El Dossier

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sábado, 20 de diciembre de 2025

¿Quién es la máscara? - Temporada 7 | Reseñas

Con todo lo que se anunció en los días de septiembre y octubre, uno pudo pensar en si la nueva temporada tendría cosas nuevas que dar por los pocos anuncios que daban, y al final aplicaron que enseñar poco para terminar enseñando mucho en el programa. Por cosas como esta algunos si tienen más fe que otros con programas tales como la máscara.

Desde que fue anunciada la nueva temporada muchos hemos estado pensando en si sería una buena o una regular como lo han hecho las actuales, pero al final resultó ser una que cumplió con lo que prometía y logró dejar contentos a los espectadores. Digamos que tuvo un buen nivel de éxito, la comparación con las anteriores temporadas lo diré más adelante.

Es cierto que cometieron los mismos tropiezos de la anterior como presentar a los personajes con IA o dar poca publicidad, lo cual es decepcionante, pero al final de todo lograron mantener la misma esencia que han estado llevando desde sus inicios. Un pequeño punto a favor para todo eso.

Pese a todo lo que le dije, esta temporada ha sido una que ha logrado ser del agrado de muchos por las cosas que ha llegado a mostrar a medida que avanzaba, y los personajes también han sido del agrado de la gente por muchas cosas. Así es como se hace una temporada sin dejar de lado lo que fue en sus inicios.

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[Programa]


Antes de empezar con lo bueno hay que hacer mención del mayor punto malo que ha mostrado la temporada: la presencia de IA dentro del programa. Con haber visto la revelación de los personajes estaba claro que algo estaba mal, y eso ya se dejó ver con las tandas de pistas. Que horrible se sintió estar viendo esa parte, no le estaba prestando tanta atención a lo que decían los personajes por estar más concentrada con el disque trabajo que hizo una IA, decepciona bastante que se hayan tomado la molestia de hacer eso en esta temporada.

Ya entrando con lo bueno del programa, hay por donde hablar. Primero, se agradece que al fin tengamos un número musical luego tanto tiempo, lo mejor está en que el conductor y los investigadores fueran lo que se encargaron de eso. La participación de Ana Brenda como siguiente investigadora estuvo bien, incluyendo el dato de que ya estuvo en la temporada anterior como Ranastacia.

En cuanto a lo que se vio en la primera fase también hay elementos que se deben destacar. Lo primero está en la pista extra que no podía faltar, y aquí lo hacen de una manera diferente con mostrarlas en el backstage cada vez que un personaje termina de hacer presencia, lo cual le queda bien si tomamos en cuenta que lo hicieron a modo de sesión de adivinación con todo y cartas de tarot. Lastima que tuvieron que arruinarlo un poco con leves rastros de IA. También se debe recordar el cómo se han estado presentando los personajes, es decir cuando daban sus primeras apariciones antes de dar sus interpretaciones. Se hizo algo bueno con añadir ese detalle en esta primera etapa del programa.

Del segundo capítulo hay cosas que mencionar, pocas, pero hay unas cuantas. Entre ellas está en el buen orden que le dieron a los personajes para las dos rondas en donde el color rojo era lo más visible al juntar a los tres personajes. Y sí, las interacciones con Omar y los investigadores fue mejor que la vez pasada.

¿Podemos estar de acuerdo con que la eliminación de Sonaja, chupón y bebé fue una de las más dolorosas de la temporada? Los Ortega tenían que haber interpretado otro personaje por cuenta propia en lugar de un dúo (¿o trío?) y así haber tenido un lugar en la temporada, realmente me hubiera gustado verlos más adelante en el programa.

A pesar de lo que pasó, me siento agradecida de que hayan salvado a Hienyfer en ese instante, aunque hubiera deseado que se fuera el Maestro Bops. Creo que cometieron un error con haber puesto a los personajes de ese modo, de lo contrario no hubiéramos tenido una despedida tan dolorosa como esa.

De esta primera fase del programa puedo concluir que ha sido una de las más diversas de las temporadas más recientes por el orden que han dado con los personajes, o por lo menos han hecho buenos trabajos en los primeros capítulos para así poder salvar a los favoritos. Casi todo salió bien para la primera etapa, los errores son evidentes y unos los puede comprobar bien si ha visto las repeticiones. Fuera de eso, todo salió decente para una temporada que sigue manteniéndose firme a lo que sigue mostrando.
Para la segunda etapa recurrieron a elementos curiosos. Es la segunda vez que el programa pone la temática de día de muertos para el cuarto capítulo, la vez anterior ocurrió en la segunda temporada. Sabemos que esto fue porque ambos días cayeron en un domingo y quisieron aprovechar el momento, el resultado en esta ocasión salió bien al mezclar los dos días festivos que se celebran al final de un mes y al inicio del otro, haciendo una curiosa mezcla que pocas veces he llegado a ver.

Como detalle adicional, me gustó que hayan puesto un altar para honrar la memoria de los personajes que han participado antes en el programa, aunque creo que hubiera quedado mejor si hubieran puesto a personajes de otras temporadas en lugar de los que vimos en la sexta temporada y los eliminados de la primera fase.

En el quinto capítulo siguen con las noches tematizadas, y en esa fue una de película. Cabe mencionar que la pista extra iba acorde al tema de la noche; en la anterior fueron los miedos, esa fueron películas favoritas, canciones favoritas, cosas indispensables para una pijamada, todo eso. Todo eso hizo ver a ese capítulo como uno que entró bien para todo lo que representan las noches tematizadas, o sea algo de lujo y que sea entretenido. Siendo sincera, esa noche fue una de la mejores de todas las que se han visto en el programa en general.

Dos cosas que debo resaltar de ese capítulo. Uno, es la segunda vez que hacen publicidad a la película de Wicked, en este caso de la secuela. Dos, los personajes han interactuado de una mejor manera con los investigadores, incluso diría que un poco mejor que en las tres temporadas anteriores. Fue divertido ver que todas las botargas tuvieron una interacción tan interesante de ver en esta segunda etapa.

Siéndoles honesta, pensé que en la siguiente etapa veríamos a todos los personajes de una vez, pero terminaron mostrándolos de tres en tres, cosa que igual está bien para no hacer de este capítulo tan desordenado. La temática que eligieron también estuvo bueno al ser una noche dedicada al rock, género musical que a muchos de nosotros nos gusta. Me pareció chistoso que en esa noche, tres de los seis personajes cantaron canciones que no eran rock como tal, pero de que hicieron buenas interpretaciones lo hicieron.

La semana 7 ha sido una de las bonitas al ser de una temática tan interesante como lo es una pijamada. Toda la decoración fue quizás una de las mejores de todas las temporadas, y vaya que muchos de los personajes se vistieron para la ocasión. Debo admitir que en esa noche dejaron ver que las botargas y los investigadores se llevan cada vez mejor que antes, una buena forma de ver que ese punto del programa se hace cada vez más notable. Hubiera estado mejor si todos los personajes estuvieran presentes en la pijamada, aunque ya sabemos que eso no se pudo.

En la siguiente semana se tuvo como temática el spring break, o sea vacaciones. Se trata de un tema que ya esperaba un poco que tocaran en el programa, con un resultado favorable. Lo que no terminó de convencerme en esa noche fue la eliminación de Samurái, él merecía llegar a la semifinal junto a los demás. Lo demás estuvo bien, eligieron un buen puñado de canciones para cada personaje y el relleno fue un buen punto que terminó siendo entretenido. Lo que se ha llegado a ver en esa semana fue un gran añadido para la temporada, aunque hubiera estado mejor si lo hubiesen agregado a un capítulo anterior (como agregarlo a la semana 6 en lugar de la temática rock diría yo).
Hienyfer, mi vieja
La semifinal fue algo distinto a los anteriores (o mínimo eso fue lo que yo vi). Para esta semifinal eligieron el tema de los deportes, y estoy segura que se inspiraron un poco en las universidades gringas para los escenarios. De la misma manera que ocurrió con las anteriores semifinales, todos los personajes dieron lo mejor con tal de ganar su lugar en la final, y los pesos pesados lo consiguieron ya sea por esfuerzo o por otra cosa. De una vez les voy adelantando que dolió más la eliminación de Hienyfer que la de Nocturna al ser las dos mi viejas, pudieron haber elegido a alguien mejor que la Arigameplays. En fin, de manera resumida puedo decir que la semifinal de esta temporada tuvo sus cosas, tanto malas como buenas, pero el tema que eligieron fue más que acertado para ser el penúltimo capítulo.

Alch yo sí me quiero culear a Hienyfer con su pijamita, su traje de baño para el spring break y su traje de porrista.

Por tercera vez, la final tiene como tema la navidad. Y es que vamos, un final así es sinónimo de darnos un final tan bien hecho y tan divertido con las interacciones y las canciones, y así pasó de la mejor forma posible, al menos para las temporadas más recientes. Pero claro, hay diferencias que lo hacen destacar de los anteriores, Ahí tuvimos un número musical entre Carlos y Anahí que estuvo excelente para después pasar a lo importante que fue todo lo que vimos en la final. De ahí todos los personajes sacaron lo mejor para demostrar que fueron los mejores personajes de la temporada.

Y eso fue solo con la primera parte de la noche, con la segunda mitad hubo también cosas que identifican los finales que tuvo la máscara tales como la participación de artistas al lado de las dos últimas botargas en la interpretación final. Hubieron otras cosas más que llamaron mi atención a medida que avanzaba la final, pero esas las diré más adelante. Terminaré con decir que esta final navideña ha sido una de las mejores por todas las cosas que ha mostrado y que ha sido un punto a destacar de las otras dos, así tuvimos un final digno para todos los personajes que faltaban.

No cabe duda de que esta séptima temporada fue una de las más divertidas para ser la segunda mitad del programa. Supo cómo darnos buenos momentos en las interacciones y los números musicales que son la parte importante del programa, y de los cuales hablaré más adelante. Queda claro que el programa ha estado mejorando un poco luego de las decepcionantes temporadas 4 y 5, y eso se puede notar con las mejoras que han metido. Aquí lograron darnos algo tan bien hecho.

La interacción entre los personajes y los investigadores vuelve a estar a la par o incluso mejor que en las anteriores. Como uno de sus puntos fuertes es este, tiene que haber una buena interacción entre un personaje y los investigadores, y se ha logrado de muchas maneras, con varios personajes interactuando mejor que otros.
El botón de salvación vuelve a estar presente, cumpliendo con la misma función que tuvo en la temporada anterior. Pero, ¡pero! en esta temporada no lo usaron de la manera correcta. Tanto Juanpa como Ana Brenda cometieron el error de utilizarlo tan pronto para salvar a un personaje a último minuto, aunque el caso de Ana fue bastante justificado, nadie quería ver fuera a Samurái tan pronto en la temporada. Me parece injusto que hayan utilizado el botón para salvar a los mejores personajes al último minuto en la primera etapa del programa y al inicio de la segunda, tuvieron que pensar mejor que salvar a cierto personaje y después que el público votara.

Otros elementos tales como la participación de los investigadores invitados fue un punto bien dado para dar algo de variedad a los capítulos, aunque creo que la participación de Danielle Dithurbide en la semana 8 fue totalmente desaprovechado. Este pequeño recurso es algo que no puede faltar en una temporada, y en esta lo supieron usar igual de bien que en las anteriores.

Rubén, uno de los guardias que guía a los personajes, se ha vuelto en un personaje secundario que consiguió sus momentos al interactuar con los investigadores y las botargas. Se ha ganado una pequeña parte del cariño del público por sus participaciones aunque hayan sido cortas.

Se agradece que, en toda la temporada, la apuesta final haya dejado de tener un patrocinio.

Todos esos puntos dejan ver que esta temporada estuvo a la misma altura que la séptima temporada y llega a ser igual de divertida que las primeras tres. Logró dar lo necesario para ser lo mejor de la segunda mitad del programa como su antecesora.

Igualmente, esos puntos que mencioné y los que todavía faltan mencionar han sido mejorados a un nivel tan perfecto que está a la par de la anterior y las tres primeras como ya dije.

¿Alguien más sintió que esta temporada se fue más rápido que las anteriores?

[Personajes]


Hay puntos buenos en lo que se trata de mencionar las botargas. Tal como ha pasado con las anteriores temporadas, el trabajo que le han hecho a cada una es impresionante, y se hace notar que en las féminas resaltaba más la ternura y en los varones el buen humor.
Se tomaron la libertad de darles un diseño sublime a cada uno, cosa que anteriormente supieron hacer con pocos trajes. Siendo también otro punto fuerte del programa, eso está bien, ya que logran dar una buena imagen con lo que pasa en cada capítulo y sus interpretaciones, aunque eso se vea opacado por la presencia de IA.

No se si lo habrán notado, pero en la primera fase del programa cada vez que salía a debutar un personaje sonaba una canción que se podía escuchar si prestaban atención, como si fuera una especie de tema para el personaje. Esos temas también se pudieron escuchar en los capítulos siguientes. No se bien si ya lo habían hecho antes, pero oírlo en esta temporada fue como una novedad.

Personajes Favoritos

  • Nocturna
  • Hienyfer
  • María Ovina
  • Samurái
  • Carroñero
  • Tony Manguera (Tonidrante)
  • Shiba Moon
Otra cosa que también he notado es que las descripciones de los famosos que han manejado las botargas se han vuelto más cortas, mucho más resumidas que antes. Eso también es un punto malo ya que no se explica tanto lo que es el famoso mencionado, pero tampoco es que vaya a exigir una descripción de un minuto o dos, eso ya sería demasiado. Siento que pudieron haber hecho un mejor trabajo con ese punto al desenmascarar a un famoso.

En esta ocasión unos pocos pesos pesados, y dos medio buenos llegaron a la semifinal a reclamar su lugar, aunque como ya hemos visto, solo cuatro de ellos han sido los que pudieron ocupar los puestos más altos. Esto deja ver que las botargas de esta temporada supieron dar una excelente trayectoria.

No hay mucho que contar, los trajes están bien hechos como las otras veces y emanan las mismas vibras que dejaron los de temporadas anteriores. Eso ya es otro punto bueno por los mismos motivos que ya dije, eso ya es lo perfecto del programa, hay que reconocerlo.

[Interpretaciones]


De acuerdo, aquí hay unos puntos que se deben mencionar con las interpretaciones.

La primera es que las canciones que eligieron para determinados momentos a veces contrastaban no tan bien que digamos, lo cual es irónico si tomamos en cuenta los nombres y diseños de algunos por ejemplo Metaliebre. Esto se ha llegado a ver a lo largo de la temporada con los personajes, tienen una apariencia que te llega a dar una idea de lo que están por interpretar solo para dar una canción distinta, y eso me gusta.

Ah sí, para los que me han estado preguntando cuales fueron mis interpretaciones favoritas, aquí les voy a dejar tres ejemplos:
Y sí, admito que Hienyfer fue de las que tuvo mejores interpretaciones en la temporada, una de las razones por las que la amo.

¿Alguien más notó que, en la repetición de la semana 6, la interpretación de Nocturna fue recortada?

No se ustedes, pero que Samurái haya interpretado la de ‟Con todos menos conmigo” se me hizo un guiño a la primera temporada, que recordemos, fue interpretado por Panda en su única aparición en esa temporada. Me gustó ese detalle indirecto.

De lo que también puedo estar de acuerdo es que supieron mezclar las canciones nuevas con las que ya hemos oído antes con otros personajes, un balance bastante interesante de ver si uno lo piensa bien. Hasta diría yo que cada personaje estuvo hecho para interpretar una canción como lo fue el caso de María Ovina o Samurái. Un punto tan interesante que debe ser analizado con más frecuencia.

Vamos a ser realistas, los del programa supieron darles excelentes canciones a cada personaje, casi. Todos los personajes supieron dar lo mejor de sí con las canciones, y se ha podio ver que supieron hacer algo genial que merecen ser recordados. Hicieron otra cosa buena al final de todo.

[Especial Teletón]


Seguramente se acordarán de este especial Teletón, ya que cambiaron su fecha de diciembre al 11 de octubre, aunque lo más sorprendente fue que hayan confirmado un especial del programa un día antes de la nueva temporada. Muchos nos hemos estado preguntando cómo harían de este especial, y la respuesta fue más que obvia: traer botargas de temporadas pasadas.

Para este especial trajeron devuelta a Camaleón (primera temporada), Disco Ball (segunda temporada) y mi vieja Gitana (tercera temporada). Al principio estuve dudando si debieron traer a los pesos pesados de sus respectivas temporadas, pero creo que no fue para tanto pensar en eso, al final de todo fue bonito ver a esos personajes de regreso.
No les voy a mentir, me resultó tierno que hayan vuelto esos personajes al ser los más recordados por el fandom por todo lo que han hecho para llegar a los puestos más altos y el contenido que le han hecho. Son personajes que se han vuelto los favoritos de muchos por esas cosas, y haberlos vuelto a ver da esa sensación de volver a ver a un viejo amigos que habías visto hace años; ahí tienen mi caso con Gitana, que por ella escribí su fanfic.

Resulta divertido ver que en este especial haya ganado Camaleón si recordamos que fue él quien ganó la primera temporada. Además, también tuvo un número musical con Carlos Rivera, igual que en la final de la primera temporada. Eso deja ver que Camaleón es y seguirá siendo uno de los mejores personajes del programa en general.

Como resumen final puedo decir que este especial, más que uno satisfactorio por ver otra vez personajes de temporadas pasadas, fue que dejó ver hasta dónde ha podido llegar un programa tan interesante que al final se volvió en uno de los más queridos por la audiencia. No vamos a negar que lograron dar en el clavo con ver elementos de las tres primeras temporadas.

[Mi Aceptación]


Muy bien, en toda esta temporada hubieron cosas que terminaron gustándome por lo bien que los han manejado y por las similitudes que vi a medida que iba avanzando la final. Son varias las cosas que vi, así que lo mejor será ir por partes como ya deben estar adivinando.

Quizás lo más curioso que se ha podido ver en la temporada fue el debut de Masky, la mascota del programa. Ese peluche que han mostrado a lo largo de la temporada tanto fuera del programa como dentro de ella ha sido un punto curioso. Si bien su diseño recuerda demasiado a Bebeee, eso no quita que luce bonito y se ha vuelto en un buen añadido para el programa al estar presente en la redes sociales.

¡¡¡Por favor, que los del programa saquen peluches de todas las botargas que han aparecido!!!
En la final he notado algunas cosas que ya hemos visto en las otras. Lo primero que vi es un patrón que he notado en el duelo final, este consiste en que la primera interpretación es protagonizada por la botarga que eventualmente sería el ganador (ganadora en este caso) de la temporada. Es un patrón que he notado al haber visto otra vez las últimas interpretaciones de las temporadas anteriores, los cuales han mostrado todo esto:

  • Camaleón es el primero en cantar y gana
  • Disco Ball es la primera en cantar y gana
  • Huacal son las primeras en cantar y ganan
  • Puercoespunk es la primera en cantar y gana
  • Freddie Verdury es el primero en cantar y gana
  • Tropicoco es la primera en cantar y gana

Y como ya se estarán dando cuenta, la única excepción a este patrón fue con Apache en la tercera temporada ya que recordemos que el fue el último en dar su interpretación en ambas rondas y terminó siendo el ganador. Es un detalle que he notado últimamente con las finales de las temporadas más recientes.

Pero siguiendo con las cosas que vi, también hubo elementos que recordaron a las finales de otras temporadas. Una de ellas es que Carlos Rivera hizo dueto con la botarga ganadora en el duelo final, tal y como pasó en la primera y tercera temporada. En el caso de Anahí, fue la que remplazó a Yuri en el duelo final al estar al lado de Carroñero, pero podemos estar de acuerdo con que la canción elegida fue más que acertada.

Alch también le quiero lamer los abdominales a Anahí.

Así pues, hubieron cosas que recordaron a la final de la segunda, quinta y sexta temporada. Y es que vamos, elementos tales como ver a Tropicoco hacer un número musical distinto a los anteriores, la paleta de colores que mostraron en el duelo final, y que el tema sea la navidad son cosas que ya hemos visto y que ahí lograron hacerlo a su modo, dando como resultado una combinación excelente y que estuvo tan bien para ser el final de la temporada.

¿Saben? admito que Tropicoco era de los personajes que menos me agradaban y deseaba que se fuera en varios momentos de la temporada. Pero verla llegar a la final fue lo que me hizo cambiar de parecer porque vamos, de alguna manera lograron repetir esa magia que se vio en la segunda temporada con Disco Ball. Además, ya tuve suficiente con el hecho de que hayan utilizado IA, y eso es peor que ver al personaje que menos me gusta ganar la temporada (cosa que ya pasó en la cuarta temporada con Huacal y en la quinta con Puercoespunk).

Y ojo, no estoy diciendo que Tropicoco es una copia de Disco Ball, cada una tiene sus diferencias a pesar de que las botargas se parezcan un poco (son un traje chulo con una máscara), y ambas supieron dar lo mejor de sí para ocupar el primer lugar. En pocas palabras, Tropicoco no fue tanto de mi agrado, pero sí respeto que se haya ganado el primer lugar porque se lo merecía. Total, me cae mejor Paulina Goto que María León. Y el que diga que es una copia de Disco Ball está equivocado.
Ahora bien, creo que ya era evidente que los personajes llegarán al fanfic que estoy escribiendo y que retomaré cuando acabé la temporada navideña. Creo que es más que obvio que tanto Nocturna como Hienyfer serán la primeras en tener un papel relevante en la historia al ser las que más he valorado en toda la temporada. Y sí, estarán al lado de Gitana por el resto de la historia, aunque sí tendrán sus propios momentos.

Resulta más que interesante que me haya tomado el tiempo de crear todo un lore para Nocturna, Hienyfer y María Ovina con tal de agregarlas a la historia mientras el programa aún estaba en emisión. Supongo yo que fue por el enorme aprecio que le tuve a las tres, sobre todo la linda hiena manchada.

Por cierto, en esta historia, María Ovina y Bebeee (quien en la historia se va a llamar Rubén) serán familia, de una vez les avisó pa' que se acuerden.

El resto de los personajes pasarán por lo mismo que dije en la anterior reseña. Ellos no tendrán tantas participaciones al inicio, pero a medida que avance la trama su relevancia será cada vez más notoria. Pero eso sí, trataré de hacer cada participación decente para no saturar la historia de tantos personajes.

Siguiendo con las cosas buenas de la temporada, hay más de lo que puedo decir para concluir con que la séptima temporada fue una de las mejores.

Para eso voy a decir que se repite el punto de que los investigadores me cayeron bien como el año pasado y en los inicios del programa. Se siente bonito que la temporada se vuelva a sentir esa vibra que en la anterior y en las tres primeras.

Anteriormente había dicho que después de tanto tiempo una de mis féminas favoritas llegaba como finalista, pero aquí no es el caso. Ni Nocturna ni Hienyfer lograron salvarse en la semifinal para tener su lugar, aunque bueno, sabiendo quién estaba detrás de la murciélago, creo que la hiena merecía más ser finalista. Es triste saber eso.

De nuevo, ningún personaje me cayó mal a pesar de que dije que la ganadora no era de mis favoritas y deseaba que la eliminaran. Tal vez hayan sacado a unos antes de tiempo y otros permanecieron en el programa más de lo que debieron estar. Pese a esto, hicieron de todo para demostrar que han sido grandes personajes y que lograron dar lo mejor para tener su lugar en el programa, los mejores de su clase también.

Me parece curioso que en esta temporada Tropicoco haya sido el primer personaje en aparecer en el programa y se haya vuelto la ganadora. Ya era hora de que pasara eso con el primer personaje en una temporada.
Otra cosa que también se agradece es que hayan quitado el elemento de dos ganadores por región. Para los que no se acuerden, en la temporada anterior tuvimos dos ganadores, uno en México y otro en los Estados Unidos, y todo eso generó un debate sobre quién era el verdadero ganador. Pues bien, en esta temporada no he visto que hayan hecho lo mismo, y que bien, estamos de acuerdo que era totalmente innecesario poner dos ganadores, volvimos con una ganadora.

. . .

Hola, les habla Retro en plena navidad. Les informo que, en efecto, me equivoqué con este punto.

Una semana después de la final que sucedió aquí en México, se emitió en los Estados Unidos donde la audiencia también tuvo la oportunidad de elegir al ganador en sus tierras; y sí, nuevamente ganó Tropicoco. Pensé que habían quitado ese elemento, pero ya noté que aún lo mantuvieron, pero al menos se agradece que no haya dos ganadores diferentes.

Y para los que preguntan, no, que Cacahuate Enchilado haya ganado la sexta temporada en gringolandia no es valido para mí, él (o ella) sigue en segundo lugar.

En fin, este pequeño añadido lo dejo por el error que cometí. En la siguiente temporada tomaré en cuenta este detalle para no repetir el mismo error.

. . .

Que hayan elegido a Ana Brenda Contreras como siguiente investigadora fue un acierto como ya dije al inicio. Está a la misma altura que tuvo Martha Higareda y Consuelo Duval en las temporadas pasadas (¿alguien se acuerda de la participación de Mónica Huarte?), y eso me parece un buen resultado por el humor que ha manejado a lo largo de la temporada al interactuar con el resto de investigadores y los personajes.

Ya dije que Paulina Goto me cae mejor que María León, y con justa razón. Siendo ella Tropicoco, se hizo una buena elección al dar con esta actriz y cantante que muchos ya conocen desde que apareció por primera vez hace unos años. Supo cómo introducirse en su personaje y dar una buena trayectoria dentro del programa y así ocupar su lugar como la ganadora de la temporada, así fue como formó su camino del mismo modo que lo hicieron los otros ganadores.
Hubieron otras cosas que recordaron a las primeras temporadas, y esas se resumen en las participaciones de los investigadores y de los personajes (incluyendo Rubén). Esa carisma que hemos visto en los inicios vuelve a estar presente, y a mi parecer fue un buen añadido para hacer del programa más entretenido con el relleno que metieron antes y después de los números musicales.

Con todo esto se puede decir que la séptima temporada tuvo también una serie de guiños a las primeras por las cosas que mostraron como lo fue el caso de Samurái. Si lo que hicieron fue algo intencional o no, no quita el hecho de que supieron hacerlo tan bien para este año.

En conclusión, esta temporada ha sido una de las más grandes en la segunda mitad del programa. Mostró varias cosas nuevas y otras que ya hemos visto antes y que supieron colocar nuevamente para dar variedad a los capítulos. Supo hacer una temporada tan diferente de las demás de la manera más interesante que se les pudo ocurrir. El resultado fue más que satisfactorio al final del día para los ganadores y el formato del programa... o bueno, no del todo.

Ficha Técnica


Programa: 9.7
Personajes: 10
Interpretaciones: 9.1
Especial Teletón: 8.8
Aceptación: 9.7
Calificación Final: 🌟🌟🌟🌟

Veredicto


Esta temporada ha logrado darnos cosas nuevas que mejoraron a medida que avanzaba los capítulos, y cada personaje tuvo su respectiva carisma para ser el favorito de muchos, con los finalistas logrando lo que otros han podido hacer con un poco más de esfuerzo: ser unos verdaderos pesos pesados que merecían sus lugares. Las novedades fueron un gran acierto para hacer de la temporada mejor que la anterior y al final del día todo lo que se mostró hizo que tuviera un lugar como una gran temporada que será recordado por todos como una de las mejores.

Pero eso sí, el mayor error que pudieron cometer los estará persiguiendo por todo lo que nos falta del programa. Nadie pidió el uso de IA para representar a los personajes, dejando eso como una falta de respeto a esas personas que se encargaron de crearlos. Ojala y en la siguiente temporada dejen ese recurso para nuestro bien; pero admitámoslo, el uso de IA en la máscara será algo que estará ahí con los creadores del programa como algo más malo que bueno, y eso sin duda será una mancha difícil de borrar...

miércoles, 8 de octubre de 2025

Una melodía en el bosque | 🌸𝓤𝓷𝓪 𝓥𝓮𝔃 𝓮𝓷 𝓣𝓾 𝓥𝓲𝓭𝓪🌸 - Capítulo 1

En las profundidades de un bosque, todo parecía estar en completo silencio. No parecía escucharse ruido alguno en ninguna parte. Los arboles y el resto de la vegetación cubrían las alturas, tapando casi por completo la luz del sol que recién empezaba a salir.

De un momento a otro los ruidos comenzaron a escucharse. El movimiento de las plantas por el viento era lo que más se escuchaba, seguido por el canto de los pájaros que comenzaban a volar por todas partes, dando una reconocida melodía en la naturaleza. Con esos cantos se da el inicio de un nuevo día en el bosque, los animales estaban listos para hacer las cosas de siempre al no tener a alguien que los interrumpiera, no había algo fuera de lo normal en un lugar tan tranquilo como este.

Un pequeño grupo de pájaros volaba por los arboles, escuchando los cantos de otros mientras seguían su camino. Siguen volando y escuchando la melodía hasta aterrizar en un árbol que tiene un nido, habían volado tanto que necesitaban descansar. En ese mismo árbol, otros animales que se encontraban allí estaban despertando de su sueño y yendo de un lado a otro a hacer sus rutinas de animales. Construir nidos, ir por alimento, cuidar a sus crías, vigilar sus territorios, buscar una pareja. Tenían muchas cosas por hacer todos los animales del bosque. Bajo los arboles también había cosas por hacer. Los animales que estaban en tierra firme comenzaban a levantarse después de dormir tanto y partieron a hacer todo lo que los caracterizaba como animales, así es la naturaleza en este bosque y en cualquier otro lado.

Los animales se hallaban en completa tranquilidad escuchando el ruido del bosque, siendo algo completamente normal para ellos, todos esos ruidos los animaban a realizar todas las actividades que se encontraban haciendo. Algunos pájaros que se encontraban el los arboles seguían cantando, el ambiente era más relajante de lo normal en el bosque. Sin embargo, algo salió diferente, los pájaros dejaron de cantar al oír otro canto que más parecía una voz, alguien estaban allí con la naturaleza. Algunos animales se habían ido y los que quedaban intentaban saber de dónde provenía esa voz, una que se les hacía familiar y a la vez no. Volvieron a escucharlo, y esta vez se acercaron a un claro del bosque donde se podía oír mejor. Sabía exactamente de quién se trataba pero no sabían si acercase o alejarse; simplemente se quedaron ahí hasta saber quién hacía esos cantos.

De una madriguera sale una criatura grande con forma humanoide, tan humana que llamaría la atención de cualquiera. Esta criatura posee una apariencia animal tan peculiar, similar a un zorro; la cola, su hocico y sus orejas largas daban a entender eso. Su rostro era de lo más bello en cualquier criatura que se hallaba en el bosque, una que era capaz de emitir todo tipo de auras al verla en esos ojos verdes que parecían un par de esmeraldas. Parecía ser la belleza de la naturaleza dentro de un ser vivo. Lo más llamativo de la criatura era el color de su pelaje, una combinación de fucsia con blanco, no había alguien más en el bosque con estos colores.

La criatura, al igual que los animales, despertaba de un largo sueño vistiendo con telas viejas que cubren gran parte de su cuerpo. Los cantos que estaba haciendo los había dejado de cantar una vez que salió de su madriguera al mismo tiempo que los animales se alejaban tranquilos al verla salir, no les sorprendía verla en el bosque con ellos, al fin y al cabo era una más entre todos ellos. Unos cuantos se quedaron con curiosidad a ver a la criatura, quien se estaba arreglando el pelaje. Los más curiosos se acercaban a ella para ver su reacción, ella simplemente las miraba sin mucha atención, conocía a todos los animales del bosque y poco era lo que interactuaba con ellos en todo el día.

Al levantar su mirada al frente suyo nota que todos los animales se habían ido, y para ella eso significaba el comienzo de un largo día. Los pequeños animales habían vuelto para observarla otra vez, mirando curiosos cómo ella bostezaba y preparaba su cuerpo para este día. Comenzó a caminar rumbo a su siguiente destino, dejando atrás su madriguera y a los animales que la observaban, los cuales comenzaron a irse también.

En el camino no hacía otra cosa mas que pensar sobre que haría hoy y lo que hizo ayer, queriendo saber si aprenderá algo nuevo, tal como ha sucedido días anteriores. Con frecuencia volteaba la mirada para ver a los animales, que hacían lo suyo sin prestar atención a sus pasos y palabras. Sin embargo, ella podía entender un poco lo que ellos decían con sus ruidos, sabía que las cosas en el bosque estaban en total tranquilidad, y para ella se le hacía un poco aburrido tener que estar en el mismo lugar una y otra vez. Para eso ha tenido que recurrir a visitar otros lugares para no tener que aburrirse en todo el día, y sabía adonde ir hoy.

El bosque era su hogar, pero no siempre lo había sido. O tal vez sí. Los recuerdos no eran claros. Apenas recordaba cosas inusuales, que no sabía si eran propias de la naturaleza: las chispas de un pequeño fuego, una luz fuerte, una voz en otra lengua, el frío. Todo eso se deshacía cuando ella alzaba la vista y veía los árboles alzarse como centinelas.

Desayunaba con lo que encontraba: raíces suaves, un pequeño fruto entre hojas húmedas, o agua recogida entre piedras. Solo salía a cazar cuando era necesario, y no siempre llegaba a su madriguera con una presa. No cocinaba. No hablaba. No pensaba como los que vivían en casas.

Pero esa mañana, cuando fue a beber del arroyo, se detuvo. Una flor blanca flotaba sobre la corriente. No pertenecía a ese lado del bosque ni a otro que ella conocía. Lo sabía, porque nada flotaba desde allí. Las flores del otro lado eran raras, y nunca viajaban solas. La tomó con cuidado, y al olerla, algo dentro de ella se encendió: un recuerdo, un calor, una palabra que aún no sabía pronunciar. Se sentó. Observó la flor largo rato, como si esperara que hablara primero.

El día apenas comenzaba, pero ese pequeño cambio, una flor sobre el agua, ya había hecho que todo fuera distinto. Y sin saber por qué, la criatura miró hacia el norte, hacia donde el bosque se abría lentamente, como si el mundo la estuviera esperando.

La flor seguía en sus manos. No se marchitaba. Sus bordes, delgados como aliento, temblaban con la brisa como si respondieran al bosque entero. Esa criatura no sabía lo que era un mensaje, pero en ese momento comprendió que esa flor no era solo una flor que encontraría en el bosque.

Con el paso lento de quien se mueve sin rumbo fijo, la criatura empezó a caminar. Se movía por instinto, olfateando ramas, esquivando raíces que conocía de memoria, oyendo a los animales a lo lejos, sintiendo cómo el viento movía su pelaje con el mínimo contacto. Tenía un mapa en la sangre, grabado con mil pasos anteriores. Pero esa vez tomó un giro distinto.

No buscaba comida. No huía. Solo avanzaba sin un rumbo claro.

El sol subía con timidez, filtrándose entre los árboles altos, con unas cuantas ráfagas de luz viéndose en el camino. El bosque aún estaba húmedo por la neblina nocturna. Luego de haber recorrido por varios minutos, ella volvía a paso ligero entre la maleza, con las patas manchadas de tierra húmeda y el pelaje aún salpicado por hojas secas. La luz del medio día se filtraba entre las copas altas, iluminando su andar con reflejos que parecían seguirla. Su madriguera estaba hecho entre raíces torcidas, piedras pequeñas, musgo con olores peculiares y plumas de varios colores. No era un nido ni una cabaña, pero era lo suyo. Su olor lo cubría. Su calor seguía allí incluso cuando salía. Era hogar, aunque nunca había dicho esa palabra. Antes de entrar se detuvo un instante, siempre le gustaba escuchar el silencio del bosque antes, como si quisiera asegurarse de que su escondite seguía siendo solo suyo en todo el bosque.

Dentro, el aire era fresco, impregnado de tierra y un vago aroma a corteza. Empezó a mover las pocas cosas que había guardado en sus exploraciones: pequeños trozos de madera pulida por el río, plumas de tonos vivos, piedras que brillaban apenas con la humedad. Entre todas ellas, había colocado esa flor blanca. Estaba intacta, como si el tiempo no pudiera marchitarla. Aún desprendía ese peculiar aroma, y eso le daba una extraña calma que le erizaba el pelaje. La sostuvo entre sus patas, ladeando la cabeza, como si la flor fuera a darle una respuesta que aún no comprendía. Un instinto más profundo que la lógica le había hecho guardarla. Y ahora, al verla bajo la tenue luz que entraba por la entrada de la madriguera, sintió que aquella flor no era solo un adorno silvestre.

El bosque traía una calma total, más de lo normal, como si escuchara junto a ella. La criatura acarició suavemente los pétalos y, sin saberlo, aquella flor era una señal, un eco de lo que estaba por venir, y la primera pieza de un destino que ya la estaba buscando desde hace mucho.

Salió nuevamente de la madriguera, dejando la flor blanca en un rincón seguro, como si fuera un tesoro al que debía regresar más tarde. El aire del bosque tenía ese frescor que anuncia la llegada de la tarde, las primeras sombras se alargaban entre los troncos.

Comenzó a moverse con soltura entre el bosque, recogiendo lo que necesitaba: raíces comestibles, frutos silvestres que aún colgaban de arbustos escondidos, ramitas que crujían al quebrarse en sus patas. También arrancó manojos de hierba seca y musgo blando, sabiendo que le servirían para acolchar el suelo de su refugio contra el frío que se avecinaba.

No estaba sola. A cada paso, el bosque parecía observarla. Un par de ardillas la siguieron a la distancia, saltando de rama en rama, chasqueando con curiosidad al verla juntar nueces. Un petirrojo se posó cerca, inclinando la cabeza como si aprobara lo que hacía. Incluso un zorro joven, más pequeño que ella, se asomó entre los helechos y la olfateó desde lejos antes de correr con timidez.

Ella no hablaba con ellos, pero sus gestos eran respuesta suficiente: un leve movimiento de la cola, una mirada tranquila, un silencio compartido. Había aprendido que no todos los encuentros eran de peligro; algunos eran apenas roces, pequeños recordatorios de que el bosque no era suyo, sino de todos.

Con el tiempo, la carga entre sus brazos creció: piedras lisas que podrían servir para moler frutos, ramas fuertes para reforzar las entradas, hierbas aromáticas que había descubierto cerca de un arroyo. Cada cosa tenía un propósito, aunque todavía no supiera bien cuál.

Cuando el sol empezó a teñir de naranja las copas más altas, ya había llenado su pequeño viaje de hallazgos. Se detuvo a mirar cómo algunos animales la seguían aún con los ojos, y por un momento sintió que no estaba tan sola como creía. El bosque le respondía con compañía, aunque fuera breve y dispersa.

Cuando llegó el anochecer, ella había terminado de ordenar todas las cosas que había recolectado, pero cuando salió de la madriguera para dar un respiro, algo la hizo voltear a un árbol. Algo le decía que tenía que subirse y ver con sus propios ojos la llegada de la noche, dudaba en si hacerlo, pero luego de respirar profundamente se animó a hacerlo.

El aire nocturno se volvió más frío conforme alcanzaba la copa del pino. Sus garras se aferraban con precisión a la corteza, cada salto medido, cada apoyo firme; conocía ese ascenso de memoria, lo había repetido tantas veces que el árbol parecía reconocerla.

Cuando llegó a lo alto, se acomodó entre las ramas más resistentes y miró hacia arriba. El cielo se abría entero sobre ella, un manto en auténtica transformación. Primero, el último hilo de sol se apagó en el horizonte, pintando el bosque de un azul profundo. Luego, como pequeñas brasas, comenzaron a surgir los puntos de luz, una, dos, tres estrellas, hasta que el firmamento se llenó de destellos silenciosos.

Se había quedado quieta, sin pestañear, contando los segundos en los que la luz cambiaba de dueño, del sol a las estrellas. Aquella rutina le daba calma, como si por unos instantes pudiera sentirse parte de algo más grande que los límites de los árboles y el frío de la madriguera.

Pero esa noche, el silencio se coló de otra forma. Mientras observaba el cielo, una sensación de peso la acompañó, la certeza de su naturaleza y su soledad. Se preguntaba cuántos años había pasado así, entre ramas, musgos y raíces, viviendo como un animal salvaje y sin nadie a quien llamar suyo.

El viento movió las agujas del pino, y ella cerró los ojos un instante, escuchando. Una parte de ella quería creer que ese murmullo era una respuesta, un consuelo invisible. Otra parte dentro de su ser aceptaba la verdad: estaba sola, y esa soledad era a la vez su escudo y su carga.

El cielo entero la miraba, y ella, pequeña en la copa de un árbol, miraba de vuelta, preguntándose si alguna de esas estrellas era capaz de entenderla.

No consiguió una respuesta, solo podía oír los murmullos de los pinos que eran mecidos por el viento, pero no sabía si alguien o algo la había escuchado. Fue lo que pudo pensar mientras veía una vez más la noche. Descendió con cuidado, como si cada rama fuese un escalón que la regresaba lentamente a la tierra. Cuando finalmente sus patas descalzas tocaron el suelo cubierto de agujas secas, una corriente de aire la envolvió, fresca y cortante, como si el bosque hubiera querido recordar su presencia. Caminó de regreso a su madriguera, llevando consigo un silencio más pesado que antes.

Se recostó entre el musgo que había preparado horas atrás, intentando encontrar comodidad en la rutina de siempre. Pero esa noche no fue igual. Su cuerpo descansaba, sí, pero su espíritu parecía inquieto. No logró hundirse en ese sueño profundo y seguro que otras veces la había envuelto; en cambio, se encontró en un territorio extraño, frágil, como si estuviera entre la vigilia y lo desconocido.

Soñaba. No con paisajes ni con los animales del bosque, no con cosas que reconociera. El sueño era fragmentado, desordenado, cargado de un misterio que la inquietaba. Una sombra que se alejaba lentamente, más allá de su alcance. Un eco que apenas podía escuchar. Una voz, suave y distante, que parecía pronunciar un nombre... su nombre... antes de que ella siquiera tuviera uno.

Se removió entre el musgo, con las orejas temblando levemente, como si su cuerpo quisiera despertar y no pudiera. Afuera, el bosque permanecía quieto, pero en su interior algo se agitaba. Ese sueño, tan extraño como incomprensible, se aferraba a ella como una semilla recién plantada.

El amanecer llegó como siempre: el canto de los pájaros, el aire húmedo filtrándose por la entrada de su madriguera, la luz atravesando las hojas. Todo parecía igual... pero ella no lo sentía así. Se incorporó lentamente, acariciando con las manos el musgo que había usado como cama. No era el bosque lo que había cambiado. Tampoco su cuerpo, sus patas o su olfato. Era algo invisible, algo que le ardía dentro como un fuego silencioso.

Por primera vez desde que recordaba su existencia, tuvo un impulso que no nacía del hambre, ni del frío, ni de la necesidad de sobrevivir. Era otra cosa: quería entender.

Se quedó un buen rato sentada, inmóvil, mirando cómo los rayos del sol entraban en líneas doradas a través de la entrada de la madriguera. Nunca antes se había detenido a observar de esa manera, y de pronto le pareció importante. ¿Qué era lo que realmente había visto en su sueño? ¿Esa sombra que se alejaba? ¿Esa voz que la llamaba por un nombre que aún no tenía?

Sus manos apretaron sin darse cuenta la flor blanca que había guardado la tarde anterior. Esa flor... ¿por qué había sentido la necesidad de conservarla? ¿Qué era lo que había querido decirle el bosque cuando la puso en su camino?

Ella se levantó con un aire distinto, más ligera y más inquieta a la vez. Ya no se trataba de cazar, recolectar, trepar o dormir. No era solo sobrevivir. Algo dentro de ella pedía buscar más allá de la rutina, aunque no supiera cómo. El bosque seguía ahí, idéntico, pero ella ya no lo veía de la misma manera.

Se enderezó frente a la entrada de su madriguera y, como cada mañana, dejó salir de su pecho un aullido breve, ronco, quebrado en tonos agudos, tan parecido al de un zorro y tan diferente a lo que hizo el día anterior que los pájaros cercanos se agitaron en las ramas. Repitió el sonido, más largo, más sostenido, hasta que la vibración se deshizo en el aire frío del amanecer. Era costumbre, parte de su despertar salvaje, como si anunciara al bosque que ya estaba lista para moverse, para vivir otro día. No esperaba respuesta, pero hacerlo le daba una sensación de pertenencia: era la forma en que recordaba que todavía estaba ahí.

Después, alzó el rostro y comenzó a olfatear. Primero hacia la izquierda, luego hacia la derecha, cada inhalación profunda y contenida, como un ritual aprendido sin maestros. Sus manos, instintivamente, tocaban el suelo húmedo, y sus orejas se tensaban en busca de cualquier señal. El olor a tierra mojada. El aroma tenue de resina, fresco y punzante. El rastro de algún conejo que había pasado horas antes. Y más allá, algo difuso, desconocido, como una corriente de aire que no terminaba de tener nombre. El acto era lento, pausado, solemne. Como si fuera una oración sin lengua, como si al olfatear pudiera leer lo que el bosque quería contarle. Cada olor era un hilo invisible, y ella trataba de seguirlos todos a la vez.

Ese día, más que nunca, sintió que buscaba algo. Aunque aún no supiera qué.

El arroyo la recibía siempre con el mismo murmullo cristalino, como un hilo de voz que nunca se cansaba de repetir su canto. Se inclinó hacia el agua y bebió con lentitud, dejando que cada sorbo le enfriara la garganta. Después, hundió sus manos peludas en el cauce y se lavó la cara, frotándose los ojos como si quisiera borrar los restos de su sueño extraño. Algunas veces, como esa mañana, se metió un poco más, dejando que el agua helada recorriera su pelaje y su piel. No lo hacía todos los días, solo cuando lo sentía necesario, como si aquel baño renovara algo dentro de ella además de limpiarla por fuera. Al salir, sacudió su cuerpo con un movimiento rápido, salpicando gotas que brillaron bajo el sol naciente. Subió a una roca cercana, plana y bañada de luz, y allí se recostó. El calor solar le acariciaba el cuerpo húmedo, evaporando la humedad y devolviéndole la calma.

Fue entonces cuando los otros se acercaron. Una pareja de ciervos jóvenes bajó al agua con pasos cautelosos, y no tardaron en seguirlos un par de aves pequeñas que revoloteaban sobre la corriente. Incluso un tejón, torpe y decidido, cruzó hasta el otro lado, ignorándola.

Ella los observaba con un brillo en los ojos que no era el mismo de antes. Antes solo los veía como parte de un entorno que debía respetar para sobrevivir; ahora los miraba con preguntas. Ellos bebían, caminaban, existían... como ella. Y aunque sabía que era distinta, verlos así la hacía sentir parte de algo mayor, como si no estuviera tan sola.

Se quedó tendida, con el sol acariciándola y los pensamientos recorriéndole la cabeza. El bosque seguía dándole lo mismo de siempre, pero ella ya no lo recibía igual. Había una diferencia, un vacío que se llenaba poco a poco de preguntas.

Durante la tarde, ella deseó correr por todo el bosque. No para escapar ni para cazar. Corría por el placer de sentir sus patas tocar la tierra húmeda, por ese breve segundo en que parecía volar antes de caer otra vez. Sus zancadas eran firmes y seguras, sus ojos abiertos. En esos momentos, no era ni zorro ni animal ni criatura, era el bosque corriendo dentro de sí, la naturaleza tomando una imagen propia de lo que es.

Era la manera en que su cuerpo recordaba lo que su mente aún no comprendía: que no había nacido para quedarse inmóvil, que el movimiento era su primera oración. Las ramas altas se agitaban con ella, las hojas secas estallaban bajo sus pasos, y hasta el viento parecía seguir su ritmo.

En medio de la carrera, por un instante, sintió que algo o alguien la acompañaba. Una presencia fugaz, como otra sombra corriendo a su lado, invisible pero real. Giró la cabeza, pero solo encontró los troncos y la maleza vibrando con su paso. No era miedo lo que sentía, sino una inquietud nueva, como si la tierra le quisiera revelar un secreto que aún no sabía escuchar.

Y entonces, cuando se detuvo a recuperar el aire, sintió que ese deseo de entender volvía más fuerte. Ya no bastaba con correr, con beber, con dormir. El bosque, de alguna forma, le estaba pidiendo algo más. Se quedó quieta, con las orejas erguidas y el pecho aún agitado por la carrera. El claro en donde estaba ahora se encontraba abierto como una herida de luz en medio de los árboles, y a ella le gustaba llegar ahí porque el cielo parecía más cercano, más grande. Ese día, sin embargo, no solo lo contemplaba, lo interrogaba en silencio.

Se sentó sobre la hierba, acariciando el suelo húmedo con las manos como si buscara una respuesta allí, en la tierra misma. Por primera vez, sentía que no bastaba con existir. El instinto la había traído hasta ese punto, pero lo que la despertaba ahora era algo distinto: la certeza de que había una razón, aunque no supiera cuál. Apretó en su mano una ramita seca, la observó hasta que se quebró con un leve chasquido. Ese sonido, tan pequeño, resonó como una señal. Si hasta lo más débil tenía un final y un sentido, ¿qué significaba entonces su propia existencia?

El aire se movió y la hizo mirar otra vez hacia el cielo. No había voz ni sombra ahora, solo silencio. Pero en ese silencio algo se formaba dentro de ella: la decisión de buscar.

Aún no lo comprendía realmente, por dentro sentía la necesidad de hacerlo, aunque no supiera del todo lo que buscaba. Algo le decía que tuviera que buscar eso que la estaba siguiendo en todo el tiempo, y si lo encontraba significaría algo para su vida que terminaría por cambiarla. Con eso en mente fue que decidió empezar a buscar. El ruido de sus pasos acelerados era lo que más sonaba en todo el bosque. Corría sin tener un rumbo claro otra vez, y no sabía si empezar con su búsqueda o seguir con su vida. A menudo se detenía para soltar un aullido que se podía escuchar en todos lados. Tenía la esperanza de que alguien la escuchara y le respondiera sus llamados, pero nada ocurrió en sus intentos.

El bosque respondía solo con ecos. El crujir de las ramas, el batir de alas en lo alto, el movimiento inquieto de las hojas cuando el viento soplaba. Pero ninguna voz distinta a la suya regresaba. Se detuvo un momento, jadeando, con la garganta áspera de tanto aullar. Se quedó quieta, escuchando con toda la atención que tenía, con los ojos fijos en los espacios oscuros entre los troncos. Nada. Solo la soledad que ya conocía, pero ahora se sentía distinta, más pesada. Aun así, no desistió. Volvió a correr, más rápido, más lejos. Sus patas levantaban tierra y hojas secas, y su respiración era una mezcla de cansancio y obstinación. Aullaba hacia arriba, hacia los árboles, hacia los claros, hacia cualquier rincón que pudiera devolverle algo más que silencio.

Y aunque no obtuvo respuesta, cada aullido encendía algo dentro de ella: una convicción. Era como si la búsqueda misma la estuviera transformando, como si en ese acto de llamar sin recibir nada ya hubiera una promesa escondida.

Al final, cuando cayó de rodillas en la hierba húmeda, lo entendió apenas con un destello: lo que buscaba no era tanto una voz allá afuera, sino la certeza de que no estaba sola en su existir. Pero aún con eso, ella quería todavía saber más de lo que pasaba, y sabía dónde podría encontrar sus respuestas.

El anochecer se hacía presente en el bosque, los ruidos, el aire frío y las sombras de los árboles que se hacían más grandes eran una señal de que estaba llegando, con la oscuridad más fuerte que antes. Ella había regresado a su madriguera, había entrado para buscar algo en especifico entre todas las cosas que tenía. Estuvo buscando por unos segundos hasta que encontró esa flor blanca, la misma que había encontrado en el arroyo el otro día y que no sabía el por qué había llegado.

Se sentó frente a la flor blanca, colocándola con cuidado entre sus patas, como si fuera algo demasiado frágil para el bosque áspero en el que vivía. La observó en silencio, con la respiración entrecortada tras haber corrido tanto. Suave, casi con reverencia, pasó sus dedos por los pétalos. La flor no hablaba, no se movía, no ofrecía respuesta. Pero en su quietud, sentía que guardaba un secreto.

Cuando la impaciencia comenzó a crecer, levantó la flor, la sostuvo a la altura de su rostro y cerró los ojos, como si esperara que un soplo, un susurro o un recuerdo llegara. Nada. Solo el silencio espeso de la noche.

Con un suspiro bajo, sostuvo la flor con delicadeza en su boca y salió. Sus patas la guiaron de nuevo hasta el gran pino de la noche anterior, ese que ya era como un altar. Trepó con habilidad, sintiendo la corteza áspera contra sus manos y brazos, hasta llegar a lo más alto. Ahí, el viento la envolvió y el cielo se abrió sobre ella, profundo y lleno de estrellas.

Alzó la vista, inmóvil, como si cada luz pudiera ser la respuesta a las preguntas que la estaban desbordando. Esperó, contando otra vez los segundos entre el último rastro del día y el brillo más intenso en lo alto. Y aunque ninguna voz bajó, aunque las estrellas no cambiaron su lugar, sintió que mirar el cielo era distinto a la noche anterior: esta vez no era solo un ritual, era un llamado. Como si con esa simple acción estuviera acercándose un poco más a una verdad que aún no comprendía.

Permaneció sentada en la rama más alta, con el viento jugando entre su pelaje y la flor blanca temblando en su mano. No sabía por qué lo hacía, pero la levantó hacia el firmamento, como si aquella ofrenda improvisada pudiera ser entendida por el cielo.

El resplandor de las estrellas parecía responder con su propio lenguaje, con unas más brillantes que otras, algunas parpadeando como si fueran latidos lejanos. Ella las miraba con los ojos muy abiertos, incapaz de descifrar lo que significaban. El gesto de su rostro estaba dividido entre asombro y desconcierto.

La flor, blanca e inmóvil, parecía absorber parte de la luz estelar. Y aunque ninguna voz descendió ni ninguna respuesta clara llegó a ella, sintió un extraño lazo, que ese cielo nocturno, vasto y silencioso, era un amigo distante que quería decirle algo, pero aún no sabía cómo escucharlo.

El deseo de entender se apretaba en su ser como un peso dulce y doloroso. Con la flor aún en alto, susurró un ruido bajo, mezcla de aullido y murmullo, como si intentara inventar un idioma para hablar con la inmensidad.

El bosque se detuvo con ella. Con la flor blanca aún en su mano, abrió el pecho y dejó que sus aullidos se transformaran en algo distinto: no eran llamados de soledad ni gritos de alerta, eran un canto, rítmico, quebrado pero bello. Sus notas se deslizaban entre los árboles, se elevaban al cielo como si buscaran rozar las estrellas.

Los animales nocturnos, acostumbrados al silencio interrumpido solo por insectos y hojas movidas por el viento, se quedaron quietos. Un búho giró la cabeza para escuchar mejor, los ciervos alzaron las orejas, incluso los grillos callaron un instante. Nadie en ese bosque había escuchado nunca esa melodía que nacía de la garganta de esa criatura; no era completamente animal ni humana, era algo intermedio, un eco nuevo que el bosque aceptaba.

El aire mismo parecía vibrar con su canto. La brisa se movía suave, llevando la melodía lejos, mientras la flor en su mano resplandecía apenas bajo la luz estelar. No sabía lo que significaba eso que estaba haciendo, pero sentía que su voz era ahora parte del bosque y del cielo al mismo tiempo.

Cuando el último aullido se apagó en la altura, un silencio profundo cubrió el claro. Los animales retomaron lentamente sus actividades, aunque algo había cambiado: una nueva voz había nacido en el bosque, y todos habían sido testigos.

Volvió a su madriguera y se acurrucó en ella, con la flor blanca colocada cerca de su costado como si fuera un amuleto. Cerró los ojos y, aunque su cuerpo descansaba, su mente se hundió en un sueño inquietante.

La sombra estaba allí otra vez. No era un animal, ni árbol, ni figura que pudiera reconocer. Era una forma cambiante, difusa, que se alejaba con pasos lentos como si la estuviera guiando a alguna parte. A cada movimiento, el eco resonaba, como si sus propios aullidos volvieran deformados desde muy lejos. Y entonces, la voz. No era clara, pero tampoco era ruido. Era un susurro que parecía flotar entre su oído, repitiendo algo que aún no comprendía. Una palabra incompleta, rota, que sonaba como si fuera un nombre, el suyo, antes de tener uno.

El sueño la llenó de inquietud y esperanza al mismo tiempo. No sabía si debía seguir a la sombra, si debía responder al eco o simplemente escuchar. Pero en el fondo, sentía que lo que había visto no era un sueño cualquiera: era una señal, aunque todavía no pudiera entenderla.

La mañana siguiente fue diferente a todas las demás. El cielo no tenía palabras. Pero ese amanecer... ese amanecer habló.

La criatura despertó antes del primer canto de las aves o de otros animales. El bosque aún estaba oscuro, los caminos parecían estar despejados, y sin embargo, algo la levantó con fuerza. No fue hambre, no fue un sonido. Fue una certeza súbita, como si la tierra la hubiera empujado suavemente desde abajo: ‟Ya no puedes quedarte.” Subió por el mismo tronco de anoche, pero esta vez no lo hizo por juego, ni por costumbre. Y ahí estaba: no distinto, pero tampoco igual. El color era más profundo, más frío. Las nubes flotaban y se movían con lentitud, pero en una dirección clara, como si también ellas supieran a dónde iban. Y el viento ya no olía a tierra húmeda ni a musgo, olía a otras hojas. a otros árboles, a caminos.

Permaneció allí, aferrada al tronco, con la respiración contenida como si el bosque entero la estuviera escuchando. No era el mismo aire de siempre. No era la rutina de los días en que corría, cazaba lo necesario y volvía a su madriguera. Algo en ese cielo distinto y en ese viento viajero le decía que ya no bastaba con mirar, ni con esperar.

La criatura bajó lentamente y en silencio, sin apartar la vista de las nubes que se movían hacia un rumbo invisible. Su pecho latía más rápido, no de miedo, era otra cosa. Era como si ese eco de sus sueños hubiera despertado en su cuerpo y ahora le exigiera levantarse, salir, buscar.

Caminó unos pasos alrededor de su madriguera, observando sus ramas, las piedras que había juntado, la flor blanca que descansaba dentro. Todo parecía demasiado pequeño, demasiado callado para lo que estaba sintiendo. Por primera vez, el bosque, su hogar eterno, le quedaba chico.

Se sentó en el suelo húmedo, cerró los ojos y alzó la flor hacia el aire frío de la madrugada, dejando que el viento la tocara. No sabía por qué, pero sintió que ese gesto era una despedida, aunque todavía no se atrevía a marcharse. Le dolía un poco tener que despedirse de su hogar. Solo quedó una última huella sobre la tierra blanda.

Antes de irse, miró por encima del hombro, como si esperara ver algo que le dijera ‟espera”, pero no había nadie y no escuchó algo que la detuviera. Ella deseó hacer algo para despedirse del bosque, agradeciendo todo el tiempo que estuvo ahí viviendo con la naturaleza. De un momento a otro soltó unos aullidos, los mismos que había hecho esa noche, pero esta vez se notaba un pequeño dolor porque sabía que sería la última vez que el bosque que conocía la escucharía.

El aullido se alzó entre los árboles como una corriente viva. No era un grito salvaje ni un llamado de costumbre, era un canto suave, sostenido, que temblaba entre los troncos y descendía hasta el arroyo. Los búhos dejaron de batir sus alas, los ciervos se quedaron inmóviles con las orejas erguidas, incluso los insectos parecieron acompasarse al sonido. El bosque entero, por un instante, fue silencio expectante. Ella cerró los ojos mientras continuaba. Su voz animal se quebraba en notas largas, como si tratara de decir algo que todavía no sabía pronunciar. En cada aullido dejaba una parte de lo que había sido en ese bosque: sus carreras solitarias, sus madrugadas heladas, la compañía distante de los otros animales.

El viento llevó la melodía más allá de donde podía ver, y cuando terminó, se recostó sobre la tierra húmeda, sintiendo que el eco de su canto todavía vibraba entre las raíces. El bosque había escuchado su despedida, aunque aún no la hubiera dicho con palabras.

Permaneció quieta un momento más, dejando que la humedad de la tierra se impregnara en su pelaje y en sus manos. Esa verdad, silenciosa y contundente, se abrió paso en ella como lo hace la luz al amanecer: no volvería pronto... Tal vez nunca.

Porque el bosque siempre seguiría siendo bosque sin ella, creciendo, respirando, escuchando otros cantos. Y ella... ella ya no podía ser solo lo que había sido. Lo supo con la misma certeza con la que los pájaros saben cuándo volar hacia el sur, o con la que los ríos encuentran su cauce aunque lo pierdan por un instante.

La migración no era un castigo ni una huida. Era un cambio inevitable. No se trataba de frío ni de hambre. Se trataba de dejar atrás una piel, una voz, un silencio, para buscar otros.

Se levantó lentamente, con la flor blanca en una parte de su vieja ropa. No era un adorno, ni un alimento, era una promesa. Miró una última vez los árboles que tantas veces trepó, el arroyo donde bebía cada mañana, y el pino más alto que la había sostenido bajo cielos infinitos. Y aceptó: ya no podía seguir siendo lo que fue.

Comenzó a caminar hacia donde el viento le decía, sus pasos eran tranquilos, pero sus oídos estaban atentos. El bosque cambiaba con cada zancada: ramas más delgadas, sonidos nuevos, sombras distintas.

Cada paso la alejaba de lo que conocía y la acercaba a lo incierto. El viento era su única brújula, y lo seguía con la confianza de quien no necesita mapas. El suelo ya no olía al mismo musgo húmedo de su madriguera, sino a cortezas frescas y hojas jóvenes.

Los árboles eran más altos, pero sus ramas más delgadas; los sonidos del bosque se transformaban en notas nuevas: grillos distintos, aves que no había escuchado antes, el murmullo de corrientes que no reconocía. Cada sombra tenía un contorno distinto, como si el bosque mismo le hablara en otro idioma.

Sus orejas se mantenían atentas a cualquier crujido, sus ojos a los claros que aparecían como ventanas entre la espesura. No era miedo lo que sentía, era expectación: la certeza de que algo esperaba más adelante, y que esa marcha tranquila no era un extravío, sino un camino trazado para ella.

En su ropa, la flor blanca temblaba con el vaivén del viento, como si también ella supiera hacia dónde había que ir.

Ese fue el día en que la criatura partió del bosque, sin nombre, sin rumbo, pero con algo latiendo dentro que no la dejaría volver igual.

Se detuvo un instante. No era cansancio lo que la frenaba, sino la conciencia de la distancia. El bosque ya no era el mismo; las raíces que antes conocía habían quedado atrás, las piedras que marcaban su madriguera ya no estaban bajo sus pies. Miró alrededor y lo comprendió... había perdido la cuenta del tiempo, de las huellas, de los árboles que se repetían.

El camino no era camino, solo pasos que se volvían irreversibles. La criatura lo supo de golpe, aunque quisiera volver, no podría. No había un rastro, ni un regreso claro. El bosque no tiene fronteras, pero ella sí había cruzado una invisible.

Sostuvo la flor blanca con sus manos, como un objeto místico contra la incertidumbre. Su respiración era serena, no había llanto ni miedo, solo esa certeza nueva, estaba demasiado lejos, y ese ‟lejos” ya era su hogar.

El bosque que conocía parecía haberse quedado atrás, y lo que tenía frente a ella era un mundo completamente distinto.

Las copas bajas formaban un techo más cerrado, casi como un refugio que la obligaba a bajar la cabeza para caminar. Las ramas gruesas, arqueadas, parecían inclinarse hacia ella, como si quisieran susurrarle algo. El aire era más fresco, más húmedo, y cada respiración llenaba sus pulmones con un aroma nuevo, mezcla de hojas tiernas y tierra fértil.

El suelo, cubierto de un pasto suave y claro, era tan distinto que no pudo resistirse: se dejó caer sobre él, rodó un poco y restregó su cuerpo contra esa nueva piel de la tierra. Cerró los ojos y por un momento sintió que la abrazaba, que ese lugar reconocía su llegada y la recibía como a una hija perdida.

Los insectos zumbaban en un tono más suave, y los pájaros que volaban entre las ramas tenían cantos que jamás había escuchado. Todo parecía hablarle en un idioma que no entendía, pero que, de alguna manera, sentía propio.

Ese instante de juego y descubrimiento fue como un recordatorio de lo que había sido: una criatura salvaje. Pero también un presagio de lo que vendría: un mundo que la invitaba a quedarse, aunque aún no lo supiera. Sus aullidos de se extendieron por aquel nuevo bosque como un eco extraño, distinto al que solía escuchar en su hogar. Los árboles bajos devolvían el sonido con un murmullo más íntimo, como si el bosque la recibiera en silencio, reconociendo su voz por primera vez.

Pero de pronto, un crujido seco quebró esa calma. Fue rápido, casi fugaz, como un cuerpo atravesando las ramas o corriendo sobre la hierba blanda. Ella se tensó de inmediato: sus orejas se alzaron, su cola se erizó, y sus ojos recorrieron cada sombra en busca de lo que había interrumpido su canto.

El ruido se desvaneció tan veloz como había aparecido. Corrió hacia donde lo había escuchado, olfateó la tierra, buscó huellas en el pasto... nada. Ni rastro de lo que había pasado por ahí.

Por un instante, pensó que tal vez el bosque nuevo quería probarla, mostrarle que no era ella la única que lo habitaba. Respiró hondo, soltó un soplido por la nariz, y decidió no darle más vueltas. Aún con la alerta viva en sus sentidos, siguió avanzando entre la espesura.
Ese sentimiento la envolvía como una sombra pesada. Cada crujido bajo sus pasos se perdía en la espesura, y aunque agitaba las ramas o gruñía al aire para no sentirse sola, el silencio le respondía con más fuerza. La penumbra se cerraba a su alrededor, con árboles altos que parecían susurrar en un idioma que no entendía.

El aire se volvió más frío, húmedo, con un olor a tierra antigua y raíces profundas. Sus ojos apenas podían distinguir formas entre la negrura: siluetas torcidas de troncos, manchas de musgo que parecían brillar por instantes, como si fueran ojos.

Sentía la mirada encima, pero no podía señalar de dónde venía. El bosque la recibía, pero no con hospitalidad, sino con un examen cuidadoso, como si midiera cada uno de sus pasos.

Y aun así, la curiosidad fue más fuerte que el miedo, siguió caminando, hasta que lo oscuro no solo era el ambiente, sino el propio lugar donde estaba entrando, un rincón del bosque al que la luz casi nunca llegaba.



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