza.

Andrea: *sonriendo torcido* Es de un candado que nunca usé. Me gustaba la idea de que alguien lo encontrara y me preguntara: ¿Qué abre esto? *Pausa* Ahora sé que abría esto. Este momento.

Casandra la acomodó sobre la mesa, en silencio, como si fuera sagrada. Rosa se inclina y toma con cuidado un moño rojo doblado. Tenía un pequeño alfiler oxidado. El rojo había perdido brillo, pero sigue intacto.

Rosa: *voz baja* Ese día no sabía si ponerlo o esconderlo. Lo metí en la caja pensando que si algún día no me reconocía, esto me recordaría quién fui con ustedes.

Acomodé ese moño en el borde de la caja. Andrea le hizo un gesto, como diciendo “sí, te reconocemos.” Casandra tomó una hoja de libreta arrancada antes de que alguien más lo lea. Estaba escrito con su caligrafía precisa, pero temblorosa. Decía:

“Lo guardo no porque lo entienda. Sino porque aún no sé cómo soltarlo.”

Casandra: *sin mirar a nadie* Ni recuerdo a qué me refería. Pero tal vez ahora sí lo entienda.

La dobla otra vez, sin esconderla. La deja sobre la tapa de la caja. Andrea saca una tarjeta de memoria pequeña y la levanta. Nadie dice nada.

Alicia: *respira profundo* No tiene video. No tenía nada. Solo la metí ahí para que no se me olvidara que no todo tenía que grabarse. *Rosa la toma con delicadeza* Parece vacía. Lo está. Y por eso vale.

Cuando los cuatro objetos están sobre la mesa, el silencio vuelve, pero no como antes. Esta vez, es un silencio lleno. Cargado. Repleto de memoria.

Andrea: *mirando la llave* No pensaba que todo esto fuera a sobrevivir. Pero sobrevivió.

Casandra: Nosotras también.

Afuera la noche seguía estando presente en todo momento. Dentro, nadie se movía. Como si al abrir la caja, algo dentro de nosotras también se hubiera abierto. Sin drama. Sin gritos. Solo verdad. La caja estaba abierta, sí. Los objetos, ya reconocidos. Y las cuatro nos quedamos ahí, en la mesa, sin prisa, por primera vez sin necesidad de revivir todo para entenderlo.

Rosa: *mirando la tarjeta de memoria vacía* ¿Y ahora qué se supone que hacemos?

Andrea: *cruzando los brazos, sin dureza* Podríamos fingir que nada pasó y vernos cada diciembre... O podríamos dejar de fingir.

Casandra: No vamos a ser las mismas. Y eso no es malo. Lo que duele no es cambiar. Lo que duele es no saber si vamos a tener espacio en la vida nueva de las otras.

Alicia: *mirando a Rosa primero, como hermana* Yo estuve tan obsesionada con guardar cada parte de nosotras, que olvidé vivirlas bien. Pero quiero que ahora nos vivamos como somos ahora. No como fuimos. *Se gira a Andrea y Casandra* No quiero que esto sea un reencuentro nada más. Quiero que sea el inicio de una segunda etapa.

Rosa: *mirando a Alicia, con una ternura que solo tienen las hermanas* Entonces no lo llamemos reencuentro. Reencuentro suena a algo que termina. *Se dirige a las otras* Esto puede ser algo nuevo. Tal vez no grabemos tanto. Tal vez no lo pongamos en cajas. Pero si nos volvemos a ver con el corazón abierto, ya es bastante.

Otra vez el silencio volvió. No uno incómodo. Era uno de esos que solo existe entre quienes realmente se conocen.

Andrea: *mirando la puerta* ¿Y si no sabemos por dónde empezar?

Casandra: Empezamos por hoy.

Escuchar esas palabras hicieron que abriera aun más mi corazón que estaba feliz de verlas. Extendí mi mano hacia el centro de la mesa. Rosa la tomó sin dudar. Andrea, después de una pausa, también. Casandra suspira y completa el círculo.

Alicia: *bajito* No grabé esto. Pero sí lo voy a recordar.

Esta breve escena que formamos cerró con nosotras juntas, bajo el mismo techo del que alguna vez salimos por separado. El salón ya no es un altar de lo que fuimos. Es ahora el punto cero de lo que seremos.

Afuera ya invadía la noche. Dentro, el salón guarda una luz más cálida que antes. La caja quedó abierta, pero ahora ya no importa su contenido, sino lo que provocó. Nosotras no nos abrazamos dramáticamente ni hicimos grandes promesas. Pero estábamos ahí. Juntas. Despiertas. Decididas.

Y así, con la amistad de las cuatro reparada, con el peso de los silencios nombrado, con las versiones antiguas despedidas con ternura, comenzó una nueva etapa para nosotras volviendo a ser, poco a poco, las amigas que fuimos alguna vez. Y tal vez, incluso más que eso.

Ya era tarde. El salón estaba en penumbra, iluminado solo por la luz tenue de un foco parpadeante que Andrea encendió y el resplandor lejano de la ciudad. Las cuatro seguíamos ahí, sin prisa por irnos. Regresé a la mesa de la laptop y saqué una cámara fotográfica de la mochila de Casandra.

Alicia: *mirándola, sin encenderla* No grabé nada de esto... Pero si lo hacemos ahora será porque todas queremos aparecer.

Las demás me miran. Rosa asiente primero. Andrea levanta las cejas, como diciendo por qué no. Casandra se acomodó el cabello y los lentes, pero no dice nada.

Rosa: *mirando a su hermana* Hazlo. Pero esta vez, nosotras decimos cuándo parar.

Yo volví a sonreír. No una sonrisa grande, sino de esas que duelen tantito por dentro. Coloqué la cámara sobre una pila de libros. Activé el temporizador. Corrí a sentarme entre ellas justo a tiempo.

La cámara captura: Las cuatro juntas. Cansadas. Diferentes. Pero completas. Andrea recuesta la cabeza en el hombro de Rosa. Casandra entrelaza los dedos frente a ella. Y yo solo reí, pero no miraba directo al lente. La foto se toma sola. *Click* No es perfecta. No está centrada. Pero esa imagen, es el principio.

A pesar de ser noche, el aire estaba tibio, suave, como si el mundo supiera que algo bueno acababa de ocurrir. Las puertas del salón se abrieron y, una a una, salimos felices.

Primero Rosa, con el moño de su atuendo desatado y una sonrisa aún viva en la boca. Luego Casandra, que cargaba en brazos la pequeña cámara con la que habíamos tomado la foto. Andrea caminaba con las manos en los bolsillos, pero por primera vez sin mirar al suelo. Y yo al final cerraba el grupo, aún abrazando un cuaderno que nadie más había notado: un viejo diario de cuando todo comenzó.

La calle estaba vacía, como si nos esperara. Ninguna dijo mucho, pero caminábamos cerca, con pasos sincronizados y sin hacer esfuerzo alguno.

Rosa: *en voz baja* Me gustaría que esto no se terminara nunca

Andrea le sonrió sin palabras, y sin pensarlo, yo le tomé de la mano. Casandra se unió al gesto, como si todas volviéramos a dibujar la silueta invisible de aquel lazo que habíamos perdido, y que ahora estaba entero otra vez.

Caminamos un rato más, sin rumbo definido, cruzando calles, esquinas y árboles que reconocían del pasado. Volvimos a casa, pero también volvimos a nosotras mismas. Como si cada paso reconstruyera algo que se había quedado esperando durante ese año.

Cuando nos acercamos a la esquina donde solíamos despedirnos en la secundaria, todas nos detuvimos por un momento.

Alicia: *con una sonrisa nostálgica* ¿Mismo lugar, misma hora?

Casandra: Pero esta vez sin dejar que el tiempo se nos escape.

Andrea: Ni que la distancia nos gane

Rosa: Y con un video que ahora sí vamos a terminar *guiña un ojo*

Nos abrazamos. No fue como en las películas. Fue torpe, algo desalineado, con nuestros atuendos chocando y risas bajitas... pero fue real. Fue suficiente. Luego, una por una, se despidieron. Andrea tomó una calle tranquila, Casandra se desvió por el camino del parque, Rosa y yo volvimos sobre nuestros pasos, ella con una sonrisa suave y yo con los ojos algo húmedos.

Mientras ellas se alejaban, volví a mirar mi cámara de video. La sostuve con fuerza contra el pecho, como si dentro ya no estuviera solo su historia, sino la de todas. Y en esa noche sencilla, sin más testigos que mi hermana y la brisa, supe que algo había vuelto a empezar.

(En casa de Alicia y Rosa)

El reloj marca las 2:14 a.m.

Estaba sentada en la orilla de mi cama, con la cámara apagada sobre mis rodillas. En la pantalla reflejada del cuarto, me veo a mí misma. No grabando. Solo estando. Abro mi diario de antes, ese que no tocaba desde hacía más de un año. Busco la última entrada. La fecha estaba incompleta. No quise terminarla.

“Hoy volvieron.”

Tomé una pluma. Dibujé el contorno de las caras de las chicas. No perfectas. Solo lo suficiente como para recordarlas sin video, aunque parecían más garabatos que otra cosa.

“No necesito pruebas. Esta vez solo quiero memoria viva.”

Cerré el diario. Apoyo la cámara al lado, no encima. Y me acuesto sin presionar nada.

Alicia: *susurrando* Gracias por venir.

(Narra Rosa)

Estaba sentada frente al espejo. En mi mano, un moño rojo. No el que guardé en la caja. Uno nuevo. Lo miraba como si lo viera por primera vez.

“Hoy me sentí como antes pero con menos miedo.”

Me recogí el cabello y me lo amarré, suave, sin ajustarlo mucho. No era para mostrar, ni para gustar, es para mí.

“Nunca supe si era parte del grupo o solo la que estaba cerca. Hoy entendí que sí fui parte.”

Miré mi reflejo. Y por primera vez en mucho tiempo, me reconocí completa: no como la hermana de Alicia, no como la que siempre sonreía, sino como Rosa.

Rosa: *con firmeza tranquila* Y esta vez no me pienso ir sin que lo sepan.

Apagué la luz. El moño se quedó puesto. Como un recordatorio de que ya no tengo que esconderlo.

(En el departamento de Andrea, ella narra)

El reloj marca las 3:08 a.m.

La ciudad duerme. Yo no. No hay música esta vez. Solo el sonido del refrigerador, muy lejano. Estaba sentada en el suelo, espalda contra la pared, frente a una caja de zapatos abierta. Dentro hay objetos dispersos: Una hoja doblada (un guion viejo escrito por Alicia). Un sticker con forma de moño (idéntico a los de Rosa). Un marcador seco que una vez usó Casandra para tachar una palabra que Andrea no se atrevía a borrar.

“Las quise tanto que me asusté.”

Tomé el papel, lo despliego. Es un fragmento del primer video que hicimos juntas. Recuerdo cómo se reían, cómo fingían no tener miedo. Y ella... ella siempre creyó que yo sería la primera en irse.

“Pero no me fui del todo, ¿verdad?”

Agarré mi celular. Abrí la foto del reencuentro. Vi esas caras tan reconocibles: Alicia con los ojos brillantes, Rosa doblada de la risa, Casandra seria pero con los labios apenas curvados y los dedos entrelazados. Y yo, con la cabeza en el hombro de Rosa. Nunca pensé que volvería a ser parte.

Andrea: *en voz baja, para sí* Si me quedo esta vez no va a ser a medias.

Apagué el celular. No dormía todavía. Pero mi cabeza ya no está atrapada en el pasado. Ahora piensa en lo que podría construir con ellas. Sin tener que huir.

(Casa de Casandra)

02:56 a.m.

Yo también estaba sentada en la cama, con la luz encendida. Tenía dos libretas frente a mí: la que usó siempre y una nueva, aún sin escribir. Abrí la nueva. No escribí nada aún. Solo pasé los dedos por la primera hoja, como si pensara en voz baja.

“No necesito controlar todo. No necesito saber si esto va a durar. Solo sé que no estoy sola.”

Pienso en Andrea. En Alicia. En Rosa. En cómo todas, sin planearlo, se sentaron juntas otra vez. Escribí solo una línea:

“Volver no fue un error. Fue un acto de fe.”

Cerré la libreta, pero no la guardé. La dejé sobre el buró. Lista para ser llenada. Y entonces, por fin, me permití dormir.

(Narra Alicia)

Y así, las cuatro, en distintas casas, con pensamientos distintos, respiramos un mismo aire tranquilo. No hay promesas. No hay garantías. Solo la sensación de que lo que comenzó ayer tiene un mañana.

(Pantalla en negro. Suena el clic de una cámara encendiéndose. Un leve zumbido. Una luz parpadea.)

(La voz en off de Alicia, más tranquila que antes)

Fue entonces cuando entendí que todo esto no era solo una etapa, ni un juego de adolescentes con una cámara vieja. Era algo que habíamos empezado sin saberlo. Una historia que merecía ser contada.

Me llamo Alicia. Todos me llaman Retroblogs o Retro, ustedes pueden llamarme como quieran. Y esta es la historia de cómo fuimos las mejores amigas de una forma más discreta. No porque nadie nos viera. Sino porque hubo partes de nosotras que solo nosotras conocimos.

Esta es la historia de cómo fuimos...

Anónimas



El Post del Momento

Abril, el mes de Half-Life 2

De seguro ya sabrán de lo que voy a hablar en este artículo al haber dado una probadita de mis opiniones en redes como Twitter o Tiktok. Fue...

Lo Más Visto