Mientras estaba en medio de su tranquilidad pasó por su mente los recuerdos de los últimos días en el que ella se había comportado de una forma diferente a lo habitual. Se comportaba de manera casi hostil frente a muchos y no deseaba que la molestaran por mínima que sea la cosa. Nadie se atrevía a hacer algo para que cambiara su forma de ser, o al menos no hasta ahora. Kokichi fue el primero (y probablemente el único) que se atrevió a corregir el comportamiento de Kaede, sea cual sea el modo. Al verla tan tranquila y despreocupada, rápidamente la agarró del brazo y la sacudió un poco antes de decir irónicamente.
Kokichi: Oh, tontita, sabía que te encontraría aquí, es tan típico de ti que no te importa nada cuando cometes un error... O bueno, eso has estado haciendo en los últimos días. Pero verás, esta vez no dejaré que te salgas con la tuya tan fácilmente. *Le da unas palmaditas en la cabeza* Acabo de hablar con tu hermana y nuestros otros amigos, y ambos sugirieron algo genial como castigo por tu reciente comportamiento. También me pidieron que les hiciera una videollamada mientras esto sucedía, para que no se perdieran de TANTO espectáculo. Así que, por cierto, nos están mirando ahora.
Comentó casi sádicamente, mientras colocaba una tableta sobre la mesa y el mango de la sombrilla de tal forma que diera a aquellas personas una visión panorámica del patio y sobre todo de lo que estaba a punto de ocurrir en ella, teniendo aún el brazo de Kaede en su enfurecido agarre, cuando con la otra mano tomó una gruesa manguera de goma que salía del otro lado del patio.
Kaede: *Intentando soltarse* ¿Qué es esto? ¡Suéltame! ¡Suéltame ahora mismo o te arrepentirás! No he hecho nada malo, lo sabes. Ese idiota se lo merecía por insultarme. Era solo un vaso de agua. Estará seco y será el típico sabelotodo que todos conocemos en unos minutos.
Gritaba con frustración y sin querer admitir su culpa, la tableta de Kokichi seguía transmitiendo todo lo que sucedía en la casa, ya que la situación se estaba poniendo realmente tensa en ese momento.
Kokichi: ¡Niña malcriado! ¡Ese sabelotodo es nuestro amigo! ¡El mayor de todos nosotros! ¡Y deberías tratarlo con respeto, diga lo que diga! ¡Lo ridiculizaste delante de nosotros y gente importante! ¡No puedes tratar así a nadie bajo nuestro techo! Deberías realmente aprender a cerrar esa bocota tuya, Kaede... De hecho, hablando de nuestra forma de hablar y de un par de sabelotodos, sé exactamente lo que necesitas para aprender a comportarte con nuestros amigos y las familias de otros. *Voltea a ver la tableta* ¡¿Están viendo esto?!?
Kaede volvió a gritar, dirigiendo la mirada hacia la tableta al final de la frase, y los chicos al otro lado de la línea estallaron en gritos de emoción y vítores mientras ella seguía quejándose y maldiciendo a su hermana para que la dejara ir.
Kaede: ¡Sonia, hermana! ¡Me estás haciendo daño! ¡No puedes tratarme así! ¡Soy tu maldita hermana! ¡Haré que todos se arrepientan de esto! Juro por Dios que... *Kokichi trata de meterle una manguera en la boca* ¡Hmmp! ¿Por qué haces esto? ¡quítamelo! ¡quítamelo!
Kaede siguió protestando antes de ser interrumpida enérgicamente por el empuje de Kokichi, levantando violentamente la falda de ella y empujando otra gruesa manguera justo entre sus nalgas. La cara de Kaede se encogió y gritó en protesta. Un fuerte sonido metálico resuena desde el otro lado del patio y unos sonidos chapoteantes comienzan a resonar por mientras las nalgas y los muslos de Kaede se inflaban instantáneamente hasta el tamaño de troncos de árboles.
Kaede: ¡¡¡Oye!!! ¿Qué me estás haciendo? Esto se siente... raro... ¿¡Me estás llenando con... agua!? ¡¡Por favor, para!! ¡¡¡Por favor, hermana!!!
Kaede seguía gritando angustiada, mientras litros y litros de agua fría comenzaban a entrar en su cuerpo a un ritmo rápido y furioso, hinchando todas las partes inferiores de su cuerpo y expandiéndola con líquido desde dentro como si fuera una ventosa de goma viviente. Mientras todo esto pasaba, Kokichi se metió a la casa y en unos segundos volvió con unas correas que no dudó en ponérselas a Kaede en los brazos y piernas. Todos sus amigos, en la pantalla de la tableta, seguían vitoreando al unísono ante la imagen, mientras la cámara del dispositivo seguía enfocando a la pobre pianista rubia hinchada, con las nalgas ahora del tamaño de pufs, esferas hinchadas y brillantes de sensualidad, que seguían estirando su falda, que ahora había cedido ante la enorme hinchazón de sus nalgas a su alrededor, dándole un trasero inmensamente hinchado y blando, mientras que su abdomen, pechos y la parte superior de los hombros y los brazos también se hincharon en cuestión de segundos, como si Kaede se hubiera tragado un globo meteorológico entero en ese momento. A medida que se hacía cada vez más grande, la fuga de agua era ahora bastante evidente, ya que brotaba como loca de sus pezones, su cara hinchada y todos los demás orificios posibles de la parte inferior de su cuerpo. Las correas hacían lo posible para sujetarla con el enorme peso que ahora estaba recibiendo.
Sonia: ¿Qué les parece la nueva figura de mi hermana, chicos? ¡Kaede se infla como el globo de agua que se supone que es, hasta que aprenda a comportarse como una señorita! Quizás unos pocos o cientos de galones van a ser más que suficientes. Es más, creo que llamaré al resto del grupo a casa para que todos podamos verla inflarse y expandirse juntos, ¿sería un lindo regalo, no creen?
Ella hablaba directamente a la cámara de su tableta, mientras los chicos al otro lado seguían animándola con entusiasmo, y el enorme y grueso globo que era ahora Kaede, ocupaba casi todo el ancho y alto del patio, desde el suelo hasta las copas de los árboles que decoraban el lugar. Ella se seguía inflando con agua, quejándose como la chica rubia grosera y arrogante que estaba recibiendo una dura lección de modales en casa.
Su piel aún brillaba tras la enorme cantidad de agua que la habían hecho tragar, y su pecho subía y bajaba con anticipación. Pero el único peso en el que ahora se estaba concentrado no eran su pecho, sino en lo que se había convertido de un momento a otro. Su vientre hinchado se había convertido en un globo firme y chapoteante que sobresalía de sus caderas y tiraba de su columna vertebral. Ella gemía cada vez que su vientre se movía lentamente hacia ambos lados, pesada, tensa y completamente inmensa. Gorgoteaba y se agitaba, con agua chapoteando dentro de ella, ruidosa y obscena. Ahora jadeaba, luchando por respirar profundamente bajo el enorme tamaño de su propio cuerpo y con la manguera aún en su boca.
Fue entonces cuando la puerta se abrió con un crujido. Al principio, no la oyó, hasta que una voz aguda, femenina y aturdida atravesó el patio. Kaede movió un poco la cabeza hacia abajo, con la respiración entrecortada. Su hermana, Sonia, estaba de pie en la puerta, con una toalla colgada al cuello. Sus ojos estaban fijos en el cuerpo enorme e hinchado de Kaede, absorbiendo cada centímetro de esa plenitud estirada y agitada.
Sonia: *Se acerca lentamente* Vaya que sí eres enorme
Kaede se sonrojó, pero no se escondió. O más bien, no podía. Sonia se acercó a su lado y extendió una mano para tocar la abultada protuberancia que tenía por panza. Sus dedos rozaron la piel y ella se estremeció visiblemente, mientras su mano se deslizaba más abajo.
Sonia: Dios, qué bien te ves así. *susurró* Tan llena. Tan apretada. No puedo creer que te hayan hecho esto... y yo diciendo que era lo mejor para que te comportaras. *Kaede gimió en voz baja* ¿Sabes? creo que estoy sintiéndome un poco mal por todo lo que te dije, y si bien te ves perfecta así de grande, creo que no debimos llegar a ese extremo por tu comportamiento, en verdad lo lamento
Los ojos de Sonia brillaron. Había encontrado la válvula al regresar a la puerta y no dudó en cerrarla. Le gustaba la idea de ver a su hermana cada vez más grande, pero con eso ya era más que suficiente con lo que haya aprendido sobre modales. Con algo de dificultad se subió en su hermana y le quitó la manguera de su boca.
Sonia: Déjame ayudarte. *Tira la manguera al suelo*
Kaede: No podía parar, no me dejó *gimió* Empecé poco a poco, pero ahora que estoy así de grande, no niego que me siento tan bien...
Sonia: Bueno, supongo que con eso ya has aprendido la lección, espero y no vuelvas a comportarte así la próxima vez, ¿de acuerdo?
Kaede: De acuerdo, no lo volveré hacer, tan solo espero volver a mi estado normal luego
Sonia: *Apretando una mejilla de su hermana* Realmente lograste llegar a un tamaño tan grande como este, prometí a mis amigos que iba a dejarlos ver qué tan grande podías llegar a ser, y ya tendrán lo necesario para hoy; y cuando acabemos veremos cómo regresarte a tu estado normal
Sonia rió entre dientes, con las manos apoyadas en esa cúpula cálida e hinchada que era la cara de su hermana.
Sonia: La próxima vez déjame empezar con el llenado
Kaede se estremeció al pensarlo y después de todo lo que acababa de pasar, sonrió.
Kaede: Esperaba que dijeras eso

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